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Almendralejo

Antonio Herrera, una vida dedicada a la Semana Santa de Almendralejo

El Consejo de Hermandades designó a Antonio Herrera Ruiz como Cofrade de Honor, un hombre natural de Fuente del Maestre, pero apegado toda la vida a Almendralejo y que, desde los 12 años, se sumergió en el mundo de hermandades y cofradías

Antonio Herrera Ruiz.

Antonio Herrera Ruiz. / Cedida

Almendralejo

Hay reconocimientos que no se esperan y que, precisamente por eso, llegan con más emoción. Antonio Herrera Ruiz recibió una noche la llamada del presidente del Consejo de Hermandades de Almendralejo sin imaginar que al otro lado del teléfono le comunicarían su designación como Cofrade de Honor 2026. Un nombramiento que reconoce toda una vida ligada a la Semana Santa de la ciudad y que le dejó, como él mismo reconoce, «muy impactado, con muchísima alegría y emoción por tantas experiencias vividas», porque «siempre he estado al servicio de la Semana Santa, en cuerpo y alma».

El acuerdo se tomó en sesión ordinaria del Consejo de Hermandades el pasado 22 de octubre de 2025. A sus 68 años, natural de Fuente del Maestre, Antonio Herrera suma una trayectoria cofrade que atraviesa décadas y distintas responsabilidades. Ha sido Hermano Mayor durante diez años de la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Oración en el Huerto y el Beso de Judas, además de mayordomo y vicepresidente del propio Consejo. Pero su relación con la Semana Santa va mucho más allá de los cargos que durante años desempeñó.

«Desde mis inicios, allá por los años setenta, siempre he estado involucrado», explica. Hermano de la Hermandad del Amparo desde los 12 años, formó parte de la primera cuadrilla de costaleros del Santísimo Cristo del Amparo también ha estado ligado a la Hermandad de los Estudiantes, viviendo con especial orgullo su papel como portador de Nuestra Señora de la Piedad Coronada, patrona de la ciudad en la que se asentó desde muy joven. Una vinculación constante que define, más que una trayectoria, una forma de entender la Semana Santa.

Muy especial

Para Herrera, la figura del Cofrade de Honor tiene un valor muy especial. Se trata de un reconocimiento que el Consejo otorga a personas que considera merecedoras por su trabajo, su empatía y su compromiso con la Semana Santa de Almendralejo. «A nivel popular puede parecer uno más, pero a nivel personal es de las cosas más importantes que me han pasado en mi vida cofrade», reconoce, sin ocultar lo que significa para él este nombramiento.

Durante todos estos años, Herrera ha sido testigo muy directo de la evolución de la Semana Santa en la ciudad. Una transformación que valora de forma muy positiva. «Antes era más clásica y humilde, ahora se le da otro carácter, se emplean nuevas actividades y se trabaja durante todo el año para que el cofrade se sienta más implicado», explica. Sin embargo, insiste en que ese crecimiento nunca debe hacer olvidar la esencia. «La Semana Santa es una catequesis del pueblo. Lo más importante son los misterios, Cristo y la Virgen. Eso no se puede perder», deja claro quien conoce muy bien de lo que habla.

Desde su experiencia, reconoce que aún hay aspectos mejorables, pero destaca la ilusión y el esfuerzo constante de las hermandades por acercar sus manifestaciones al pueblo. Un trabajo silencioso que, en muchos casos, no se ve en la calle, pero que sostiene toda la celebración. «La evolución ha sido grandísima», afirma, convencido de que ese camino debe seguir construyéndose con fe y compromiso.

Su mensaje

A las nuevas generaciones de cofrades, Herrera lanza un mensaje que siempre estuvo muy presente en él desde su juventus. «Que no pierdan nunca la fe ni la ilusión. Que recuerden siempre que lo que sacamos a la calle es a Cristo y a la Virgen». Una advertencia nacida de la experiencia, consciente de que, en ocasiones, los detalles pueden hacer olvidar el verdadero sentido de la procesión.

El nombramiento como Cofrade de Honor 2026 llega cuando Antonio ya ha dado un paso atrás en los cargos, pero no en el sentimiento. “Aunque vayamos dejando sitio a la gente joven, uno nunca deja de estar ligado”, confiesa. Y quizá ahí reside la clave de este reconocimiento: una vida entera dedicada a vivir y cuidar la Semana Santa desde dentro, con la misma fe que lo hizo aquel niño que empezó a acompañar a su hermandad con apenas doce años. n

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