Patrimonio cultural
Daniel Jiménez, arquitecto: «No somos conscientes del enorme patrimonio defensivo que tenemos en Badajoz»
El libro 'Fortificaciones de Badajoz', reconocido con el Premio Editorial COADE, reúne una década de investigación sobre la evolución histórica de las murallas de la ciudad
En él se revelan estructuras ocultas, hallazgos arqueológicos y propuestas para mejorar la conservación del conjunto

El arquitecto Daniel Jiménez, coautor del libro 'Las Fortificaciones de Badajoz'. / Santi García

Pocas ciudades europeas conservan un sistema defensivo tan grande como el de Badajoz. La ciudad reúne más de cinco recintos históricos —desde la Alcazaba hasta el cinturón abaluartado del XVII y XVIII— que suman más de cinco kilómetros de muralla. Es un caso excepcional en la península. Sin embargo, buena parte de la población desconoce la verdadera dimensión de este patrimonio.
Y es que el día a día ha vuelto este enclave casi invisible. La mayoría de los pacenses camina junto a muros medievales, aparca en antiguos fosos o pasa por calles que antes fueron muralla sin saberlo. Todo está tan integrado en la ciudad actual que cuesta reconocer que forma parte de un mismo sistema defensivo.
Es verdad que entender todo este conjunto no es sencillo. Por este motivo, un equipo de especialistas lleva más de una década documentándolo. “Ha sido un trabajo larguísimo, técnico, pero fascinante”, señala Daniel Jiménez, arquitecto y coautor de 'Las Fortificaciones de Badajoz', el libro galardonado con el Premio Editorial COADE. Junto a él participan Jaime Olivera, Javier Gómez de la Peña, Jorge López y Julián Prieto, los mismos profesionales que elaboraron el Plan Director de 2013.
Este trabajo de investigación permite hoy comprender con exactitud cómo y por qué Badajoz acumuló tantos recintos defensivos. La explicación está en su condición fronteriza. “Badajoz ha tenido que fortificarse continuamente desde que nació”, explica Jiménez. “Nuestra posición en la frontera más antigua de Europa obligó a la ciudad a adaptarse a guerras, asedios y alianzas que iban cambiando en cada época”.

Badajoz, 12 de Junio de 1739. D. Ignacio de Salas. Recurso visual de la publicación. / Libro 'Las Fortificaciones de Badajoz'
Para entender este crecimiento defensivo hay que mirar atrás. La ciudad fue levantando murallas según lo exigía cada época. Primero llegó la Alcazaba andalusí; después, varias cercas medievales que ampliaron la superficie habitada; y, más tarde, la gran muralla abaluartada de los siglos XVII y XVIII. “Cada periodo histórico dejó su propia capa”, resume Jiménez. “Por eso hoy encontramos estructuras tan distintas conviviendo en un mismo perímetro”.
Una característica clave de todo este conjunto es que no todo lo que existió está hoy a la vista. No porque no se conserve, sino porque permanece bajo la superficie urbana. Muchos elementos solo salen a la luz cuando se abre una calle, se levanta una acera o se interviene en un edificio del casco antiguo. Jiménez lo explica de forma sencilla: “Cada obra es una oportunidad para que aparezca un fragmento que no sabíamos que seguía ahí”. Durante las obras del Camino Cubierto, por ejemplo, aparecieron pavimentos medievales del desaparecido barrio de San Salvador, con motivos florales que llamaron la atención del equipo por su rareza. “Es muy poco común encontrar decoración figurativa en un entorno musulmán”, explica Jiménez.
A veces, los hallazgos no son grandes estructuras, sino detalles mínimos que sobrevivieron siglos. Otro ejemplo es el de los grafitos almohades localizados en varios lienzos de muralla: pequeños dibujos de barcos trazados por los propios constructores. “Son idénticos a los que aparecen en una fortificación del norte de África”, señala el arquitecto. La coincidencia apunta a que algunos de aquellos marineros o soldados trabajaron en ambos lugares, dejando allí y aquí los mismos motivos. Son marcas casi invisibles que cuentan historias que no aparecen en los documentos.
Otro de los puntos que mejor ilustra esa vida cotidiana en una ciudad expuesta a ataques constantes es la Torre de la Coracha, la estructura que protegía el descenso hacia el Guadiana para recoger agua. Durante los trabajos de investigación salió a la luz un dato sorprendente: en los peldaños aún se conservan las huellas de quienes la construyeron. “Son pisadas reales, marcadas en el mortero antes de que endureciera”, explica Jiménez. “Verlas te conecta directamente con las personas que levantaron la fortaleza”.

