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La atalaya

Desorientaciones (I)

Fernando Valdés Fernando Valdés
15/05/2017

 

Interesante en lo que se refiere al estudio de las mezquitas medievales es la cuestión de su orientación. Estos años los especialistas la han abordado con frecuencia y cierta confusión. Porque es un tópico en la arqueología de al-Andalus que la mezquita de Córdoba está mal orientada y no mira exactamente a La Meca como, se dice, es norma en todos los oratorios islámicos. Y, habida cuenta de que la aljama de la antigua capital de los omeyas de Occidente marcaba una norma simbólica para la de todas las ciudades islámicas de la Península Ibérica, también para Batalyaws, resultaría que igualmente sus mezquitas mayores estarían mal orientadas. Eso no es baladí y requiere de cierta reflexión y argumentación técnica. Porque Batalyaws tuvo dos mezquitas identificadas mediante análisis arqueológicos: la primera, la privada del fundador de la ciudad, Abd al-Rahman b. Marwan, en la Alcazaba; la segunda, la aljama, actual iglesia de San Agustín a mi entender. Para abordar el problema hay que enfrentarse al general de las mezquitas andalusíes, a partir del ya mencionado de la mayor de Córdoba.

Según creencia muy generalizada la primera fase de ese capital monumento, la edificada por el emir Abd al-Rahman I (786), tuvo como arquitecto –por entonces los arquitectos no eran los principales protagonistas de las obras- a un sirio. Este personaje no habría advertido que, al moverse hacia este extremo del Mediterráneo, la dirección del eje principal del oratorio ya no podía ser sur (180o), como en Siria, sino sudeste (135o) y orientó mal la que habría de ser segunda mezquita cordobesa –la primera se instaló en la propia basílica de San Vicente, compartida a la fuerza con la comunidad cristiana-. Es una explicación simplista, un punto infantil, que no considera, pese a estar muy generalizada, otros factores. Uno de ellos, no menos importante, es el de la ubicación y forma de la propia parcela sobre la que se levantó el edificio. Sin poder rebasar los límites del solar, es obvio que no podía orientarse de otro modo que el empleado, al menos al exterior. Esa parece haber sido una de las causas principales de que la mezquita fuera más profunda que ancha. Al contrario que Damasco.