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TÚ Y YO SOMOS TRES

Inés y Marta, combate en Invernalia

FERRAN MONEGAL
04/12/2017

 

En la próxima temporada de Juego de tronos, que dicen que será la última, habrá seguramente una escena terrible: tendrán que enfrentarse cara a cara Cersei Lannister y Daenerys Targayren. ¡Ah! Pues tomen nota los guionistas de esta serie del encuentro que montó Jordi Évole el domingo (Salvados, La Sexta), sentando frente a frente a Inés Arrimadas y Marta Rovira. En lugar de estar en el restaurante La Torre d'Alta Mar, parecía que estaban en Invernalia. Un halo polar, un paisaje de estalacticas, las envolvía. Con razón después de una hora de reunión sin haber llegado a punto de encuentro alguno, ambas solo coincidieron en un detalle: ¡habían pasado frío! El gran éxito televisivo de este cara a cara era asistir a la lucha, la reyerta, la escaramuza entre dos señoras de la política que ya sabíamos que no iban a coincidir en nada en absoluto. No es que representen mundos distintos, es que viven en planetas opuestos y enfrentados entre sí. De modo que el gran interés del espectáculo era descubrir quién arreaba más, y quien quedaba hecha fosfatina. No desvelo nada nuevo: Inés Arrimadas ganó de largo, y Marta Rovira, aunque en ningún momento hincó la rodilla, quedó muy desarbolada ante la contundencia del argumentario que le cayó encima. Inés parecía mejor preparada para este encuentro. Parecía haber ensayado mucho, y bien, el choque. Marta dio la sensación de ingravidez. Quizá creyó que con solo presentarse con un chaquetón amarillo, símbolo por la libertad de los encarcelados, podía ganar con holgura. Quedó muy acorralada con el tema de su aventura declarativa sobre aquello de que van a venir«con violencia extrema y muertos en las calles». O con la pregunta «¿De donde sacasteis nuestros datos personales, nuestros DNI, nuestros domicilios, para el 1-O?», que no contestó y se quedó mirando al vacío. Inés solo sufrió un dardo en su línea de flotación: cuando le recordaron que ayudó a condecorar a aquellos que blandían las porras y cargaban contra la ciudadanía.

En la reflexión post-programa que hizo Jordi Évole ayer en este diario, dijo haber quedado sorprendido de que, después del encuentro, no se estrechasen la mano. En efecto, ninguna de las dos, ni Marta ni Inés, lo hizo. ¡Ahh! Es natural. No podían. En la Invernalia política de Catalunya hoy es imposible proyectar la mano al adversario. Está entumecida.

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