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DISTENSIÓN EN ASIA

Seúl y Pionyang se reunirán el martes después de dos años

No se esperan avances importantes en la reunión, que pudo ser pactada después de que se retrasaran unas maniobras militares en el sur

ADRIÁN FONCILLAS
05/01/2018

 

Cae la tensión en la península coreana. Pionyang ha aceptado esta mañana la reunión que había propuesto Seúl para el martes. Será la primera vez que funcionarios de ambas coreas se sientan en más dos años y, aunque todas las reservas son recomendables, certifica un saludable giro en la dinámica del conflicto.

La reunión tendrá lugar en la Casa de la Paz de la ciudad fronteriza de Panmunjom. El orden del día apenas incluye la participación de dos patinadores norcoreanos en los inminentes Juegos Olímpicos de invierno que organizará el sur. Los patinadores lograron su clasificación pero concluyó el plazo de inscripción y necesitan una invitación para participar. No parece un asunto que necesite más de un par de minutos ni un viaje a la Zona Desmilitarizada. Su relevancia descansa en la voluntad de superar las tensiones.

La noticia llega un día después de que Seúl y Washington acordaran retrasar las maniobras militares conjuntas hasta el fin de los Juegos Olímpicos. Había sido solicitado por Moon Jae-in, presidente surcoreano, para preservar la paz en un evento que tendrá lugar a apenas 70 kilómetros de los cañones norcoreanos de la frontera. Moon se había propuesto desde su victoria electoral del pasado año asegurar el éxito olímpico y recuperar el diálogo con el sur. Sus ímprobos esfuerzos y paciencia infinita fueron premiados finalmente por Kim Jong-un en su discurso de Año Nuevo. El dictador dijo que había llegado la hora de recuperar la calma, señaló los Juegos como la vía idónea y planteó la posibilidad de enviar a sus deportistas. Los indicios del deshielo se han sucedido desde entonces y ambas coreas reactivaron ayer la línea telefónica de urgencia después de más de dos años de silencio.

Se esperan pocos avances
No se esperan avances exagerados de la reunión. Kim Jong-un también informó en aquel discurso que emplearía el año en la fabricación masiva de armamento nuclear y no es descartable que la distensión sea una maniobra dilatoria o el intento de romper el eje Seúl-Washington. Las reacciones de Trump, excesivas incluso para sus estándares, revelan su nerviosismo. Alardeó de su botón nuclear en términos groseros y ayer se adjudicó el éxito del cambio de actitud de Pyongyang. “Entendemos que esas conversaciones se limitarán a los Juegos Olímpicos y quizá a otros asuntos domésticos, pero nada más allá. Corea del Sur no irá por libre ni tendrá muchas conversaciones con ellos”, ha afirmado Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado. La tensión ha permitido que Estados Unidos vendiera millones de dólares en armas a Seúl y Tokyo y en las operaciones futuras confiaba Trump para rebajar su desequilibrio en la balanza comercial con la región.

El pasado año fue uno de los más áridos en un conflicto que se alarga desde que un armisticio nunca refrendado por un acuerdo de paz terminara la guerra en 1953. Kim Jong-un ordenó el ensayo nuclear más potente hasta la fecha y el lanzamiento de decenas de misiles, tres de ellos intercontinentales y con presunta capacidad para golpear suelo estadounidense. Los desmanes han estimulado las sanciones aprobadas por la ONU y colocado al régimen estalinista en una situación económica muy delicada, ya sin el tradicional flotador chino.