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Club de senderismo LGBTI Extremadura: Hacen camino al andar

Comenzó como una iniciativa de un pacense para compartir intereses, ahora es el grupo más grande de España

Miembros del club en una ruta por Monfragüe

Miembros del club en una ruta por Monfragüe / LA CRÓNICA

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Irene Rangel

Irene Rangel

Badajoz

Raúl Abraham (Badajoz, 1966) pensó en 2011 que podría estar bien tener un grupo de amigos para practicar senderismo y compartir intereses. «A mí siempre me ha gustado la naturaleza. En aquella época no había ningún grupo LGBTI de este tipo. Si querías conocer a gente solo era a través de bares». Dicho y hecho. «Al principio era gay solo, porque por aquel entonces todo era gay, pero ahora hay diversidad». 

A día de hoy hay 565 miembros activos que se comunican a través de un chat de Whatsapp. En Instagram, donde hay personas que participan esporándicamente, hay alrededor de 1.200 personas. «Fuimos los pioneros en España. Ahora han surgido muchos grupos de senderismo LGBTI, pero somos el más numeroso y los primeros».

La filosofía va más allá de salir a caminar: los miembros comparten experiencias en cada camino que recorren. «Somos ya una auténtica comunidad, que es de lo que se trataba al inicio». Pero la cosa no queda en el caminar porque también se juntan ya para hacer actividades como ‘mindfulness’, yoga, cruceros por el Tajo o actividades acuáticas. 

Organizar a tanta gente no es tarea sencilla: crean un grupo de Whatsapp distinto para cada ruta, una al mes, donde entra la gente interesada en esa en concreto. «Caminamos por toda Extremadura pero también salimos de la comunidad: el mes pasado hicimos una ruta por Gredos y hemos ido también a Andalucía y Portugal». Los participantes son de puntos muy dispares de la región, por lo que la mayoría de las veces llegan la noche anterior a la ruta y duermen en casas rurales. «Lo bonito de estas actividades es lo que se crea más allá del senderismo: de aquí han salido muchas parejas, muchos amigos... el grupo viene de maravilla, sobre todo a gente que vive en zonas rurales a la que le cuesta más encontrar actividades LGBTI en su localidad. Se sienten más arropados». 

Para caminar con este club no hace falta ser del colectivo pero sí seguir ciertas normas. «Este es un espacio seguro. Hay que mandar una foto actual para tener a los nuevos miembros identificados: no podemos organizar una ruta y que se presente gente que no sabemos quiénes son, hoy en día por desgracia hay mucho discurso de odio, no podemos correr el riesgo de que venga alguien y se ponga a repartir palos. Es por seguridad. Hay mucho retroceso y homofobia en todas partes». 

Este fin de semana el grupo se junta para comer juntos en Badajoz con motivo de Los Palomos. «Todos necesitamos sentirnos parte de algo, es importante que las personas de a pie creen iniciativas para que estemos bien».

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