Han gastado miles de euros
Un año después de la borrasca Irene: Los vecinos de Tres Arroyos reconstruyen sus hogares con fondos propios
Los residentes afectados por el tornado afirman no haber recibido apoyo ni de las instituciones públicas ni de varias aseguradoras, quienes no han asumido responsabilidad por la situación

Cristina, Joaquín, Antonio, Domingo y Rosa, vecinos de Tres Arroyos, un año después del paso de la borrasca Irene. / Santi García
Claudia Goyeneche 1
Un año después del paso de la borrasca Irene, los vecinos de Tres Arroyos siguen pagando las consecuencias. Aquella madrugada del 16 al 17 de enero, lo que parecía una tormenta más se convirtió en un tornado que destrozó viviendas, arrancó árboles y dejó a decenas de familias en una situación frágil. Doce meses después, la herida sigue abierta: la mayoría de los afectados, como relatan, han tenido que costear la reconstrucción de sus hogares sin ayuda de aseguradoras ni instituciones. La lucha continúa y los vecinos «no piensan rendirse».
«El 17 de enero hizo un año. Y aquí estamos, habiendo pagado casi todo nosotros mismos», cuenta Rosa Guiberteau, una de las vecinas afectadas. Su casa quedó en esqueleto tras el tornado. «La aseguradora nos dio 6.000 euros al principio, luego 44.000 más, pero no llega. Hemos tenido que parar la obra porque no nos dan más dinero. Lo que nos ofrecieron no fue ni la tercera parte de lo que tenían que habernos dado». Rosa, junto a su marido Domingo, ha tenido que pagar de su bolsillo un perito para certificar los daños y, aun así, la aseguradora no ha cubierto el coste real de la reconstrucción. «Solo en contenedores para retirar escombros me he gastado 3.500 euros. En total, al completo, más de casi 50.000».
El problema, según los vecinos, no solo ha sido la falta de cobertura de los seguros, sino también la indiferencia de las administraciones. «El presidente de la comunidad envió un escrito con fotos de cómo quedaron las casas al Ayuntamiento de Badajoz. Seguimos sin respuesta», asegura Rosa. «Vinieron el alcalde y los concejales dos días después del tornado, pero como llovía tanto, se metieron en el coche y se fueron. No han vuelto».

El techo de la fachada de Rosa y Domingo destrozado tras el paso de la borrasca Irene, hace un año. / Santi García
Joaquín Delgado, otro vecino afectado, todavía recuerda la noche en que su familia se despertó con un estruendo. «Nos despertó un ruido como si se hubiera caído el mundo. Cuando salimos, vimos una encina centenaria arrancada de cuajo, desplazada seis metros y con las raíces a cuatro metros de altura». A pesar de los daños sufridos, su aseguradora se ha desentendido por completo. «Tengo aseguradas rachas de viento por encima de 80 km/h, y aquí se registraron más de 120. Pero no han querido hacerse cargo de nada. He tenido que costearlo todo con mi dinero. Ahora estoy de baja psicológica y en tratamiento», cuenta.
Antonio Rúa, otro residente de la urbanización, lo resume con frialdad: «Todo nos ha costado a nosotros el dinero». Nunca había tenido seguro de hogar y la lección ha sido cara. «Arreglar la nave, 1.500 euros; la alambrada, 1.800; el aparcamiento, 2.400; la portera, 1.400; el tejado, 4.000. En total, 14.000 euros de nuestro bolsillo». Rúa lamenta que, a pesar de pagar casi 600 euros de IBI, «ni el ayuntamiento ni la Junta de Extremadura han respondido a sus peticiones de ayuda».
El caso de Venancio, un hombre de 80 años que vive solo, es especialmente preocupante. Su nieta Isabel ha tomado las riendas de la situación, pero el desamparo sigue siendo total. «El tornado se llevó los tejados de sus naves, los animales, la valla... todo. Hicimos un escrito, recopilamos información, fotos, todo para entregarlo al alcalde, pero no ha dado la cara». A día de hoy, como señala Isabel, nada ha cambiado. «Pregunté al ayuntamiento y me dijeron que estas cosas van muy despacio».
Versión del consistorio
La versión oficial del ayuntamiento contrasta con la indignación de los vecinos. «No nos consta ninguna petición de reunión ni solicitud. Pero estamos abiertos a tener ese contacto», aseguran desde el consistorio.
Los vecinos, sin embargo, están convencidos de que han sido abandonados a su suerte. «Pagamos impuestos como todos y no hemos recibido nada. Nos sentimos en el limbo. Pero en el limbo no nos vamos a quedar. Vamos a seguir luchando», concluye Rosa.
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