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Almendralejo

Alumnos del IES Carolina Coronado ganan un concurso de creatividad

El grupo de cuarto de ESO de este centro gana un concurso de creatividad y tecnología de entre más de 120 propuestas de Extremadura y Andalucía, demostrando el nivel de esta generación local

Vicente, Fernando, Jaime y Germán posan con el premio ganador en el concurso.

Vicente, Fernando, Jaime y Germán posan con el premio ganador en el concurso. / EP

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Almendralejo

Moverse, caminar, hacer deporte. Lo que para cualquiera es rutina, en una clase de 4º de la ESO del IES Carolina Coronado terminó convirtiéndose en una idea capaz de ganar fuera. Así nace Magnetic e-motion, el proyecto con el que un grupo de alumnos de Almendralejo se ha impuesto a más de 120 propuestas en la final de I’m Growlaber Andalucía Occidental y Extremadura.

Pero detrás del resultado hay algo más que una buena idea. Hay un proceso, y sobre todo una guía. El profesor Juan Sánchez González, encargado de Tecnología y Digitalización, fue quien sembró la semilla desde el inicio del curso. «Yo ya les había lanzado la idea de poder participar en algún concurso con un proyecto», explica. La oportunidad llegó después, casi encajando con lo que estaban trabajando en clase: «Estábamos viendo la electricidad, el electromagnetismo, cómo se genera, y a partir de ahí vimos que podía salir algo».

Ese algo terminó siendo un dispositivo sencillo en apariencia, pero con un planteamiento claro. «Es una bobina de cobre con un imán dentro que, al moverse, genera corriente», resume. Un sistema pequeño, adaptable y con múltiples aplicaciones. Desde encender una pequeña luz hasta generar sonido o almacenar energía en un condensador para usarla después. «Es algo muy pequeñito, pero puedes poner varios juntos y generar más electricidad», añade.

El equipo ganador de Almendralejo está compuesto por los alumnos Vicente Machío Reyes, Fernando Caballero Rubio, Jaime Mayordomo Franco y Germán Tribiño Sánchez. La clave del proyecto no está solo en el resultado, sino en cómo se construye. Sin grandes recursos, sin inversión externa y tirando de materiales reutilizados. «A través de unas bobinas de cobre de electrodomésticos usados y algunos componentes vimos que podíamos generar electricidad», explica el profesor, poniendo el foco en una idea importante: no hace falta mucho para empezar.

Ese enfoque conecta directamente con el objetivo educativo. Más allá de competir, lo que se busca es que los alumnos entiendan el proceso. «Yo me quedo más con la labor de investigación de los chavales, con que tengan la iniciativa de crear algo que sirva», señala. Porque ahí está el verdadero aprendizaje: en pensar, probar y construir.

La experiencia del concurso también ha sido parte fundamental del camino. Allí, todo se decide en apenas unos minutos. «La elección se hace a través de un pitch, ellos suben al escenario y en tres minutos explican el proyecto», relata. Un ejercicio que va más allá del contenido técnico. Se trata de saber comunicar, de sintetizar, de defender lo que han hecho.

Y funcionó. De los 120 proyectos presentados, solo 12 llegaron a la final. Y el de Almendralejo fue el mejor valorado. Un resultado que confirma el trabajo previo, y que demuestra, una vez más, el talento educativo que atesoran los centros de Almendralejo.

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