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Entrevista

Diego Yebra, primer fiscal especial Antidroga en la provincia de Badajoz: "La violencia entre los clanes de la droga ha aumentado"

Se pone al frente de la lucha contra el narcotráfico en un territorio en el que el tráfico de sustancias estupefacientes y la violencia que se genera en torno a esta actividad han crecido exponencialmente. Con grupos criminales organizados que invierten cada vez más en medios para eludir la acción judicial y con conflictos entre bandas que no están dispuestas a dejarse comer su parte del pastel, su misión fundamental será coordinar las acciones para que sobre ellas caiga el peso de la ley

Diego Yebra, primer fiscal especial Antidroga en la provincia de Badajoz.

S. GARCIA

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Belén Castaño Chaparro

Belén Castaño Chaparro

Badajoz

El aumento de los delitos relacionados con el tráfico de drogas, la cada vez mayor complejidad de los procedimientos penales, la cuantía de los alijos intervenidos en los últimos años y las conexiones internacionales de este tipo de delincuencia, especialmente con Portugal, son algunas de las razones que han llevado al nombramiento, por primera vez, de un fiscal especial antidroga en la provincia de Badajoz. El designado es Diego Yebra, que suma esta función a la delegación especial autonómica de Tráfico que ya desempeñaba.

Su mayor preocupación, según reconoce, es el «enorme daño» que la droga causa en la sociedad en general y, especialmente en los jóvenes, «porque consumir no solo supone una dependencia para toda la vida, sino que desencadena enfermedades, quiebra a las familias y causa la rotura de la paz social».

-¿Qué ha cambiado en los últimos años para que Badajoz requiera un fiscal especial Antidroga?

-Antes existía únicamente en las provincias costeras, que era donde mayor incidencia había de los delitos de salud pública, pero las circunstancias de la provincia de Badajoz han variado. Ha sido un procedimiento largo. Aquí ya hace tiempo que se detectó un incremento importante de las aprehensiones, como los 240 kilos de cocaína interceptados en Mérida; hay muchísimas plantaciones de cannabis; somos un punto fronterizo importante, con una amplia frontera con Portugal; y es un sitio, a veces, realmente conflictivo. Las incautaciones siguen en aumento y nos hemos convertido en la principal provincia de paso con el cruce de dos autovías importantísimas, la que va de Lisboa -el puerto de Sines- a Madrid y a Europa, y la Vía de la Plata, que conecta la costa andaluza con todo el norte de España. Esos dos cruces hacen que haya un montón de sustancias estupefacientes que pasan por Extremadura y que Mérida sea un punto de depósito de la droga para poder distribuirla y acercarla rápidamente a cualquier otro lugar.

-¿Cuáles son sus principales funciones?

-Sobre todo la coordinación a nivel estatal, que es muy importante, porque tenemos enlace directo con los diferentes compañeros. Hay muchas entregas vigiladas y controladas de droga que vienen de otras provincias y países y aquí se distribuye. Una mejor coordinación hará que no sólo sepamos quién lo envía, sino quién es el receptor y cómo se distribuye en España. Al final supone una mejor eficacia y eficiencia del servicio.

-¿Ha crecido la violencia entre los clanes de la droga?

Sí, ha aumentado. Una de las mayores problemáticas de los delitos de salud pública son los conflictos entre las organizaciones criminales dedicadas a ello. Son muy violentas, utilizan armas de fuego y hay ajustes de cuentas. Es evidente que la violencia ha crecido, se ve en Badajoz, en Mérida y en todos aquellos sitios en los que hay conflictos entre las bandas. Todos quieren hacerse con el pastel, que es muy jugoso; entre ellos se pelean y no se andan con paños calientes, van hasta el final. Los clanes de la droga siempre han tenido armas, pero no eran habituales los tiroteos y estaban circunscritos a unas barriadas muy concretas. En los últimos años se han producido muchos fuera de esas zonas, ha habido asesinatos, que no eran frecuentes, incendios, amenazas, todo tipo de coacciones y extorsiones, secuestros... y todo eso deriva de este negocio ilícito. Las bandas utilizan cada vez armas más potentes, de guerra; eso está pasando en toda España y genera un enorme riesgo para la policía.

-Las bandas establecidas en Badajoz y su provincia, ¿están identificadas?, ¿cómo se lucha contra ellas? 

-Tienen mucha experiencia, cuentan con una larga trayectoria criminal y resulta muy difícil luchar contra ellas porque su ramificación es muy extensa. Actuar contra todos es muy difícil, se detiene a unos cuantos y rápidamente hay quienes los sustituyen y, por lo tanto, la venta parece que no acaba. Por eso hay que luchar de manera coordinada para erradicarla.

-¿Los narcotraficantes van por delante de la fiscalía y las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado en medios?

-Mueven tanto dinero y tienen tantos beneficios que siempre van por delante. No solo en los vehículos: los móviles que tienen son de última generación, tienen conversaciones encriptadas, utilizan el Encrochat, los nuevos medios de comunicación a través de Whatsapp y teléfonos que muchas veces son complicados de desencriptar o no se pueden volcar. Gastan mucho dinero en su protección porque les da muchísimo beneficio. Siempre disponen de más medios que los cuerpos de seguridad dedicados a la lucha antidroga.

-¿Necesita la fiscalía más medios materiales y humanos o es necesario un cambio en la legislación?

-Desde mi punto de vista, para poder luchar se necesita una inflexión total en la aplicación de la ley. Las penas son proporcionadas, pero se tendría que facilitar una legislación más permisiva para los medios de investigación. Es evidente que hay que garantizar los derechos fundamentales, pero muchas veces se quiere entrar en un piso de narcotraficantes y los medios de los que dispone la policía son insuficientes, porque ellos tienen rejas, puertas blindadas, aguadores y un montón de medios, y la policía, no. Si la policía a nivel Badajoz quiere hacer una entrada y registro, tiene que pedir apoyo a otros grupos especializados, que vienen de otros lugares, por lo tanto, siempre vamos un poquito a remolque, a pesar del esfuerzo de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

-Se desmantelan puntos de venta de droga, plantaciones y vuelven a surgir, incluso dirigidas desde la cárcel.

-Son redes muy implantadas, con muchísimos tentáculos y, si falla uno, ahí otro brazo que asume la gestión y la dirección. Por eso es una lucha constante y hay que intentar que el peso de la ley caiga sobre aquel que está atentando contra la salud pública de todos los ciudadanos. Se tarda, hay que insistir, porque la justicia es lenta, pero acaba llegando. Los grupos se descabezan con constancia y persistencia.

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