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el espacio del lector

Homenaje a Enrique Ramírez y Víctor Higes


02/11/2013

 

Se cumplen diez años del nacimiento de una idea, la de homenajear con alto merecimiento a dos grandes científicos, los señores Ramírez e Higes. Desde la Asociación Geológica de Extremadura le estamos enormemente agradecidos por publicar esta breve mención pública.

Don Enrique Ramírez y Ramírez (o Ramírez de Sandoval, como alguna vez firmaba), fue uno de los geólogos más sobresalientes nacidos en Extremadura, de la talla, entre otros, de Francisco Hernández-Pacheco, Vicente Sos Baynat o García de Figuerola. Destacó, inicialmente, en hidrogeología, y posteriormente en el mundo de la minería, ya que participó muy activamente en numerosas investigaciones que darían finalmente fruto en minas y canteras, algunas hasta hace poco en funcionamiento. Por ejemplo, las minas de uranio de Los Ratones y El Lobo, ya que era un afamado conocedor de la mineralogía extremeña. A los minerales de uranio se les unirían los de arcilla, que igualmente tan bien conocía, sobre todo en la comarca de La Serena, por ser oriundo de Magacela (1925) y/o por ser coautor de alguno de los mapas geológicos de dicha comarca. Don Enrique viajó por el extranjero a partir de los 80, colaborando con organismos de ámbito internacional en Africa. El salto que había dado a la capital de España a finales de los 60 le catapultaría a lo más alto en su carrera, valorándose su experiencia y aspiraciones profesionales, sentando por entonces las bases metodológicas de lo que sería el plan de investigación nacional de emplazamientos para residuos radiactivos, asunto que tanto está dando que hablar aún hoy en día y del que seguramente habría hecho mención en algún que otro editorial de prensa.

Don Víctor Higes Rolando, natural de Soria (1945), recala en Extremadura por motivos familiares. Fue un geólogo sobresaliente, llegando a ser muy valorado por otros colectivos, como el de ingenieros de caminos. Colaboró intensamente en la cátedra del hace poco desaparecido Clemente Sáenz Ridruejo, eminente ingeniero de caminos y paisano suyo, que le inculcó el amor por la geología económica, faceta que marcaría su vida profesional en el extranjero, durante sus campañas en El Magreb, en empresas de renombre internacional. Diversos motivos le obligaron a cambiar de ambiente y en Extremadura se dedicó con pasión a la docencia, legando en sus por entonces alumnos de Ciencias Biológicas un notable espíritu de interés por la geología. Esa etapa constituye, junto con la madrileña, la mejor en cuanto a profusión de trabajos, por cantidad y calidad, siendo, por ejemplo, el encargado de reconocer y estudiar las repercusiones medioambientales de los futuros emplazamientos de los cementerios en las nuevas pedanías del municipio de Badajoz. Fue la hidrogeología, pues, una faceta que le interesó enormemente, junto con la hidrología general, heredada de su mecenas profesional en la Escuela de Caminos de Madrid.

Estas dos personas eran extraordinarias en muchos sentidos, no solo profesionalmente. Y tenían mucho más en común, ya que les apasionaba la geología y algunas otras aficiones, como la arqueología, la historia o la ingeniería.

Personalmente, he tenido el gusto de conocer a los familiares de ambos, ya que no tuve el honor de conocerlos a ellos. Y si algo he sacado en claro es la ilusión y el orgullo demostrado al ver que una modesta institución como la nuestra haya reconocido públicamente la valía humana y profesional de dos geólogos que demostraron que su saber (que es el de todos) sigue siendo útil para la sociedad extremeña.

*La carta la firma Eduardo Rebollada Casado, de la Asociación Geológica de Extremadura (www.agex.org).