Congregación de clausura

Las clarisas de Badajoz salen del convento para vender sus dulces

Estas religiosas se han acercado a un hipermercado de manera puntual para fomentar sus ventas

Estas ventas suponen un ingreso extra "para pagar los seguros sociales" de once monjas

Desde la comunidad aseguran que "han sido dos ocasiones puntuales"

Sor María Teresa, a la izquierda, junto a sor Julia que atiende a una compradora.

Sor María Teresa, a la izquierda, junto a sor Julia que atiende a una compradora. / J. H.

Jonás Herrera

Jonás Herrera

Las hermanas María Jesús Carroza y Julia Romero instalaban su pequeño puesto a primera hora de la mañana el pasado sábado en las instalaciones de un hipermercado en la carretera de Valverde en Badajoz. Esta era la segunda ocasión que lo hacían, la anterior fue en la misma cadena pero en el barrio de Valdepasillas. "Hacemos esto porque hay muchas cosas que pagar en el convento", justificaba María Jesús.

Según esta religiosa de la congregación de Clarisas – Franciscanas, esto supone un ingreso extra: "Tenemos que pagar la luz, el agua y la seguridad social de once hermanas que nos dedicamos a elaborar los dulces", relataba.

Desde su convento de Santa Ana, elaboran dulces que hacen la boca agua solo de escucharlos: corazones de almendra, bolitas pecanas o yemitas de Santa Clara. En la calle Duque de San Germán venden sus manjares tras un torno, pero están abiertas al mundo mediante la venta 'online', "la gente nos conoce mucho de las redes sociales y piden mucho por la página web", cuenta sor María Jesús.

Pese a tener abierta algunas ventanas al mundo, siguen teniendo la vida de clausura y solo excepcionalmente salen, como es esta ocasión.

"Nunca habíamos comprado"

Hasta el punto de venta se acercaron muchos usuarios del centro comercial que, sorprendidos, se interesaron por degustar esas elaboraciones monacales. Francisco Olivera y María José López son un matrimonio de Puebla de Obando que nunca las habían visto: "Las conocíamos de oídas, pero nunca habíamos comprado ninguno de sus dulces, hemos probado y están riquísimos", decía López. "Hemos comprado magdalenas, yemas y sultanas, porque tienen una pinta...", confesaba Olivera sosteniendo la bolsa con la mano.

También Ana Ávila y su hija probaron las exquisitas elaboraciones: "Nos llevamos tejitas de almendra que a mí me encantan, la religiosa nos ha dado a probar las bolitas pecanas y están deliciosas", reconocía Ávila. Su hija de año y medio pedía repetir mientras saboreaba un pedazo de galleta rizada que sor María Jesús le había ofrecido. "Repetiremos, aquí o acercándonos al convento, porque están muy ricos los dulces", confirmaba esta pacense que a sus 36 años probaba por primera vez lo hecho por las clarisas.

Una oportunidad

Esta es una oportunidad no solo para los compradores, también para las religiosas, la posibilidad de poner sus elaboraciones a la venta en este centro comercial surgió del propio director del mismo, "nos dio la posibilidad y dijimos que sí", confirma la religiosa. Es una ocasión que aprovechan en una época en la que la venta de dulces baja "ahora en primavera y verano se nota que la gente toma menos dulces, ir allí supone una ayuda porque, además, nos ven", afirma la hermana Rocío Cortés. Ella atiende en el Monasterio, es de Colombia y lleva en Badajoz desde hace 10 años.

Las hermanas clarisas ya vendían sus dulces en este supermercado, pero la reconocen que si lo venden directamente se evitan pagar el porcentaje que se queda la gran superficie. Esta religiosa incide en que desde el centro tiene todo tipo de "facilidades, nos dejan venir siempre que queramos, pero esta no es nuestra vida", reconoce sor María Jesús.

"Nuestra función no es esa"

Por su parte, sor Rocío apunta que esta es una excepción en sus hábitos de clausura: "En el mercado navideño de San Francisco no participamos nosotras en la venta, solo asistimos de manera puntual". Mantienen esa postura porque aseguran que su "función no es esa, nuestra misión en el mundo es la vida contemplativa, la alabanza a Dios y rezar por aquellos que no pueden hacerlo, además de trabajar", explica esta hermana.

Su vida está en el Real Monasterio de Santa Ana, ese espacio que se fundó en 1518, fecha desde la que habita esta congregación en él. 20 son las clarisas que viven en él, guiadas por la madre abadesa sor María Teresa dedicándose a "la contemplación y al trabajo en humildad, sencillez y alabanza", como ellas mismas definen.

Esta congregación atiende pedidos de lavandería, esporádicamente de encuadernación, aunque su fuerte es endulzar la vida a todos los pacenses.