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CASA DE LOS HORRORES EN EEUU

Los padres de California acusados de encadenar a sus hijos difundían una imagen de familia feliz

David y Louise Turpin hablaban con pasión de sus niños y publicaron fotos idílicas de grupo en Disneylandia y Las Vegas

AGENCIAS
17/01/2018

 

La pareja de California acusada de maltratar y encarcelar a sus 13 hijos menores y adultos intentó mostrar una imagen de familia feliz, hablando cariñosamente de sus hijos y publicando fotos de chicas vestidas de rosa y chicos de azul sonriendo con Mickey Mouse en Disneylandia.

David Turpin, un ingeniero de pelo liso de 57 años, y su mujer Louise, sonrieron en las fotos y compartieron un beso, riéndose junto al personaje de Campanilla en una y renovando sus votos de matrimonio en Las Vegas en otra. Dieron pocas pistas de los horrores que la policía descubriría al entrar en su casa, en el condado de Riverside, al este de Los Ángeles, según han explicado sus propios familiares y las autoridades.

"Siempre pensamos que ella vivía una vida perfecta", afirmó la hermana de Louise Turpin, Teresa Robinette, a NBC News desde Knoxville (Tennessee). "Nos decía que iban siempre a Disneylandia. Que iban a Las Vegas", añadió.

Encadenados a la cama
Los Turpin comparecerán ante un juez este jueves acusados de nueve cargos de tortura y 10 cargos de poner en peligro a sus hijos, aun cuando sus vástagos, de entre 2 y 29 años, recibían comida y cuidados, según apuntaron las autoridades. La policía allanó su hogar en la localidad de Perris este domingo después de que una de sus hijas, de 17 años, cuyo aspecto demacrado hizo pensar a los agentes que solo tenía 10, se escapó por una ventana y llamó al 911. Cuando la policía llegó, encontró algunos de los jóvenes encadenados a su cama, explicaron los agentes.

Los Turpin se habían contado tan bien su historia a ellos mismos que Louise Turpin, de 49 años, incluso pareció perpleja cuando llegó la policía, explicó el capitán Greg Fellows, del departamento del 'sheriff' del condado de Riverside. Las autoridades de California y Tejas, donde la familia vivió algún tiempo, señalaron que no tenían antecedentes de arrestos previos o denuncias de abuso infantil.

Profundamente religiosos
Los padres de David Turpin, James y Betty Turpin, de Virginia Occidental, explicaron a ABC News que su hijo era ingeniero informático graduado en la universidad de Virginia Tech. Y explicaron que la familia era profundamente religiosa, educando a sus hijos en casa y haciéndoles memorizar pasajes enteros de la biblia. La dirección donde la policía encontró a los niños figuraba en el registro del Departamento de Educación de California como la sede del colegio privado Sandcastle Day School, en el que David Turpin figura como director.

Como ingeniero, David Turpin trabajó para Lockheed Martin, según ha confirmado esta compañía contratista de Defensa, y la abandonó en el 2010. Al año siguiente, David Turpin ganaba unos 140.000 dólares anuales trabajando como ingeniero en Northgroup Grumman, una compañía de tecnología aeronáutica y de defensa, declaró Ivan Trahan, un abogado que representó a la pareja en bancarrota ese año. Northgroup Grumman no ha confirmado si Turpin sigue trabajando allí. Los documentos de la bancarrota citaban a Louise como ama de casa y fijaron la deuda de la pareja en cerca de 240.000 dólares, que aumentaba mes a mes en 1.000 dólares por los gastos familiares.

Hogar deteriorado
Trahan explicó que el matrimonio hablaba con pasión de sus muchos hijos. "Hablaban muy bien de sus hijos y hacían un montón de cosas con ellos", afirmó. Pero los vecinos apuntaron que había algunas claves que señalaban que no todo iba tan bien. Su casa estaba deteriorada, y cuando sus integrantes salían, evitaban el contacto con la gente, explicó Julie Olha a NBC News.

"Esa casa de allí era horrible", declaró Olha. "Y se notaba que eran cautelosos, que no querían mirar a la gente". Wendy Martinez, de 41 años, dijo en declaraciones telefónicas que mientras paseaba a sus perros, una noche de octubre, hacia las nueve de la noche, vio a cuatro niños instalando el césped en el patio delantero de su casa, bajo unos potentes focos, mientras la madre los observaba. Martinez les saludó, pero no le contestaron. "Es un hogar muy extraño", declaró.