Cotidianidades

Las madres de los olímpicos extremeños

El deporte es sacrificio y gloria para el deportista, emoción para el público y orgullo para los padres

Álvaro Martín y Miriam Casillas.

Álvaro Martín y Miriam Casillas. / LCB

Diego Algaba Mansilla

Diego Algaba Mansilla

Aunque ahora soy espectador, antes he sido deportista. Cuando me retiré del fútbol empecé a correr. Participé en carreras populares de 10 kilómetros y en medias maratones. Empecé a correr en Llerena, un pueblo que ofrecía otros muchos atractivos alejados del deporte y de los que hablaré en otra ocasión. Llerena y su gente tienen más de un artículo. Llerena fue mi primer destino laboral. En lo deportivo, como he escrito antes, dediqué mi tiempo a correr. Corría por aquellos campos con mi amiga Lola, por entonces correr no estaba de moda como ahora. Íbamos solos por caminos llanos de la campiña que tenían sembrado a derecha e izquierda cereales. Cuando hacía viento se movía el trigo como una sincronizada coreografía a ritmo de folk irlandés. 

Un día nos encontramos de frente con dos niños que también venían corriendo, detrás de ellos y conduciendo un coche les daba instrucciones y ánimos un entrenador. Le pregunté a mi compañera por ellos. Lola, que era del pueblo y además maestra, conocía a casi todos los niños, y más a estos que eran de su colegio. Me dijo que uno era Álvaro Martín, el hijo de Macarena la veterinaria y el otro, que no recuerdo el nombre, el hijo de Basilio el abogado. Las primeras veces que los vimos iban corriendo. Si era raro encontrar por aquellos caminos gente corriendo, imagínense cuando al cabo de unas semanas los vimos haciendo marcha, con esos movimientos rápidos y eléctricos de brazos y piernas. Hubo una temporada que coincidimos casi a diario. Vi a Álvaro alguna vez más con su madre que, como digo, era veterinaria y pertenecía laboralmente al mismo centro de salud donde yo trabajaba.

Con el tiempo y ya destinado en Badajoz, empecé a ver a Álvaro en periódicos y televisión como marchador. Ganaba pruebas, fue creciendo deportivamente hasta llegar a ser campeón europeo y el año pasado consiguió ser campeón del mundo en 20 y 35 kilómetros marcha. Aquel niño con el que nos cruzábamos Lola y yo casi a diario por el camino que llevaba a Casas de Reina, el pueblo del teatro romano, ahora es el mejor del mundo en dos distancias de marcha. Me emociona cada vez que lo veo y cada vez que le oigo hablar con esa soltura, calma y sensatez. Además de ser campeón del mundo ha estudiado Ciencias Políticas y Derecho. 

Álvaro siempre que participa en alguna carrera, esté en el país que esté, esté en el escenario que esté, haya ganado o no, siempre entra en meta con la bandera de Extremadura y siempre menciona con emoción delante de un micrófono a su familia, a sus amigos, a su pueblo. Se maneja bien en las pistas y delante de un micrófono. Un muchacho que cada vez que lo veo me recuerda a aquel zagal rubio y pecoso que se cruzaba con nosotros por los caminos de Llerena. Le sigo y me emociona verlo en las carreras con las gafas negras y el gesto impasible llegando a la meta el primero. Si Álvaro me sorprendió, más me sorprendió su madre a la que no conocí actividad deportiva mientras viví en el pueblo. Sin embargo, un día la vi en un programa deportivo en una televisión nacional. Estaba subida en lo más alto del pódium como campeona de España en 10 kilómetros marcha para veteranos. No me acuerdo si me llevaba bien o no con ella, pero también me emocionó verla en el pódium ahora con pelo cano y ropa deportiva. Una mujer que lo que más escuchado a otros compañeros al hablar de ella es su inteligencia. 

Llerena es como si fuera mi pueblo y me alegro con sus triunfos igual que me entristecen sus derrotas, un pueblo singular de unos 6.000 habitantes que cuando yo vivía allí tenía artistas, pintores, actores, periodistas, escritores, bohemios, músicos cineastas, toreros y también al campeón del mundo de marcha.

Ahora en Badajoz

Actualmente trabajo en Badajoz, la casualidad ha hecho que coincida en mi centro laboral con la madre de otra excelente atleta, Miriam Casillas, especialista en triatlón. Hace años la veía entrenar en la Granadilla, cuando se estaba formando. Hace como un par de años me la presentó su madre en la puerta del Centro de Salud. Es todo fibra. Miriam, además de ser triatleta, una modalidad que combina natación, bicicleta y carrera a pie, ha estudiado Medicina. En el trabajo de su madre estamos pendientes de ella cuando participa en alguna competición importante. Una compañera, Lola Burgos, nos tiene al día. Cada vez que se publica alguna noticia de ella en prensa lo comparte en el grupo que estamos todos. La madre de Miriam, a la que no veo mucho porque siempre está muy ocupada, es psiquiatra de Salud Mental, es una persona de trato exquisito, agradable, amable, educada. Madres de atletas que cuando pueden viajan a los países donde compiten sus hijos. Madres orgullosas de hijos excepcionales. 

Si en este artículo estoy hablando de mujeres grandes, de madres de olímpicos extremeños, no me puedo olvidar de Lucía, la madre de Juancho Pérez. Tuve la suerte de conocerla. Nos teníamos cariño. Lucia era grande, como su hijo, como su corazón. Lucía era amiga de Milagros que por aquel entonces era mi suegra. Me gustaba verlas a las dos por Badajoz, llamaban la atención porque eran muy altas, espectaculares, las dos eran viudas, asistían a casi todos los acontecimientos culturales de la ciudad. 

A través de Lucía, conocí a Juancho. Un tío que estuvo en la élite del balonmano, jugó en la selección española dos olimpiadas, fue oro en el campeonato del mundo y lo mejor de él es que con todo lo que ha logrado en el balonmano no se le ha subido a la cabeza. Es un tipo sencillo, cercano y campechano igual que lo era su madre. Juancho impresiona si te lo encuentras de frente, es como un gigante bueno.

Otra madre de atleta olímpica extremeña que también me parece una mujer excepcional y a la que dediqué un artículo en estas páginas es María José, la peluquera a la que voy todos los meses, madre de la nadadora Fátima Gallardo retirada hace unos años. Hoy su vida transcurre al margen de la piscina. olímpicos extremeños y madres de olímpicos. 

Álvaro estará en las próximas olimpiadas, Miriam está a punto de ser seleccionada. Juancho y Fátima recordarán sus últimas hazañas. Cuando estoy pensando en terminar este artículo, suena en el exterior sirenas de coches de policías que van escoltado el autobús de la selección española de fútbol. El deporte es sacrificio y gloria para el deportista, emoción para el público y orgullo para los padres.