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CUARTA EDICION DE LA INICIATIVA DE INTEGRACION, CONVIVENCIA E INTERCAMBIO CULTURAL

Todos a una por y para la discapacidad

Discapacitados extremeños y 20 voluntarios llegados de toda España, Japón, Tailandia o Turquía comparten oficios y experiencias en el campo de trabajo de Placeat en San Gil

ALESSANDRA PAGLIACCI 19/08/2012

"En el campo de trabajo hacemos de todo, trabajamos y viajamos mucho. Nunca había trabajado tanto". Es el testimonio de Jorge, uno de los discapacitados intelectuales que durante quince días está formando parte del campo de trabajo organizado por Placeat --la Asociación en favor de las personas con discapacidad de Plasencia-- en la pedanía placentina de San Gil. Convivencia e integración se dan la mano en esta iniciativa que alcanza ya su cuarta edición y que lo hace traspasando fronteras.

Desde que el campo de trabajo comenzó a funcionar en el verano del 2010, con la idea de acoger a discapacitados durante la época estival, no ha parado de incorporar novedades. Este año ha decidido expandirse y acoge a ocho jóvenes voluntarios llegados de Tailandia, Japón, Rusia, Turquía y Francia, además de 12 voluntarios de toda España. Todos ellos han estado trabajando en San Gil codo a codo con los discapacitados de Placeat, desde el pasado 6 de agosto hasta mañana que termina la edición de este año. "Somos de los pocos campos de trabajo que llenamos todas nuestras plazas y nadie se arrepiente después ni cancela su reserva", afirma Jesús Ginés, director del campo y coordinador del proyecto.

El campo de trabajo se mantiene económicamente gracias al Instituto de la Juventud, encargado también de seleccionar a los voluntarios. El director asegura que traer a ocho extranjeros es una oportunidad para Extremadura, porque posteriormente se podrá mandar a ocho voluntarios extremeños a acciones similares en el extranjero.

El primer día, como en cualquier otro lugar donde nadie se conoce, resultó extraño, como reconocen los participantes de esta edición. Pero en cuestión de horas los usuarios ya se dirigían a los voluntarios con cálidos abrazos y besos.

Intercambio de valores

María Hurtado es una de las voluntarias. Tiene 19 años y procede de Murcia. Buscaba un campo de trabajo medioambiental a través de la web institucional de su comunidad. Sin embargo, al ver este otro tipo de actividad, se lanzó a conocer la experiencia y no la está defraudando. "Al principio tenía un poco de miedo al no saber que actividades iba a hacer con las personas con discapacidad pero la verdad es que estoy muy contenta porque he aprendido muchos valores" confiesa María.

Jesús Ginés explica que uno de los principales objetivos es "quitar ese sedentarismo tan habitual en los casos de discapacidad intelectual. Queremos fomentar su motivación, que se sientan más activos, más normalizados". Además, voluntarios y usuarios se relacionan y enriquecen culturalmente. Según el director del campo de trabajo, muchos discapacitados incluso han sustituido ya el "buenos días" por un "good morning". "Los usuarios les enseñan español a los internacionales y los internacionales inglés a los usuarios".

"Cuando me dijeron que venía gente de todo el mundo me quedé alucinado", corrobora Jorge. "Yo me entiendo con las extranjeras a través de las manos porque no entiendo idiomas".

Traspasando fronteras

Francia se encuentran representada en este campo de trabajo extremeño por una parisina, Kenza. A través de un organismo de voluntariado francés, encontró esta oportunidad. "Quería hacer un voluntariado durante las vacaciones y me gustó la idea de venir a España y pasar tiempo con gente discapacitada" confiesa.

Durante estos 15 días, las actividades no han cesado. Por las mañanas toca trabajar en la zona de jardinería. "Algunos riegan las plantas, otros trabajan en el huerto ecológico. Siempre todos juntos, tanto voluntarios como usuarios" explica María. Por las tardes visitan la alta Extremadura --zonas como La Vera, el Jerte y Monfragüe-- o el entorno de Cáceres.

"Lo que más me gusta es trabajar, aunque también ir de excursión" señala Jorge. La experiencia le está sirviendo para hacer nuevos amigos y comprobar lo bien que se portan monitores y voluntarios. "He conocido a mucha gente, me gusta hacer amistades por todo el mundo", afirma, ya pensando en repetir el próximo año.

Kenza y María recomiendan una experiencia como esta a todos los jóvenes. "Te hace madurar como persona y te relacionas con mucha gente" apunta María. Y Kenza añade: "Es positivo para los jóvenes porque descubrimos nuevas cosas. Para mí ha sido un gran cambio porque vengo de una ciudad y Extremadura es muy rural. Me encanta".

Día a día los voluntarios narran sus vivencias en un blog creado para compartir todas sus peripecias, mostrando así que tanto ellos como los discapacitados son capaces de hacer grandes cosas juntos. La prueba es que todos coinciden en que es una "experiencia única".

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