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Disidencias

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Juan Manuel Cardoso Juan Manuel Cardoso
10/10/2017

 

Toda la filosofía pesimista de los dos últimos siglos podría concentrarse en el callejón sin salida donde nos sitúa Baudrillard: el simulacro y la hiperrealidad. Ese mundo feliz que hemos intentado construir a base de un hedonismo inconsciente, un nihilismo que nos causaba gracia y largos fines de semana para desconectar. El simulacro, sin embargo, nos recuerda que vivimos en una especie de Matrix consentido, un mundo real más allá de nuestro control y que pretendemos ignorar para no caer en la desconexión. Todo nos preocupa hasta que deja de preocuparnos o, visto desde otra perspectiva, nada nos preocupa hasta que nos preocupa y, entonces, ya es demasiado tarde. Ante la posibilidad cierta de que esto nos atormente, preferimos la cultura del simulacro y el consumo, el mirar para otro lado, disfrutar con el ocaso, decretar la muerte de los dioses, vivir sobre las ruinas de una nostalgia que nunca acabamos de superar, dar vueltas y más vueltas intentado huir de un destino que siempre termina por alcanzarnos y no darnos cuenta de que somos una especie en extinción, por muchas vidas que intentemos representar. Blade Runner 2049 y la última novela de Paul Auster, 4321, coinciden en una idea esencial: que la identidad es una casualidad. K es un cazador cazado, un replicante humanizado, cuya identidad zozobra por un posapocalipsis en manos de depredadores y los Archie Ferguson pudieron ser Rockefeller siendo Reznikoff, es decir, puedes preguntarte un millón de veces qué habría pasado si las cosas hubieran sucedido de otra manera pero, por mil vidas que vivieras, mil trenes perderías. La fuerza del destino es implacable y no podemos escapar de él ni siquiera aparentando que lo controlamos cuando se nos escurre de las manos. Instalados en la melancolía de lo no vivido, de los injertos morales y de los romances pixelados, intentamos explicar la decadencia inventando cada día vidas y personajes con los que procuramos construir una nueva realidad que nace fracasada pero, por si acaso, soñamos con ovejas eléctricas, nos desdoblamos las veces que sean, inventamos historias de nuestros zapatos cuando no los usamos y esperamos que algún día podamos presenciar un milagro. Auster nos presenta la confusión y los replicantes nos sitúan en el escaparate de nuestra propia degradación.

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