Un cuarto de siglo enseñando de una manera diferente
Antiguos alumnos del Colegio Diocesano San Atón de Badajoz vuelven a su clase 25 años después
Nervios y miedo fueron los sentimientos que vivieron cuando entraron por primera vez en el centro, ahora se tornan en nostalgia y alegría cuando han cruzado de nuevo su umbral
Cuatro estudiantes de los que estrenaron este centro se reencuentran en las aulas que los vieron crecer

La profesora Fátima Botana, se reencuentra con sus exalumnos Francisco Jesús, Guadalupe, Guadiana y David. / Santi García

El olor a nuevo sigue volviendo a Guadiana Almena cuando recuerda sus primeros días en el Colegio Diocesano San Atón de Badajoz en septiembre del año 2000. «Me parecía un castillo. Había puertas y rincones por todos lados. Seguías un pasillo y llegabas a una capilla o a una escalera inmensa de mármol», rememora con emoción la pacense sobre sus primeros instantes en este centro.
Ella fue una de aquellas primeras alumnas que estrenó este centro que hasta la fecha solo ofrecía educación a los seminaristas. Estos días junto a sus compañeros lo viven con nostalgia porque están reviviendo momentos que casi permanecían olvidados.
Un reencuentro lleno de emoción
Abrazos, risas y besos se desataron entre cuatro de esos estudiantes en un encuentro que propició La Crónica de Badajoz. Almena abrazaba a David Bueno, años después de su último encuentro.

Guadiana Almena saluda a David Bueno en la puerta del Colegio Diocesano San Atón de Badajoz. / Santi García
Él era uno de los seminaristas que ya vivía y estudiaba allí cuando se abrió el colegio al resto de adolescentes de la ciudad. Otro de aquellos niños era Francisco Jesús Padilla, que también acudió a la cita, igual hizo Guadalupe Dávila. Los cuatro se volvieron a juntar en la entrada que a diario rebasaron durante años.
La emoción era más que evidente en los rostros de estos antiguos estudiantes al encontrarse con los que tanto les enseñaron. Don Paco, Don Carlos o Doña Loren, como ellos mismos mencionaron, fueron algunos de los docentes que volvieron a ver.
«Un viaje a la nostalgia»
Juntos recorrieron algunos de los pasillos que tantas veces transitaron: «Hay muchísimos cambios. Éramos de tiza y pizarra, ahora hay proyectores. La sala en la que hacíamos los exámenes ahora es un aula más», enumera Padilla. Para su compañero David Bueno, es como si de «un viaje a la nostalgia» se tratara. «Volver es muy agradable para mí. Es un regalo el reencuentro con los compañeros y profesores», asevera Dávila.
Todos viajaron 25 años atrás con tan solo cruzar esas puertas. «Cuando he entrado, mi corazón ha latido muy fuerte», aseguraba Almena mientras se sentaba en una de las sillas que hace un cuarto de siglo ocupó. «Recuerdo que venía con miedo porque era un centro diferente a los institutos de Badajoz», reconoce.
Experiencias imborrables
De entre todos esos momentos, ella y Dávila recuerdan los grandes ensayos y actuaciones que hicieron con el coro. En parte esa experiencia hizo que Guadiana Almena apreciara la música como una posibilidad de futuro, como así ocurrió. Su compañera, además, resalta que muchos de sus amigos en la actualidad proceden de aquella etapa: «Sacamos un gran grupo de amigos que seguimos quedando con asiduidad».
Padilla también vive una situación similar con sus compañeros de clase. Ha ido a las bodas de muchos compañeros de pupitre y mantienen un contacto fluido con el resto a través de un grupo de WhatsApp.
Familia, fraternidad y cercanía
Quien trabaja activamente por fomentar ese contacto entre los ex estudiantes del centro es David Bueno. Es secretario de la asociación de Antiguos Alumnos recientemente creada. Él tiene en sus recuerdos los días del centro en la festividad de San Atón, «también lo pasábamos muy bien el día del bocata solidario o las gymkhanas que se organizaban».
La celebración de este tipo de eventos transmitían muchos de los valores del centro: familia, fraternidad y cercanía del profesorado con los alumnos. De ellos los exalumnos guardan grandes recuerdos: «Eran y son grandes profesores, todos muy cercanos y muy implicados», coinciden.
«Referente educativo y de valores»
Bueno destaca que ellos fueron los responsables de que el colegio diocesano se convirtiera en el «referente educativo, de valores, de amistad y de fe que hoy es». A ello Almena suma que para ella «fue un absoluto privilegio estudiar aquí». Junto a ella, Guadalupe Dávila añade el sentido que para ella cobra ahora que es madre «los valores y modelo de vida que nos transmitieron. El ser totalmente analógicos en aquel momento jugó a nuestro favor», asegura.
Francisco Jesús Padilla va más allá: «Los valores de vida que tengo ahora vienen de mi familia, pero también de la conexión que se dieron entre seminario y colegio».
Llenos de recuerdos de grandes enseñanzas
En este sentido, Padilla reconoce que uno de los aspectos que más valora de su antiguo centro es «el fomento de las vocaciones, no solo al sacerdocio». Él era seminarista y finalmente estudió derecho, pero recuerda que «había especial preocupación por parte de los profesores en nuestro futuro. Conversaba mucho con don Diego y don Carlos Ubieto que me ayudaron mucho a escoger mi camino», confiesa. De don Diego, el director, Dávila recibió una de las mayores enseñanzas: «Me pillaron fumando en el colegio y con su ayuda y los trabajos que me mandó me ayudaron a dejarlo», recuerda con agrado.
David Bueno tiene claro que lo que más le marcó de su etapa en el colegio fueron las clases de Historia de Ricardo Luengo: «Me creó una inquietud muy grande por seguir profundizando en la historia de la Iglesia». Esto fue fundamental para completar su formación en teología en su camino hasta ordenarse sacerdote.
Un camino que pisa con firmeza este centro educativo que trabaja para celebrar muchos cuartos de siglo más.
Historia y evolución. Un centro familiar, diverso y peculiar
El Colegio Diocesano San Atón se abrió para que todo tipo de alumnos pudieran estudiar en él en el curso 2000-2001. La intención de Antonio Montero, arzobispo de Mérida-Badajoz, era garantizar la formación de los seminaristas menores. Entonces el grupo era escaso y era complicado mantener su formación en el centro, por ello se abrió a todos los públicos creando este colegio concertado. «Es un colegio familiar en el que se potencian las cualidades individuales de cada alumno y se enseña mucho más que las asignaturas», define Fátima Botana, una de las profesoras que inició la andadura en el colegio hace un cuarto de siglo. A ello, Diego Muñoz, su director, añade la cualidad de «muy diverso. Es muy rico en cultura y muy peculiar, ya que acoge a los seminaristas de Badajoz».
El modelo educativo nada tiene que ver con el que ofertan otros centros, los alumnos tienen cada día 30 minutos de formación complementaria a través de los ‘talleres de inteligencias múltiples’, en los que cada profesor enseña materias que no forman parte de su asignatura. Fotografía, patinaje, rugby o baile son algunas de ellos. El centro se ha adaptado a las necesidades de cada etapa. Incluyó el bilingüismo, las nuevas tecnologías, los intercambios internacionales ERASMUS y próximamente añadirá una nueva línea en 1º de la ESO ante la gran demanda de años atrás.
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