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Leyendas

¿Por qué la torre de Espantaperros de Badajoz se llama así? Estas son las dos teorías

Una tiene que ver con el calor de la ciudad, otra con las creencias de los ciudadanos pacenses

La torre de Espantaperros.

La torre de Espantaperros. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

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Irene Rangel

Irene Rangel

Badajoz

La torre de Espantaperros es uno de los perfiles más característicos de la ciudad de Badajoz. Cuando uno piensa en el 'skyline' de la ciudad, la forma de la torre siempre aparece.

De todas las torres albarranas de la Alcazaba pacense, esta es la más conocida y reconocible de todas. De planta octogonal y con unos 20 metros de altura, la edificación fue construida por los almohades en el siglo XII. Fue en la época cristiana cuando se le superpuso el actual remate de estilo mudéjar, cuya finalidad era alojar una campana.

Desde su creación, la torre ha sufrido vicisitudes de todo tipo. Según recogen distintos documentos, estuvo punto de ser demolida por su estado de ruina en varias ocasiones. También en el año 1856 fue retirada la campana de la torre debido a su mal estado. A día de hoy, el monumento está totalmente restaurado y en su interior se celebran encuentros organizados por la concejalía de Turismo. También vuelve a lucir su campana gracias a la colaboración ciudadana.

¿De dónde sale su nombre?

El verdadero nombre de esta construcción es la torre de la Atalaya, pero es tan poco conocido que muchos pacenses ni siquiera saben que esa es su denominación. En su lugar todos usan su nombre más común, la torre de Espantaperros. Pero... ¿de dónde sale?

Las leyendas y teorías alrededor del mismo son dos y tienen un denominador común: la campana.

La campana se colocó la torre de Espantaperros en diciembre de 2021.

La campana se colocó la torre de Espantaperros en diciembre de 2021. / S. GARCÍA

La primera hace referencia a las altas temperaturas que la ciudad alcanza en verano. Según cuenta la historia, los perros abandonados de Badajoz -antaño ciudad limitada a lo que hoy es el Casco Antiguo- acudían a 'dormir la siesta' o pasar las horas centrales del día a los alrededores de la torre puesto que esta proporcionaba una alargada sombra. En las horas de más calma, rodeados de silencio, el 'campanazo' que marcaba la hora asustaba a los canes, que huían despavoridos del lugar.

La segunda teoría tiene que ver con las religiones que han dado vida y forma a la torre. La leyenda dice que el tañido de la campana, colocada en su cúspide en época cristiana, 'ahuyentaba' a los infieles y no creyentes, también conocidos en la ciudad en aquellos años como 'perros'.

Sea como sea, ambas teorías le han regalado a la edificación un sobrenombre característico por el que pasó a la historia.

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