XV Premios Empresario de Badajoz. Premio Autónomo
Carmen García Mena: "Los autónomos somos los grandes olvidados, no nos tienen en cuenta"
Es humilde y dice que hay mujeres que trabajan más que ella. Vive en Campillo de Llerena y siempre tiene (salvo a la hora de la siesta) su teléfono abierto para que sus vecinos la llamen para concertar un viaje en su taxi. Regenta también una ferretería y un almacén de material de construcción. Y es ama de casa. A sus días les faltan horas

Carmen García Mena, en su ferretería de Campillo de Llerena. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Carmen García Mena acaba de llegar de un viaje a Zafra y está intentando poner en orden las facturas. «Me cuesta la misma vida», reconoce. Son las facturas «de las tres cosas, mi capitán». Se refiere a sus tres negocios: el taxi, la ferretería y el almacén de material de construcción, que regenta en Campillo de Llerena (Badajoz).
Carmen recibe el próximo jueves, 13 de noviembre, el Premio Autónomo, uno de los galardones que se entregan en la gala de los XV Premios Empresario de Badajoz, en el Edificio Ibercaja.
Esta mujer polifacética heredó el taxi de su padre, que «siempre fue taxista y mi abuelo también». Además, su padre tenía con sus tíos y sus primos un almacén de construcción. Cuando sus hijos crecieron y se hicieron mayores, su padre compró camiones a sus hermanos y Carmen se quedó con él en el almacén. Empezaron entonces a montar la ferretería «poco a poco: primero los tornillos, luego otras cosas, hasta que la llenamos». Por eso compagina los tres trabajos. «Mi padre murió, me quedé sola, tengo un empleado y entre los dos lo hacemos todo, con la inestimable ayuda de mi marido, que trabaja en otro sitio, pero me echa una mano cuando puede».
Aun así, lo lleva bien. «Me faltan muchas horas en el día, pero bueno, como decía san Isidro: haré lo que pude, no me queda otra». Carmen es de refranes. «Me sé muchos, en los pueblos es así».
A esta mujer le gusta su vida en Campillo. «En los pueblos no se vive mal y menos ahora, que hay comunicación con todas partes». Por la mañana estuvo en Zafra y por la tarde, en Sevilla. Un de sus frases es «que podría comer pan de un sitio distinto cada día, salgo mucho y me gusta la tranquilidad del pueblo». Además, está la relación con los vecinos. «Aquí todo el mundo te conoce y para cualquier cosa que pasa, en los pueblos son más abrigados».
El problema está en la despoblación. Las nuevas generaciones no quieren, no pueden quedarse. «No por falta de trabajo, porque ahora mismo en la albañilería y en el campo hay mucho, pero claro, la gente no estudia para quedarse cuidando ovejas, lógicamente, estudia para salir, igual algún día se arrepienten de haber salido de los pueblos». Carmen tiene una hija. Está estudiando quinto de Medicina. Quiere ser anestesista y su aspiración es trabajar «en un hospital grande». No podrá ser en Campillo.
«En el almacén de construcción se fía mucho, me pagan como pueden, mi padre era así»
Están notando que la nueva generación se marcha. «Estudian y claro, ¿aquí qué futuro hay?, aquí el campo o los albañiles, otra cosa no hay». Esta mujer sabe que «es muy complicado» encontrar la manera de retener a los jóvenes en los pueblos. «Además, la gente joven tiene otra mentalidad distinta a la de mi generación: nosotros estábamos más enfocados al trabajo y si tenemos que echar 18 horas al día las echamos, eso no se lo puedes pedir a la gente joven, tienen otras aficiones, lo veo bien por una parte, pero por otra parte los pueblos cada vez se van a quedar más despoblados».
Carmen es autónoma por partida triple. Y como todos los autónomos, se queja, porque tienen muchas razones para hacerlo. «Somos los grandes olvidados, nunca se nos tiene en cuenta, vamos, se nos tiene en cuenta a la hora de pagar, pero en verdad no nos ayudan». Y son los autónomos los que sostienen el medio rural. Carmen siempre ha vivido en Campillo «y siempre he sido autónoma». Nunca se planteó marcharse. «He sido muy padrera, mi padre para mí era el centro de mi vida y me quedé con él hasta el final».
Sus negocios van bien. Trabajo nunca le falta. Cuenta que la construcción es un poco deficitaria, porque el margen de beneficios es pequeño y además ella fía mucho a sus clientes. Son sus vecinos «y me pagan como pueden, si van a hacer una obra yo los ayudo, mi padre era así y yo sigo igual, no he cambiado en ese aspecto». No es así en la ferretería, «que suele ser vendido y cobrado» y el margen de beneficio es mayor. También el taxi va muy bien. En Campillo hay otro taxista. Hombre. En el pueblo existe negocio para el taxi. Carmen cuenta que aunque casi todos tienen coches, la mayoría «utilizan el coche para muy cerquita, pero no son capaces de ir a Madrid, y personas mayores, esos son mis clientes». No le faltan. «Yo intento atenderlos, no me gusta dejarlos tirados, incluso llamo para que cambien la hora de la cita, aunque a veces me sobra trabajo». Mañana y tarde. Cuando tiene que viajar, cierra la ferretería, «no me queda otra».
«La gente joven tiene otra mentalidad, nosotros estamos más enfocados al trabajo»
Los tres sectores en los que Carmen trabaja se consideraban tradicionalmente masculinos. Ella cree que eso era antes. «Quizá cuando yo empecé, hace 26 años, estaban más masculinizados, pero ahora mismo no, ninguno de los tres sectores». En todas sus obligaciones el aprendizaje es continuo. Hasta la ferretería le resulta fácil. «Como lo haces cada día, te acostumbras, sobre todo a traducir: quiero una cosita de esas que van... y tienes que averiguar lo que quieren».
Su teléfono está disponible a todas horas. A todas no: «menos el rato de la siesta, no la perdono, si me da tiempo a descansar, apago el teléfono». Pero el resto del día, por la noche incluso, siempre contesta. A deshoras, sobre todo para asistencias en carretera, que suelen ser de madrugada. «La verdad es que no paro, mi día es largo». A todo sus quehaceres añade que es ama de casa. Cocina por las noches, el domingo si puede hace para cuatro días y limpia el fin de semana o cuando acaba el día. «Estoy acostumbrada, no me parece tan difícil, por eso, con el Premio Autónomo pienso que hay mujeres que tienen más trabajo que yo». Además de autónoma, humilde.
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