La Crónica de Badajoz | Miércoles, 25 de abril de 2018

La atalaya

Dispositivos (y III)

FERNANDO VALDÉS Arqueólogo 18/12/2017

El entusiasmo localista nos impide tener perspectiva. Eso pasa aquí y ahora con las explicaciones que se dan sobre la importancia de nuestra alcazaba. Una cosa es que sea una de las grandes desconocidas de la arquitectura militar andalusí y otra que, por ser muy extensa, la elevemos al Olimpo de la poliorcética. No me canso de repetir en mis clases y en Badajoz, cuando los ilustrados quieren escucharme, que la fortificación que se hizo en al-Andalus tenía muy poco nivel técnico. No por retraso sino, justo lo contrario, por sobra de capacidad militar. Era tal la diferencia entre el potencial de los principados musulmanes -excepción hecha de los Reinos de Taifas- y el de los cristianos que las fortificaciones de aquéllos se reducían al mínimo imprescindible y carecían de todos aquellos dispositivos técnicos que hacían poderosas, en su momento, y hacen impresionantes a las fortificaciones bizantinas, primero, y a las de los Estados Latinos y a las árabes de Oriente, después. Y, señoreándolas a todas como su prototipo insoslayable, el recinto terrestre de Constantinopla, levantado casi cinco siglos antes que el primer muro de Batalyaws. Los primeros avances tecnológicos, que aquí resultaban desusados, comenzaron a manifestarse, con mucha timidez hacia fines del siglo XII, albarrana más o menos. Fueron los toledanos, súbditos de Castilla, quienes hubieron de despertarse antes y defender su ciudad contra las incesantes avalanchas que, año tras año, intentaban recuperarla para el islam. Por eso, los primeros rasgos peninsulares de defensa vertical los observamos allí, en las llamadas puertas Vieja de Bisagra y del Vado, recientemente excavada. El desarrollo pasó de Bizancio a Siria y de allí a la Península Ibérica, de la mano de los cruzados europeos que vinieron a ayudar a Alfonso VIII en su lucha contra los almohades.

De vez en cuando conviene pensar en Constantinopla, y si vamos a Estambul miel sobre hojuelas, para hacer una cura de humildad y mitigar entusiasmos locales. Eso hice en un largo periplo. Me da risa cuando se habla de la alcazaba de Badajoz como la más grande de España o de Ávila como la ciudad mejor amurallada del mundo. ¡Menos lobos!