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REENCUENTRO EN NAVIDAD

Un velero acude al reencuentro de su dueño meses después de naufragar

El modesto y viejo 'Illumia' cruza los mares hasta llegar a Irlanda, donde su dueño lo ha recuperado

EL PERIÓDICO
27/12/2017

 

Es Navidad y las historias de reencuentro se suceden día tras día. Unas esperadas, otras planificadas desde hace mucho, algunas sorprendentes, inesperadas y pocas, muy pocas, impensables, imposibles de cumplir aunque se sueñen mil veces. El reencuentro navideño del joven regatista italiano Michele Zambelli, de Forli (Italia), de 27 años, con su destartalado velero Illumia, que cruzó en solitario, sin él a bordo, los oceános, sorteando tempestades, rocas y vientos imposibles, hasta volver a encontrarse con su dueño es, sin duda, una historia navideña de ensueño.

Zambelli, que participaba, en mayo-junio, en la durísima regata en solitario OSTAR, de Plymouth (Gran Bretaña) a Newport (EEUU), 2.850 millas, naufragó después de chocar (él cree que contra una ballena pero no se atreve a asegurarlo), fue rescatado, el 12 de junio pasado, tras todo un día a la deriva por un helicóptero de la Armada Canadiense, mientras su velero quedaba en manos de las olas.

Hace unos días, Zambelli, que había invertido todas sus ilusiones y dinero en la compra de este viejo velero, construido por Alessandro Bruno en su garaje, recibió, siete meses después del naufragio, una llamada de la Autoridad Portuaria de Irlanda. “Hemos encontrado a Illumia. Está flotando a 150 millas de la costa suroeste irlandesa”. Y a Zambelli, que se había enamorado del mar al conocer al mismísimo Cino Ricci, de 83 años, también de Forli, y uno de los míticos regatistas italianos, capitán del primer reto del Azzurra en la Copa del América, de la mano del magnate italiano Gianni Agnelli, emprendió rumbo a Irlanda para reencontrarse con su barco.

El reto sigue pendiente
“Mi pasión –explicó poco antes Zambelli al Corriere della Sera—surgió por simple curiosidad y, sobre todo, por tozudez. Quise saber cómo funcionaban los velero, cómo se podía navegar en solitario. Fue un reto, al que ni siquiera este percance, ahora que he recuperado a Illumia, me hará renunciar. Le prometí a Illumia que lo llevaría a EEUU y lo volveré a intentar”.

Lo cierto es que Zambelli lo que quiere, realmente, es participar, como los grandes e ilusionados regatistas en solitario de todo el mundo, es participar en la Vendéé Globe, la vuelta al mundo sin escalas ni asistencia, que se celebra, como los JJOO, cada cuatro años. Pero Zambelli quiso probar antes su viejo y remozado Illumia, nombre que le debe a la empresa familiar de electricidad y gas de Marco Bernardi, que le ayudó a comprarlo, en la durísima OSTAR, la regata más antigua leyenda para los navegantes solitarios, considerada como la más dura de regatas oceánicas en solitario.

Cuando Zambelli sufrió el percance en pleno océano estaba siendo uno de los mejores de la OSTAR, ya que se encontraba a 1.300 millas de la meta, de Newport, en tercera posición de su categoría, cuando, de pronto, de noche, mientras descansaba en su litera, saltó por los aires por el impacto sufrido con un objeto inmenso, que el navegante sigue creyendo que fue una ballena. “Me caí de la litera y enseguida me di cuenta que el barco había quedado inservible y que lo más importante era salvar mi vida”, ha explicado Zambelli antes de viajar a Irlanda al reencuentro con su barca.

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