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China

Yunnan: entre dos tierras

Jordi Canal

Yunnan es extraño.
Una mezcla entre lo chino y lo tibetano. Una tierra entre dos tierras, entre gentes de culturas y costumbres diferentes, de contrastes, diversas. Una mezcla entre lo moderno y lo tradicional.

Su desafío consiste en entrar a la modernidad sin perder su identidad. El Yunnan moderno, en desarrollo, potente, industrializado, no nos gusta. Lleno de móviles, tecnología y grandes infraestructuras pero con construcciones sin diseño ni sentido, casas mal acabadas, grandes fábricas, puentes y autopistas de peaje, automóviles, ciudades y pueblos en construcción y turismo.

Mucho turismo. Un Yunnan muy poco auténtico y lejos del Yunnan romántico, exótico, puro y étnico que esperamos. Sin embargo, el otro Yunnan también existe, escondido.

Hay que buscarlo, encontrarlo, pero está ahí, con sus más de 10 minorías étnicas, sus majestuosos paisajes de poderosos ríos e imponentes montañas nevadas, con su gente, sus mercados locales, sus templos y pagodas, lleno de espiritualidad, misticismo, con ancestrales tradiciones.

Y es sobre todo en Shangri-La, antiguamente llamada Zongdhian, donde esa esencia y autenticidad todavía se conservan, algo. Tibetanos, de fuertes sentimientos budistas, orgullosos de su tierra y su pasado, conviven con los Han, la mayoría china.

Hay turistas chinos, claro, pocos extranjeros, pero nada que ver con el resto del Yunnan, ya masificado. No hay ni cadenas de restaurantes ni casi cafeterías, ni grandes hoteles. Todavía es posible ver a un niño que se sorprende ante ti, encontrarte a una abuela indiferente a tu paso. Nadie pide dinero.

¿Es Shangri-La un paraíso, un horizonte perdido? Seguramente ya no, pero sigue siendo un lugar diferente, donde emocionarse, pensar, discurrir, meditar, donde aprender de su gente, con cultura y tradición. Su ciudad nueva carece de interés.

Su centro histórico, llamado Dukezong, de calles empedradas, casas antiguas y gente impasible al paso del tiempo, merece la pena. Algún mercado, gente local jugando en la calle, mujeres conversando –algunas enfundadas en su traje de tela tradicional– y tiendas de recuerdos, pero no muchas.

UN BILLETE AL TÍBET
Shangri-La es Songzanglin, un monasterio lamaísta tibetano que marca el ritmo de la gente de la ciudad, su espiritualidad, su orgullo. Arquitectónicamente bello, imponente, se alza majestuoso en una colina.

Más de 800 monjes viven en él manteniéndolo vivo, activo, siendo los guardianes de la tradición y la sabiduría. Si lo visitas te transportas al auténtico Tíbet. Ceremonias de alto sentido espiritual, cánticos tibetanos, gentes y monjes entrando y saliendo constantemente, aroma a leche de yak en su interior.

Pero Shangri- La es también su tierra, su cielo, sus tibetanos. Y su río, el Yangtsé. Tierras altas, desnudas y recias, habitadas por espíritus indómitos, impasibles, de inigualable belleza, que transmiten una tranquila sensación de limpieza y paz.

Pueblos diseminados a casi 4.000 metros de altura, con sus casas típicas de madera, fachadas pintadas de vivos colores, llenas de familias dedicadas al campo, a su ganado, a su comida.

Cualquier motivo es bueno para reunirse, invitar al resto del pueblo a su casa, a compartir una comida normalmente a base de carne, leche y queso de yak, su sustento principal. Un animal que les abriga con sus pieles y les da de comer con su carne y leche, además de ayudar en tareas del campo. Danzan, conversan, ríen, se relacionan. Son hospitalarios, amables, si te acercas te invitan sonrientes, no hay distinción.

Gente que resiste su identidad, de rostros morenos y mirada serena, vida difícil, algunos con sus trajes típicos; otros, los más jóvenes, ya modernos y hasta con móvil.

Una etnia hermosa firme en sus tradiciones, a su tierra llena de bosques, altas montañas, cercana al sagrado Himalaya. El Yangtsé, río de los ríos en Asia, rebelde, cauteloso y pausado, dibuja en Yunnan una sugerente figura, testimonio a su paso del bello paisaje, del rezo de un creyente, del silencio de sus aguas, jugando caprichoso con el azar hasta su destino.

Fuente: Suplemento Destinos de El Periódico

 

 

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