Almendralejo
Almendralejo se sumergió en el universo del coleccionismo
La caseta del recinto ferial acogió una serie de expositores y muestras en la I Feria del Coleccionismo con aficionados que vinieron de otros puntos de España a vender y mostrar sus piezas y con enseres que apenas pueden encontrarse en otros lugares más que en una feria de esta tipología

Expositores en la Feria del Coleccionismo celebrada en Almendralejo. / EP
La primera Feria del Coleccionismo y las Antigüedades dejó en Almendralejo una jornada con un plan diferente para muchos. Ha abierto una puerta a un mundo que, aunque discreto, cuenta con una comunidad fiel, apasionada y sorprendentemente amplia. Un espacio donde conviven los recuerdos, la curiosidad y el valor de lo único, y que ha demostrado que también tiene sitio en la agenda cultural y de ocio de una ciudad como Almendralejo.
Durante todo el día de su celebración, la caseta municipal del recinto ferial se transformó en un pequeño universo de objetos con historia. Monedas antiguas, juguetes de otras décadas, minerales, lámparas, utensilios domésticos ya en desuso, plantas singulares, platos de cerámica, mobiliario que apenas se ve en otros lugares o piezas difíciles de encontrar formaron un recorrido que invitaba más a detenerse que a pasar de largo. No era una feria para ir con prisas. Quien entraba, lo hacía para mirar, preguntar, recordar y, en muchos casos, descubrir que aquello que parecía viejo tenía un valor inesperado. Estas cosas tienen muchos más seguidores de los que uno piensa y, sólo cuando lo experimentas por dentro, te das cuenta del mercado que subyace dentro del coleccionismo.
Al frente de la organización ha estado Luis Manuel Gutiérrez, un vecino de la localidad de Guareña con experiencia previa en ferias similares en distintos puntos de la región. Para él, traer este formato a Almendralejo era casi una asignatura pendiente. Reconoce que se trata de una ciudad con tradición coleccionista, algo que ha comprobado incluso antes de celebrar esta primera edición, a través de llamadas y contactos de aficionados locales. Una afición que, aunque no siempre visible, existe y se mantiene viva. Quienes están dentro son los que más conocen a los de alrededor en este tipo de mercados variopintos.
En total, han participado más de 20 puestos procedentes de distintos lugares de España, desde Madrid, Sevilla o Valladolid hasta localidades extremeñas cercanas, además de vendedores locales. Muchos de ellos se conocen desde hace años, coinciden en ferias y mercadillos especializados y forman parte de un circuito que recorre el país durante todo el año. Para algunos, este mundo no es solo una pasión, sino su medio de vida.
Y es que el coleccionismo mueve cifras que sorprenden a quien se acerca por primera vez. Hay objetos aparentemente modestos que pueden alcanzar precios elevados si son raros, están bien conservados o tienen una historia concreta detrás. Cromos, monedas o piezas descatalogadas pueden convertirse en auténticos tesoros. De hecho, en ocasiones, muchos de estos objetos se convierten en obsesiones para quienes llevan tiempo buscándolos. Esa mezcla de búsqueda y valor es parte del atractivo que engancha a quienes se adentran en este universo del coleccionismo.
El público de Almendralejo ha respondido con curiosidad. No se ha tratado de una avalancha constante, pero sí de un goteo continuo de visitantes que se acercaban a ver, preguntar y, en muchos casos, volver sobre sus pasos. Familias, aficionados, personas mayores que reconocían objetos de su infancia y jóvenes atraídos por lo diferente compartían espacio en un ambiente cercano. Para otros muchos ha sido una experiencia primitiva y desconocida, casi sin saber con exactitud por qué determinados objetos o enseres pueden alcanzar precios que resulten casi astronómicos. Algo incomprensible si no estás dentro.
Desde la organización son conscientes de que este tipo de eventos necesitan tiempo para asentarse. La intención es repetir el próximo año y fijar una fecha estable en el calendario para que la feria vaya ganando peso y reconocimiento. La difusión, el boca a boca y la costumbre serán claves para consolidar la cita.
Esta primera edición ha servido, sobre todo, para tomar el pulso. Para comprobar que existe interés, que hay material suficiente, vendedores dispuestos y un público potencial que puede convertir la feria en una propuesta habitual. Almendralejo suma así una nueva iniciativa que diversifica su oferta de ocio y cultura, apostando por un formato distinto, pausado y con identidad propia.
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