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La Crónica de Badajoz | Jueves, 20 de septiembre de 2018

EL ANÁLISIS

Francia, a balón parado, a balón lejano

Deschamps construyó una selección simple, pero terriblemente eficaz para tumbar a Croacia

MARCOS LÓPEZ
15/07/2018

 

1.- La transición como puerta hacia el éxito
Había terminado la primera parte y Francia solo había tirado una vez a puerta. Pero llevaba dos goles. Un disparo y de penalti. Pero cuando más sufrió, especialmente ante el dominio del balón de los croatas, Deschamps se agarró a su libreta para ganar un partido que no tenía controlado. Una falta que no era significó el 1-0. Un penalti polémico, visto en el VAR, que no en el campo, ejerció la dictadura del balón parado. Así llegaron los dos primeros tantos.

Luego, ya en la segunda parte, con dos disparos desde fuera del área (Pogba y Mbappé) sellaron el triunfo galo. Un fútbol sencillo, acumulando hombres por detrás del balón, esperando las explosivas transiciones del delantero del Paris SG, que fue venenoso a campo abierto.

 
El autogol de Mandzukic.  / NATACHA PISARENKO (AP)
 

2.- Mandzukic, autogol y gol
A Croacia no le bastó con tener el balón. Tuvo el 61% de la posesión. Ni tampoco completar más pases (455) que Francia (197). Ni siquiera correr más (100.26 los croatas; 99.23 los galos). El retrato de la desgracia quedó simbolizado en el primer gol cuando Griezmann se tiró a la piscina y Pitana, el árbitro argentino, se comió ese engaño. Luego, Pogba estaba en fuera de juego en la acción previa antes de que Mandzukic se marcara el gol en propia puerta.

El inicio del drama croata. Un gol en su casa, otro en la portería de Lloris, tras un monumental error de este. Luego, cuando el equipo de Dalic quiso reaccionar ya no pudo.

 

3.- El liderazgo de un poderoso Umtiti
Estaba Francia aturdida en la primera parte cuando Umtiti ejerció de central corrector para frenar las vías de agua que generaba Perisic con Pavard, el lateral derecho francés. Apareció hasta en tres ocasiones el defensa azulgrana, oportuno en el cruce, asumiendo también los desajustes de Varanne, fiable en el juego aéreo, pero impreciso con el balón en los pies, y, sobre todo, de un desconocido Kanté.

Umtiti no solo pegó un par de gritos para dominar el área de Lloris sino que se erigió en el pilar más contundente de un equipo que se transformó en una roca. Apenas erró en el pase el azulgrana, sin necesidad siquiera de hacer faltas, gobernando su área con energía y clarividencia defensiva. Ahí atrás estaba el verdadero éxito de la Francia campeona del mundo.