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CADA VEZ SON MÁS LAS PERSONAS QUE ELIGEN DIETAS BASADAS EN PRODUCTOS DE ORIGEN VEGETAL

Vegetarianos en la patria del ibérico

La llamada «revolución verde» vegetariana se viene expandiendo en los últimos años a nivel global, nacional y también en la región, donde cada vez son más los establecimientos que ofrecen productos y alimentos respetuosos con los animales y con el medio ambiente y, por lo tanto, beneficiosos para la salud individual y para la de todo el planeta

MARIAN ROSADO
17/07/2017

 
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En una tierra donde el jamón es símbolo de orgullo y lo ibérico seña de identidad parece difícil librarse del dominio de la carne en la dieta. Sin embargo, cada vez son más los extremeños que apuestan por una alimentación libre de animales. Con ella, aseguran, ganan en salud, respetan al medio ambiente y, sobre todo, no es necesario matar a otras especies.

Las formas de llegar a este tipo de dieta son tan heterogéneas como posibilidades ofrece la alimentación vegetariana, al contrario de lo que se ha venido creyendo popularmente.

El Periódico habla con varios extremeños que un día decidieron optar por la «revolución verde», que es como se denomina a la tendencia global en alza de optar por dietas basadas en productos vegetales.

«Antes era un bicho raro, ahora ya no tanto», recuerda Patricia Angarah, una placentina que lleva 20 años como vegetariana ovolactea, es decir, sin cosumir carne, pescado o mariscos pero sí productos lácteos y huevos. Estos últimos sin fertilizar y, a ser posible, de granja.

Es la misma dieta que sigue desde hace 12 Raquel García, de Badajoz, quien se decidió a dar el paso al concienciarse del trato dado a los animales en la industria cárnica.

«Siempre he sido muy amante de los animales y me pareció una incoherencia el amar a unos y comerme a otros», explica también Marciana Pulido, otra vegetariana afincada en Badajoz.

«Se trataba de empatía moral. En qué se diferencian el perro y el gato de casa con los otros», añade Rocío Galán, cacereña vegetariana desde hace ocho años y vegana desde hace tres.

Pero no siempre es la conciencia animal el factor determinante, sino que en muchos casos se trata de una cuestión de salud. Es el caso de Ana García, quien asegura que sus problemas de digestión finalizaron el día que comenzó su dieta vegana --la cual a la ausencia de carne y pescados o mariscos añade la de huevos, lácteos y miel--.

«Ahora estoy más sana que antes. Antes tenía anemia, ahora no la tengo», asegura.

Uno de los principales prejuicios antes de dar el paso es el temor a tener una dieta aburrida y no lo suficientemente variada. Un mito que los veggies --como se denomina a vegetarianos y veganos-- niegan y que Ana combate desde su blog ‘Ana Vegana’, en el que comparte todo tipo de recetas con las que quiere demostrar que ser vegano «no es complicado y no es caro».

«Se trata de saber equilibrar. No vale que estés comiendo patatas todo los días», advierte Raquel. «La comida vegana es muy exquisita, muy creativa, condimentada. También está vinculada a la cocina tradicional», afirma por su parte Pulido.

Ella ha sido la encargada de organizar durante el mes de julio la ‘I Ruta de la Tapa Vegana’ en Badajoz, donde once locales de la capital presentan otros tantos aperitivos veganos.

«A los hosteleros les ha sorprendido la buena acogida del público. No sólo se trata de vegetarianos y veganos, sino que a todo el mundo le apetece comer de manera sana y variada», declara.

De hecho, cada vez son también más las personas que, sin rechazar totalmente los productos de origen animal, reducen su consumo de carne y pescado al mínimo. Son los llamados ‘flexitarianos’.

La (in)cultura del bar

La ruta vegana de Badajoz puede ser un impulso para atajar una dificultad común en la que los veggies extremeños coinciden: el ritual de salir a tomar unas cañas.

«En muchos bares cuando dices que eres vegetariana lo más que te ofrecen son patatas fritas, que son la guarnición. O hay sándwiches vegetales que tienen jamón de york. Hay una cultura absoluta de la carne», expone Angarah.

«En bares y restaurantes yo me agarro a la tortilla de patatas y al queso. Pero eso no te vale si eres vegano. Quizás setas de temporada o un salmorejo», tercia Raquel García.

«Puedes tirar de ensalada. Es verdad que antes te miraban con cara rara y ahora, al menos, se prestan», comenta Álvaro Roa.

Este pacense está al frente de la Asociación Vegetariana de Extremadura, una organización que se encuentra en fase de formación y que tiene como objetivo fomentar esta cultura alimentaria, expandirla y reunir a sus amantes.

«Hemos entrado en contacto gente de diferentes puntos de la región. Somos más de los que la gente piensa», afirma Roa.

