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Cruzando fronteras

La colina de Azúcar

 

Cuando entras en Sugar Hill, por Harlem River Drive, te encuentras con un edificio curioso. Un cubo de hormigón que alberga un sueño que se dibujó entre sueños. Con su olor en la ropa se marchaba, agotada, la mujer que ideó este proyecto, y con él en la boca, deglutido, volvía horas después, dispuesta a batallar contra la burocracia, los bancos, para darle forma. En territorio comanche, en el barrio donde la desigualdad, la pobreza, la falta de seguridad, campaban a sus anchas, Ellen empuñó el único arma posible para defenderse: Creó Broadway Housing Communities y demostró que tener escuelas de preescolar donde se educa a los niños mientras sus padres buscan empleo o trabajan, viviendas estables, bonitas, para personas sin hogar, acceso al arte, no creado solo para los ricos, era la receta para vertebrar una comunidad en lo que antes era un páramo social.

El edificio no parece frío por dentro: Es una escuela en un museo y hogares en un museo. Cuelgan obras hermosas, grandes, iluminadas de forma que se vean desde la calle cuando las pandillas de chicos la recorran, de noche. Bajo ellas, los niños corren, se rebozan en color, esculpen, fotografían, hacen sombras chinescas, dejan mensajes en el muro de los deseos, donde depositan estrellas, símbolos de la paz, dibujos del último modelo de teléfono que esperan poder algún día comprar y hay uno que pide control. Al fondo, un artista crece, explora. Tras exponer en el barrio donde nació, sale al mundo, ahora que ha vendido un cuadro al entorno del Presidente Obama. Un móvil de casitas balanceantes sobre las cabezas de los pequeños sirve de inspiración para que ellos pinten, hagan collages, construyendo ese hogar perfecto, caliente, que proteja y cobije su candidez. Como también lo hacen para sus familias las viviendas que en las plantas superiores les esperan a la salida de clase, una vez acaben de ensayar para ser otra generación de artistas, que después expondrán aquí, que después también volarán, convirtiendo la vida en esta «Colina de azúcar», en una cadena de oportunidades, en un semillero de fortuna y esperanza.