La Crónica de Badajoz | Jueves, 21 de junio de 2018

disidencias

Dictadura

JUAN MANUEL CARDOSO Periodista 27/02/2018

Estaban Rinconete y Cortadillo haciendo sus gracias en el prime time de la televisión y en esas que Pablito le dijo a Jorgito que en España vivimos en una dictadura. No sé si lo dijo de broma, en serio o si lo dijo porque lo tenía dentro como un comecome y necesitaba sacarlo para liberar su atormentado espíritu. Nadie hace lo que ellos hacen, nadie dice lo que ellos dicen, nadie entiende la realidad y seduce a la verdad como ellos la entienden y seducen. Son unos crack de la televisión, unos ases del periodismo independiente, unos campeones de la libertad y unos pontífices que opinan ex cátedra en una España a la deriva. Pero lo dijo.

España es una dictadura. En El Hormiguero, ese pestilente programa televisivo donde se enseñan trucos baratos de física y química y se promocionan hasta la náusea productos propios o que le caigan simpáticos. Resulta que en una de las principales televisiones en España, uno de sus millonarios presentadores, junto a otros de sus millonarios presentadores, allí de charleta, van y dicen que en España estamos en una dictadura. Pues sí, por una vez, les doy la razón.

En España existe la dictadura de la mayoría y de la minoría, la de los lobbys y la de los que van por libre, la de las ideologías y la de los partidos, la de los corruptos y la de los que solo se corrompen en la moral, en el discurso o en el ámbito doméstico. En España existe la dictadura de los medios de comunicación que construyen la agenda de lo que ha de preocuparnos y durante cuánto tiempo y en qué intensidad, la dictadura de los gobiernos que nos tratan como a estúpidos, la de la oposición que aún nos cree más estúpidos, la de quienes quieren o defienden una cosa y la contraria, la del buen rollo y la de los que están siempre quejándose por todo o de mala leche. La dictadura de los listos y la de los listillos.

Pues sí, en España hay dictadura, variada y para todos los gustos, pero también hay millonarios cansinos, moralidades hipócritas y cómicos venidos a menos que necesitan la agitación para recuperar resuello. Volviendo a Cervantes, ahora en El coloquio de los perros, lo que Berganza le dice a Cipión: «En estas materias nunca tropieza la lengua, si no cae primero la intención». Por si acaso recogen velas y dicen que se les escapó sin pensarlo.