Almendralejo
Las Candelas, una de esas noches que no deben perderse
El historiador Álvaro Guerrero desvela cómo Almendralejo ha sabido mantener la tradición de una fiesta como Las Candelas con orígenes muy ancestrales y la ha transformado en un punto de encuentro que ya es una de las fechas más entrañables para cada vecino

Procesión de la Virgen de la Candelaría en los años 60. / Cedida
El mes de febrero que está a punto de alcanzar las hojas del calendario no se entiende en Almendralejo sin el fuego como protagonista y para dar la bienvenida. Las hogueras vuelven a tomar calles y barrios y, con ellas, una de las tradiciones más reconocibles de la ciudad: la Fiesta de las Candelas. Una celebración del 1 de febrero que no solo forma parte del calendario festivo local, sino que marcó un hito al convertirse en la primera Fiesta de Interés Turístico Regional de Almendralejo, un reconocimiento que consolidó su valor cultural y social más allá del ámbito local.
Las Candelas no son una fiesta reciente. Su origen se hunde en rituales ancestrales vinculados al ciclo festivo de invierno, cuando el fuego se utilizaba como símbolo de purificación, protección y deseo de buena fortuna. En Almendralejo, esta tradición ha sobrevivido al paso del tiempo, incluso en un contexto de crecimiento urbano que, en muchos lugares, ha provocado la desaparición de celebraciones populares. «Mientras más crece una ciudad, más tradiciones suelen perderse, y sin embargo Almendralejo ha sabido conservar esta», explica el historiador Álvaro Guerrero, quien subraya el carácter excepcional de esta continuidad.
Antes de que la festividad se asociara al calendario cristiano, el fuego ya ocupaba un papel central en los rituales paganos. Con la llegada del cristianismo, estas prácticas se reinterpretaron y pasaron a vincularse a la celebración de la Candelaria, la presentación de Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María. Sin embargo, en la práctica popular, el significado fue mucho más allá de lo religioso. Las hogueras servían para «quemar lo malo», para dejar atrás los problemas del año anterior y comenzar uno nuevo con mejores augurios.
En Almendralejo, esa idea se materializó en la quema de la pantarruja y de objetos viejos, una forma simbólica de desprenderse de la mala suerte.
Según explica el historiador Álvaro Guerrero, durante décadas las Candelas fueron una celebración profundamente doméstica y vecinal, muy ligada a la vida cotidiana de los barrios. «Antes no había grandes estructuras ni actos organizados; cada calle hacía su candela con lo que tenía a mano, muebles viejos, ramas, enseres que ya no servían», recuerda. Era habitual que las familias salieran juntas a la calle, que los niños participaran activamente y que la fiesta se viviera como un espacio de convivencia espontánea. Con el paso de los años, y especialmente desde finales del siglo XX, la celebración fue ganando visibilidad pública sin perder ese componente popular, convirtiéndose poco a poco en una seña de identidad de la zona.
Convivencia
La fiesta, tal y como hoy se conoce, ha sabido adaptarse sin perder su esencia. Las Candelas siguen siendo un punto de encuentro entre generaciones, barrios y centros educativos, un aspecto que ha resultado clave para su pervivencia. La implicación de colegios e institutos ha convertido la celebración en un proyecto colectivo, la participación vecinal refuerza la tradición local. Para Guerrero, esta fórmula ha sido determinante: «Vincular la fiesta a los centros educativos ha sido un acierto, porque hace que la población se implique desde edades muy tempranas».
El reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Regional supuso un punto de inflexión. No solo atrajo visitantes, sino que reforzó la conciencia de los vecinos sobre la importancia de proteger y cuidar una tradición que forma parte de la identidad de Almendralejo. Las instituciones han jugado un papel fundamental en este proceso, apoyando una celebración que combina historia, participación ciudadana y proyección exterior, porque en un momento en el que muchas tradiciones se diluyen o se transforman hasta perder su significado original, las Candelas siguen encendiendo algo más que hogueras. Siguen avivando la memoria de un pueblo, conectando el pasado con el presente y recordando que, en Almendralejo, el fuego no solo calienta, también une, purifica y da sentido a una de las fiestas más emblemáticas de la ciudad.
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