Al igual que la iniciativa de Pulido, la meta también es introducir esta opción en la carta de cada vez más locales.

Fue precisamente la pobre oferta vegetariana la que animó a Álvaro Peraita a abrir su propio restaurante, ‘Brotes verdes’, un sitio de referencia en Cáceres desde hace más de tres años.

«Se me ocurrió abrir ‘Brotes verdes’ al ver la nula oferta vegetariana. Hoy tenemos clientes de todo tipo. Hay muchos flexitarianos, gente a la que le apetece variar», explica.

«Extremadura es tierra de carnes, de quesos. Y muchos locales no se adaptan a algo que es una realidad y que además va en aumento», dice Galán, quien añade que en los supermercados sí se nota esta revolución verde. Al fin y al cabo los veggies son un filón de mercado.

«Antes se recurría a los herbolarios pero ahora casi todos los supermercados tienen su propia línea de productos ecológicos», recuerda Peraita.

«Es algo que se va expandiendo poco a poco porque lo ganas en salud, te notas mucho más enérgico, con la mente más clara, haces mejor la digestión», cuenta Roa.

«Yo siempre he considerado muy respetable la tradición cárnica de Extremadura. Pero los alimentos que comemos hoy son de animales que sufren y eso repercute en nuestra salud. Está demostrado científicamente, no es algo filosófico ni espiritual. Cómo se explica que un filete de lomo diga en su etiqueta que puede contener trazas de lácteos», razona Angarah.

«Debemos saber cómo alimentan a los animales. Con antibióticos y con hormonas», añade Raquel.

A pesar de ello, la pregunta es obligada: ¿echan de menos algún alimento?

«Ninguno de ellos», dicen Álvaro Roa y Peraita.

«No lo echo de menos porque cuando veo un filete sé lo que ha pasado hasta convertirse en eso. De hecho el olor a pescado me genera rechazo», asegura Raquel.

Un rechazo en el que coincide Angarah: «huelo la carne cocinada y no me huele bien. Recuerdo unas navidades en las que cogí jamón por el aroma y al momento lo escupí», rememora Angarah.

«La dieta animal me daba problemas, así que no la echo de menos en absoluto», declara Ana. Además, insiste en que se trata de indagar: «Es meterte en la cocina y explorar. Por ejemplo, si quieres gusto a pescado, puedes añadir algas. Mis hijos no notan la diferencia entre mis platos y los de su abuela», explica.

«Es curioso porque de repente todo el mundo se vuelve nutricionista y se preocupa por tu salud. Te dicen que te va a faltar proteínas. O el caso de la leche que no necesitamos y puede ser perjudicial. Es vivir anclados en el pasado», comenta Galán, quien alude a los intereses económicos que todavía esconden a las opciones alimentarias verdes.

«Yo no tengo ninguna carencia que sí tiene gente de mi entorno que come carne: colesterol, problemas de corazón, diabetes... », dice Raquel.

En cualquier caso, todos coinciden en el respeto mutuo a cada tipo de dieta, y sólo piden que todas las opciones sean integradas e integradoras.

«Hay mucho chiste, mucha ironía y a veces mucha soledad. Es una cuestión de no juzgar. Y quizás se nos juzga más a nosotros porque creen que nos sentimos en una superioridad moral. Y no», explica Pulido.

Otro tópico extendido es el de creer que esta alimentación es elitista: «No es cierto que sea caro. Compras legumbres, pastas, arroz, frutas y verduras», argumenta Ana.

«Hay que informarse antes de criticar», sostiene Peraita.

Filosofía de vida

La revolución verde no trata sólo de alimentarse con productos vegetales. Que sean alimentos frescos, de temporada y de proximidad es un plus para estos ciudadanos.

Del mismo modo, cada vez son más los que optan por productos de cosmética e higiene no testados en animales y también aquellos que garantizan un comercio justo.

Parte de los beneficios de la ruta vegana pacense que ha tenido lugar durante la primera quincena del mes de julio hasta el día 16 --y por la que Pulido incide en el agradecimiento a la Concejalía de Turismo y sus patrocinadores-- irán a parar a tres asociaciones protectoras de animales: Adana, SOS Perrera y Ancat Badajoz.

Un modo de vida que va ganando cada vez más adeptos. Como dato, el número de restaurantes vegetarianos en España se duplicó entre 2011 y 2016: de 355 a 703, según la consultora Lantern.

«Hay quien piensa que te estás privando pero no es así. Se trata de una filosofía de vida porque tienes la información y precisamente eso te provoca el rechazo», relata Raquel.

Una filosofía de vida que busca el bienestar con uno mismo y también con el planeta. La revolución verde llegó a Extremadura para quedarse.

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