Almendralejo
Santi Barragán, bailar como una rutina de vida
Santiago Barragán Garrido, conocido en Almendralejo por una manera sencilla, diferente y pasional de vivir el baile, ha sido reconocido como Premio Ciudad de la Cordialidad ‘Memorial Julio Luengo’ por parte del Centro de Iniciativas Turísticas de la ciudad, que ha premiado su larga trayectoria

Santiago Barragán al recibir el premio Ciudad de la Cordialidad. / EP
En Almendralejo, la cordialidad tiene nombre propio: Santiago Barragán Garrido, monitor de bailes de salón, maestro sin títulos oficiales, artista autodidacta y embajador involuntario de su ciudad por toda España y buena parte de Europa. Por eso, esta edición del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT) ha querido otorgarle el Premio Ciudad de la Cordialidad ‘Memorial Julio Luengo’, un reconocimiento que lo sitúa entre las personalidades que más han contribuido a proyectar Almendralejo desde el trabajo diario, la convivencia y la cultura popular.
La ceremonia, celebrada en el salón de plenos del Ayuntamiento y acompañada parte de la corporación municipal, se convirtió en un homenaje doble: al propio premiado y al valor que representa el turismo emocional, ese que se sostiene en las personas que hacen ciudad. «Me emocioné muchísimo», reconoce Barragán.
Para comprender por qué este premio lleva su nombre, basta acercarse a su historia. Lo suyo no fue una vocación estudiada ni un aprendizaje académico. «No he estudiado nada. Esto del baile es innato», explica. Descubrió su talento en una obra de teatro cuando era niño, gracias a una profesora que vio en él algo distinto. Había muchos bailes, muchos ritmos, muchos movimientos… y él los aprendió todos. No porque se lo pidieran, sino porque algo dentro de él respondía de forma natural. A partir de ahí, un camino entero se abrió.
Durante décadas impartió clases por toda la ciudad, en asociaciones, academias, centros culturales y grupos de baile. Hoy lo hace en el local de la Asociación de Vecinos de la Barriada de San José, donde enseña desde sevillanas hasta bailes latinos en grupos de todos los niveles. Los fines de semana, además, lo reclaman en toda la región para preparar bailes nupciales, convirtiéndose en la pieza discreta que hace que decenas de parejas recuerden su primer baile como un momento mágico.
Natural y vecino de Almendralejo, Barragán nunca tuvo dudas sobre dónde quería vivir. «De aquí no me saca nadie. Tuve la oportunidad de trabajar fuera, pero siempre volví». Esa fidelidad se convirtió en un sello identitario. En el grupo de folklore de Almendralejo destacó desde el principio, y pronto dio el salto a los bailes de salón justo cuando empezaban a ponerse de moda. El Ayuntamiento lo llamó para que los impartiera en la Universidad Popular, y él, autodidacta convencido, los aprendía en casa y los enseñaba al día siguiente. El éxito fue inmediato. «Llegué a dar seis horas diarias de clase».
Después fundó ABASAL, la asociación que impulsó a niños y jóvenes a competir en campeonatos nacionales. En cada competición siempre había un nombre que él se encargaba de colocar en primera línea: Almendralejo. Porque si algo ha caracterizado su trayectoria es que nunca ha bailado solo, siempre lo hizo representando a su tierra. «A través del baile hemos paseado el nombre de nuestra ciudad por toda Europa y parte del mund»”, dice con naturalidad.
El premio que recibe ahora no solo reconoce su carrera, sino su manera de relacionarse con la gente. Para Barrgán, el baile no es solo técnica ni disciplina. Es encuentro. Es compañía. Es una hora de desconexión en la que se suspende el ruido de la vida diaria. «Hay mucho contacto humano. Todas las penas y problemas, en esa hora de clase en la que hay tan buen rollo, desaparecen. Eso es precioso». Por eso insiste en que la base de todo, incluso de su enseñanza, es divertirse. «El momento en el que deje de divertirme, lo dejo, está claro»..
El CIT, en su apuesta por fortalecer la identidad turística de Almendralejo, destaca cada año a personas que construyen ciudad desde la cultura, la participación y el cariño por lo propio. Y figuras como la de Santiago Barragán contribuyen a ello de una forma tal vez invisible pero muy profunda. Son parte de esa red de personas que hace que una ciudad sea un lugar, que un visitante se sienta bien recibido y que el nombre de Almendralejo esté presente en cada rincón del mundo. Porque su reconocimiento es, en realidad, el reconocimiento a una manera de vivir con orgullo y pasión.
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