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Despliegue de artillería pesada

Las cinco murgas que inauguraron el lunes las semifinales del concurso deleitaron al público gracias al gran nivel demostrado en sus actuaciones, con la actitud de sus integrantes y con la presentación de unos repertorios que fueron bastante renovados

 

La primera sesión de las semifinales del COMBA presentó un nivel tan alto que, ante los típicos cuestionamientos acerca de las previsiones de grupos finalistas, nadie medianamente ecuánime sabía responder. Y es que después de ver y escuchar a los cinco primeras semifinalistas a uno le embargaban unas sensaciones parecidas a aquellas que se despertaban cuando, de pequeños, escuchábamos esa pregunta de «¿A quién quieres más, a mamá o a papá?». El nivel de las actuaciones, los cambios de repertorio y la actitud con que las murgas se subieron a las tablas,cautivaron a un público que se frota las manos ante lo que aún le queda por ver y por disfrutar.

Ahora bien, quienes sin duda lo pasarán realmente mal en los próximos días, serán los miembros del jurado. Porque si ya es complicado decidir qué murga gusta más en base a criterios puramente subjetivos, imagínense lo arduo de una tarea en la que hay que poner una nota numérica a distintos apartados y aspectos de unos proyectos murgueros tan dispares estilísticamente y de tanta calidad artística.

Los Mirinda / Los Mirinda volvieron a sacar a la palestra a Rufino, ese cincuentón que logró conquistar al público desde su primera aparición en el teatro. Saltaron a las tablas rebosantes de fuerza y energía. Y eso se notó tanto en la interpretación vocal como en la dramatización. Porque sonaron fantásticamente, afinados y con una potencia fuera de lo común. Pero es que además contagiaron hasta las ganas de mover el esqueleto, con su ritmo, su musicalidad y con esas divertidísimas coreografías con que adornaron algunas partes de su repertorio. En el plano de los contenidos fueron muy reivindicativos y críticos en el primero de los pasodobles. Y tremendamente emotivos en el segundo, en el que homenajearon a la cantera murguera.

En los cuplés bromearon con la medicación de su mamá y con la operación ocular de Leticia Sabater. Y aprovecharon hasta los pasacalles para introducir chascarrillos a propósito de la camiseta carnavalera del CD Badajoz, de la elección del pregonero Carlos Latre y también sobre la entidad de las escenografías de Marwan y Dakipakasa.

Los Espantaperros/ Don Pepito y don José volvieron a las tablas del teatro López de Ayala para hacer las delicias de un público que disfruta viendo y escuchando esas divertidas discusiones que ambos personajes mantienen a propósito de lo divino y de lo humano. Para quien aún no los conozca, podríamos decir que don Pepito y don José son un poco como el dúo Pimpinela, que discutían y peleaban, pero que no podían vivir el uno sin el otro. En la parte más novedosa de su repertorio destacaron un pasodoble con continuas referencias a la cultura, historia y gastronomía de nuestra tierra, en el que don Pepito y don José competían para ver quién de los dos era mejor extremeño. El segundo pasodoble lo dedicaron a reivindicar la necesidad de que los organismos públicos inviertan en educación. En uno de sus cuplés, llegaron hasta a ponerse de acuerdo en su aprecio por Froilán, el hijo de la Infanta Elena y Jaime Marichalar, aunque por diferentes razones. Y el otro versó sobre el concurso de murgas y los veredictos del jurado.

Marwan/ Si Marwan pisó fuerte en preliminares, en semifinales casi se salió del escenario del teatro. Fue tal la intensidad de su actuación que, quizá movidos por la emoción y pasión del momento, rebasaron esos límites físicos en que se sitúan la mayoría de las murgas, para apostarse, en repetidas ocasiones, al borde del escenario, donde la concha acústica no ejerce tan claramente su función. Aunque lo cierto es que les sobró hasta la famosa concha, porque llegaron sobrados de potencia. Deleitaron, una vez más, con unos juegos de voces, unas armonías y unos coros preciosos. Y en cuanto al repertorio, sorprendieron dedicando sus dos pasodobles al Carnaval, para defender su estilo artístico y para reivindicar cambios en el sistema del concurso. En sus cuplés fijaron la mirada en la España pícara, así como en los cambios organizativos de la fiesta de Almossassa.

Yo No Salgo/ Yo No Salgo se presentó a la primera sesión de semifinales interpretando a unos Putos Amos aún más corrosivos y fantoches de los que ya nos mostraron en preliminares. Volvieron a alardear de su condición de nuevos ricos, y regaron el teatro con cientos de falsos billetes de 500 euros. Como grupo tienen una gran capacidad para trazar divertidas caricaturas, y para parodiar, dialéctica y teatralmente, determinadas realidades. Aprovecharon la superación de las preliminares para ofrecer un pasodoble dedicado al deterioro del medio ambiente, y otro alusivo al carnaval de Badajoz. En sus cuplés, abordaron algunos de los cambios etimológicos que trae aparejado el transcurso del tiempo; y amagaron con retirarse del COMBA, para, finalmente, desvelar que seguirán al pie del cañón en 2018.

Dakipakasa/ La murga Dakipakasa retornó a las tablas con un conjunto estético que por más que se contempla no deja de sorprender, ni de conmover. Vocal e instrumentalmente volvieron a postularse como una de las agrupaciones punteras del concurso. Y en cuanto a novedades en el repertorio, presentaron dos pasodobles en una misma línea de continuidad, a través de los que, aludiendo a distintos problemas sociales, se cuestionaron la importancia y el valor de las patrias y las banderas. Para exponer estos temas, se sirvieron del recurso retórico de un sueño del que acaban despertando y se dirigieron, a modo de misiva o exhortación, al padre que usó a su hijo como escudo humano durante la celebración del referéndum catalán. En sus cuplés, se refirieron a los candidatos catalanes y al problema de la independencia, pero también a un tema más local, como el de la polémica anual en torno al cartel del Carnaval de cada edición del COMBA.