Copatrona de Badajoz
La lluvia embarra el día grande de la romería de la Virgen de Bótoa
Las precipitaciones no han sido suficientes para que los pacenses acudan a su cita con la reina de los campos

Jota Granado

La lluvia que ha acompañado en los últimos días a la ciudad no ha faltado tampoco al día grande de la romería de la copatrona de Badajoz, la Virgen de Bótoa.
Al igual que ocurrió en la jornada del sábado, cuando se suspendieron la misa de campaña -en el exterior de la ermita- y el rezo del rosario en procesión, las precipitaciones han hecho que los actos previstos en honor a la reina de los campos se hayan tenido que modificar.
Cambio de planes
La misa, que estaba previsto fuera de campaña, se ha celebrado en el interior de la ermita. A ella han acudido autoridades civiles, militares y representantes de las hermandades y cofradías de la ciudad, así como un gran número de pacenses que no han faltado a su cita con la copatrona de Badajoz.
El templo mariano se ha quedado pequeño para albergar a todos los que han querido participar en este acto religioso. Tanto es así, que se han tenido que instalar algunas sillas de plástico en el atrio de la ermita para aquellos que no han podido acceder al interior.
Cita obligatoria
Para muchos pacenses esta es una cita obligatoria, "una cita con la madre". Un vínculo que en muchos casos se ha fraguado desde que eran muy pequeños. Así lo ha asegurado el sacerdote que ha oficiado la misa en la homilía: "De niños nos trajeron nuestros padres y nos dijeron: Esta es tu madre, la del cielo. Y así la hemos acogido desde niños".
La misa ha estado acompañada musicalmente por la asociación de Coros y Danzas ‘Extremadura’, que ha cantado la misa extremeña. De igual manera, como marca la tradición, el grupo de las Lavanderas también ha acompañado a su "virgencita" muy de cerca.
A las 12.20, y antes de finalizar el acto religioso, Gonzalo Robles, hermano mayor de la Virgen de Bótoa, ha anunciado que la procesión se suspendía, pero que la sacarían "como mínimo al atrio" para que se encontrará con su pueblo.
Allí se ha vuelto a encontrar un año más con centenares de personas que no han faltado a esta tradicional romería de Badajoz y que han atestado este patio de acceso a la ermita.
Fieles a la cita
Entre ellos muchas familias han acudido a esta cita obligadas a cumplir con la tradición. Es el caso de la familia Crespo Villaroya. Rafael y Celes vinieron con sus padres de niños y hoy han llegado con sus hijas, Alicia y Verónica, pero también con su nieto Manuel. "Esta es una alegría e ilusión muy grande poder juntarnos y venir a la ermita significa mucho", afirma Celes.

La familia Crespo Villaroya tras la eucaristía en honor a la Virgen de Bótoa. / Jota Granado
El pequeño ha sido uno de los que más miradas ha atraído al llegar vestido con el traje tradicional de Don Benito. La madre de Manuel pertenece al grupo folklórico que ha amenizado la eucaristía, por eso su indumentaria. Además, su abuelo, Rafael Crespo, es el hermano mayor de la cofradía de San Isidro, el otro patrón del campo de Badajoz. Por tanto, el pequeño vive desde la cuna muy firmemente las tradiciones de la ciudad. "Siempre hemos vivido las romerías de Badajoz muy intensamente, por eso estamos tan metidos en la cofradía de San Isidro, intentando que no se pierda en el olvido", asegura Celes Villaroya.
"Siempre hemos vivido las romerías de Badajoz muy intensamente, por eso estamos tan metidos en la cofradía de San Isidro, intentando que no se pierda en el olvido".
Por su parte, Alicia contaba emocionada que para ella es una tradición muy arraigada: "A mí desde pequeña me han traído vestida de extremeña y que hoy venga él vestido de folklore y el día de la madre es una ilusión grandísima", contaba. Esta es la primera romería para el pequeño Manuel y esperan que sea "la primera de muchas", decía minutos antes de la ofrenda en forma de baile que hizo la asociación folklórica a la copatrona.
Patrona hispanolusa
Entre los asistentes mucho público luso. Este es un evento al que acuden muchos vecinos de Portugal, Anabela Ferrera fue una de ellas. Es de Campomaior y esta es la primera vez que venía para ver cómo era la fiesta en honor a la Virgen. "Desde siempre me han comentado que era una romería bonita y por eso hemos venido, pero el tiempo no nos va a permitir ver nada", dice esta vecina lusa.
Ha llegado con su marido y su hija, pero la lluvia ha impedido que disfrutarán de ella, por eso ya se han emplazado a volver el año que viene.
Varias generaciones
En la reja del atrio se apostaba Vicen Jorge que participó por primera vez de la romería de Bótoa cuando era una niña. "Esto me trae muchos recuerdos, por ejemplo esos ratos con la manta en el suelo y la comida dentro de la cesta de mimbre", rememora.

Vicen, su hija Marta y sus nietos durante la subasta del ramo y el rosario de la Virgen de Bótoa. / Jota Granado
Hoy ha venido acompañada por su hija y sus nietos y para ella supone la transmisión de una tradición muy pacense, ya que por el momento son cuatro las generaciones. Esta familia tiene una casa muy cerca de la ermita y la hija de Vicen, Marta Romero, se bautizó frente a la Virgen hace 39 años. "Para mí Bótoa es familia, tradición y fe", describía Romero mientras que se subastaban el rosario y ramo de la Virgen.
El rosario ha sido adjudicado por 1.200 € y el ramo por 1.500. Esto ha finalizado minutos antes de las 13.00, apresurado por la proximidad de precipitaciones. Han devuelto a la reina de los campos a su ermita e instantes después la lluvia ha hecho acto de presencia.
Unas precipitaciones que han deslucido una fiesta popular, pero que no han impedido encontrarse con la Virgen de Bótoa.

Acampada «al 5% de otros años»
La tradición marca que la romería en honor a la Virgen de Bótoa se viva durante todo el fin de semana. Por ello, muchos pacenses y vecinos de otras pedanías acampan desde el viernes. Este año por la cantidad de lluvias acumuladas en los últimos días el terreno estuvo repleto de barro. Pese a estas condiciones muchos quisieron ser cumplir con la tradición y pasaron la noche en tiendas de campaña. Uno de los grupos mejor preparados fue el de José Martín y sus amigos. Todos llegados desde Valdebótoa desplegaron sus tiendas de campaña y sus utensilios para continuar con una costumbre que vive en su caso desde el año 1958.
Aunque la meteorología adversa hizo que la dehesa donde se instalan los romeros estuviera «al 5% de otros años».
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