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Pasiones poderosas:
Juana "La Loca" y Felipe "El Hermoso"

Su amor marcó la historia de España.

PATRICIA L. GONZÁLEZ

Juana "La Loca"

Retrato de Juana "La Loca"

La historia no ha tratado precisamente bien a Juana, la hija de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos. Heredera de un imperio en el que jamás se ponía el Sol, bellísima e inteligente, Juana de Aragón y Castilla, segunda hija de los reyes católicos de España, pasó a la historia con el impiadoso apelativo de Juana "La Loca". Se lo ganó después de actos tan desmesurados como velar por espacio de 19 años el cadáver de su marido.

Felipe "El Hermoso"
Era hijo del emperador Maximiliano I y María de Borgoña. Su cuna le confirió la herencia de innumerables títulos nobiliarios: duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y Limburgo y conde de Tirol, Artois y Flandes. Ha pasado a la Historia con el sobrenombre de “El Hermoso”, aunque muchos críticos opinan que, a la vista de los retratos que del mismo se conservan, el apelativo quizá resulte un tanto exagerado. Era un hombre de cuerpo proporcionado y de agraciado rostro, aficionado a los deportes de su tiempo al ser ágil y poseer fortaleza.

Amor loco
Los Reyes Católicos tenían un objetivo muy concreto para Juana, y cuando ésta cumplió 16 años fue concertada su boda con el archiduque Felipe de Austria, conocido por el sobrenombre de El Hermoso. El enlace entraba dentro de la política exterior de los Reyes Católicos, que tenía como fin cercar al enemigo reino de Francia. Pero la boda que en principio fue concebida por conveniencia política, terminó siendo por pasión debido a la intensa atracción física que ambos jóvenes sintieron el día que se conocieron en Flandes. Tanto fue así que fueron “necesarias” dos bodas: la primera, más modesta, cuyo fin era permitir que los novios pudieran consumar cuanto antes su amor y dar así rienda suelta a esa irrefrenable pasión que les unía. Y una segunda boda, más tarde, digna de un matrimonio real.

Sin embargo, el matrimonio no cambió la actitud conquistadora de Felipe (no por nada llamado “El Hermoso”), ya que éste siguió dedicándose a lo que mejor sabía hacer: cortejar a toda mujer bella y noble que se cruzara en su camino. Ante tal situación pronto aparecieron los celos de Juana y los enfrentamientos entre los esposos. Por si esto fuera poco, Felipe no se sentía cómodo con su vida en España, ya que anhelaba los placeres y lujos de los que gozaría de continuar viviendo en Flandes, por ello maltrataba a su esposa.

A pesar de la difícil situación que marcó la relación de esta pareja, el matrimonio tuvo seis hijos. Cuenta la tradición que los celos de Juana llegaban hasta tal punto que el parto de su segundo hijo, Carlos, tuvo lugar en el retrete de un baño del palacio de Gante, donde la esposa de Felipe había acudido a una fiesta para vigilar de cerca de su marido.

Tras el parto de su cuarto hijo, Fernando, Felipe decide marcharse a Flandes alegando el desgobierno de sus estados, dejando a Juana en Castilla, sumida en la más profunda desesperación. Según avanzaban los días, el dolor de Juana se iba haciendo realmente insoportable, por lo que decide marchar a Flandes en busca de su esposo, desoyendo los consejos de sus padres, los Reyes Católicos. A su llegada al encuentro de Felipe, Juana descubre, desolada, que su marido pasa el tiempo haciendo vida de soltero, y que incluso tenía allí una novia muy bella y que gozada de una gran aceptación social. Ante este nuevo golpe, Juana decide castigar severamente a la amante de su marido, exigiendo que se la cortara el pelo hasta la raíz. Es entonces cuando comienzan a alzarse las primeras voces que acusaban la enfermedad mental de Juana, pero su gran tragedia no habría más que comenzar.

Retrato de Felipe, "El Hermoso".

Tras el fallecimiento de Isabel en 1504, Juana es nombrada reina propietaria de Castilla y León, lo que obliga al matrimonio a realizar multitud de viajes por toda España. En cada viaje, Juana veía como los celos la destrozaban, sufría tremendas depresiones y la respuesta de su marido volvía a ser una y otra vez el engaño.

En la primavera de 1506 se produjo un fuerte enfrentamiento entre Fernando El Católico y Felipe, siendo una de las causas la locura de Juana que su marido promulgaba para hacerse con la regencia. Es entonces cuando comienzan los problemas más serios para Juana. Felipe, su esposo, intenta demostrar a toda costa, que su mujer no está en capacidad mental como para poder gobernar, con el fin de adquirir él mismo el poder. Se entabla entonces una dura lucha por la sucesión, en la que Juana unas veces flaquea por amor y otra se opone con viveza a la ambición de su marido, no sabiendo por quién decantarse realmente: por su padre o por su pareja. Finalmente la solución a su conflicto vendría dada de la forma más inesperada.

Felipe decide retirarse a Burgos para jugar a pelota en compañía de Don Juan de Castilla y otros amigos. Tras el agitado partido, exhausto, Felipe bebió un vaso de agua helada lo que le provocó una muerte inesperada. Mucho se especuló sobre las causas de su fallecimiento, incluso se mantuvo la teoría de que podría haber sido envenado, pero nunca se pudo demostrar. Juana estaba entonces embarazada de nuevo y se negaba a enterrar a su marido. Es ahora cuando comienza la verdadera locura de Juana “La loca”.

Cuando el cuerpo de Felipe “El Hermoso” llegó a la Capilla Real de Granada, Juana no dejó de acudir a visitar a su marido ni un solo día. Después de almorzar en el monasterio pedía a los monjes que abrieran la tumba de su marido para poder acariciarle. Se sabe, además, que Juana pedía que sus sirvientes trajeras arañas y las soltaran en la cripta, para que la tela que éstas producían le permitiera saber si alguien había osado recorrer el lugar en su ausencia. E incluso prohibía que limpiara se la cripta para descubrir las huellas sobre la tierra… El 20 de diciembre la tumba de Felipe se retiró del monasterio y comenzó el lúgubre vagar de Juana por los campos y ciudades de España abrazada al ataúd de su marido, hospedándose en lugares donde ninguna otra mujer pudiera acceder.

Incapaz de superar el duro golpe, el amor de Juana la llevó a la más extrema locura. Juana “La Loca” en lugar de recibir algún tipo de atención especializada, su padre decide internarla en Tordesillas, donde permaneció hasta el fin de sus días vestida siempre de negro, donde se la oía llorar desconsoladamente llamando a su esposo o incluso dialogaba con él como si estuviera presente.

El 12 de abril de 1955 Juana muere, tras 46 años de reclusión. Quizá Juana tuviera una leve enfermedad mental, pero el amor fatal que sentía por su marido, Felipe “El Hermoso”, acabó con ella.



Representación del peregrinaje por España de Juana, junto al féretro de su marido.



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