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MARIA JESUS Almeida 05/12/2012

TGtripes, constipados, bronquitis. Eran los males que nos aquejaban. Estábamos enfermos y queríamos que nos viera nuestro médico. No teníamos cita, pero sabíamos que, cuando saliera el último paciente del cupo de ese día, seríamos atendidos. Fuera la hora que fuera la doctora nos haría pasar a la consulta. A pesar de eso, a quizá por eso, me sentí en la obligación de justificar mi presencia no programada, de disculparme por hacerla trabajar fuera de su horario. Me acerqué a ella cuando salió a despedir a un paciente. Le expliqué que no tenía cita, pero que me encontraba mal. "Lo que queráis", dijo dirigiéndose a cuantos tosíamos y moqueábamos en la zona de espera. Me sentí agradecida y pensé en todos los médicos que cada día prolongan su jornada para no dejar a nadie sin atender, y ello a pesar de los sobrecargados cupos a los que se añaden pacientes de los compañeros que están de baja porque, hasta los 15 días, no se ponen sustitutos. El tiempo libre de la tarde lo dedican al estudio y al reciclaje.

Quería corresponder dejando, en este espacio, constancia de la entrega de estos profesionales y, curiosamente, ha coincidido con la noticia de la detención del hombre que, mientras nos exhortaba a trabajar más y cobrar menos, sacaba (presuntamente) dinero de España. Mucho me temo que tan excelso personaje no tiene conocimiento directo del quehacer de estos profesionales de la medicina pública. Ellos trabajan más y cobran menos, y no son los únicos; son un maravilloso ejemplo de los millones de personas que también están dando más por menos.

No necesitamos que ningún presunto delincuente de guante blanco nos dé lecciones de nada. No necesitamos demagogos de grandes empresas y altas finanzas. Necesitamos honestidad y menos palabrería. Más trabajo duro en altas esferas y menos especulación. El refranero es sabio: menos predicar y más dar trigo. Eso es lo que hizo la doctora el día en que, sin cita, acudí al centro de salud. No se quejó, dio trigo. "Lo que queráis" nos dijo.

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