Daniel Jiménez es uno de los coautores del libro. / Santi García
La investigación también ha permitido identificar restos de antiguas estructuras que formaban parte del sistema defensivo exterior. Son los llamados fuertes de tierra, posiciones levantadas fuera de la muralla principal para frenar un ataque antes de que llegara a la ciudad. “La primera línea de batalla”, explica Jiménez. Su presencia ayuda a entender que la defensa de Badajoz no se limitaba al recinto amurallado: se extendía hacia el campo abierto, creando un perímetro mucho mayor del que se percibe en la actualidad. Todo este recorrido —los restos visibles, los que permanecen ocultos y los que solo aparecen cuando se interviene en la ciudad— está reunido y explicado en 'Las Fortificaciones de Badajoz'. El libro ordena más de diez años de documentación técnica y la convierte en un relato accesible, capaz de mostrar la evolución completa de las defensas sin perder rigor. “Nuestro objetivo era que cualquiera pudiera entender por qué Badajoz es como es”, señala Jiménez. “Si conoces la historia de estas murallas, empiezas a mirar la ciudad de otra manera”.
Valor cultural y turístico
Más allá de su interés histórico, las fortificaciones tienen hoy un valor fundamental para la ciudad. Por un lado, son un elemento identitario: ayudan a entender cómo nació Badajoz, por qué creció donde lo hizo y qué papel jugó durante siglos. Pero también representan un activo cultural y urbano que pocas capitales españolas poseen. “La muralla no es un monumento aislado”, señala Jiménez. “Es un sistema completo que puede convertirse en un espacio público de enorme calidad si se gestiona bien”. El arquitecto recuerda que los baluartes, fosos y recorridos perimetrales permiten crear rutas, miradores y zonas verdes continuas que enriquecerían la vida diaria de la ciudad y su atractivo turístico. "No somos conscientes del enorme patrimonio defensivo que tenemos en Badajoz", admite Jiménez.
De la misma manera, la publicación también recupera parte del trabajo del Plan Director de 2013, entregado a las instituciones, donde el equipo identificó qué zonas de la muralla necesitaban intervención y qué mejoras podrían facilitar su uso. Una de las ideas más destacadas era mejorar la accesibilidad a la Alcazaba y al camino de ronda, zonas que hoy siguen siendo difíciles de recorrer para muchos ciudadanos.
A medida que la investigación avanza y las administraciones retoman parte de aquellas propuestas, el reto es que la ciudadanía perciba este patrimonio como algo propio. Para Jiménez, ese es también el sentido final del libro. “Cuanto más entendamos lo que tenemos, más lo valoraremos”, afirma. Para el arquitecto, conocer las fortificaciones es el primer paso para protegerlas. También es el primer paso para aprender a reconocer el valor cultural y patrimonial de un sistema defensivo único e inigualable. Un enclave presente en nuestro día a día que guarda una historia de miles de años.
- Colapso en Sagrajas (Badajoz) por la Navidad: retenciones de 4 kilómetros y accesos cortados ante la avalancha de visitantes
- Pepe Jerez, 10 años con mando en plaza
- Ya hay sentencia por el asesinato de Belén Cortés en Badajoz: condenados los dos menores a 6 años de internamiento y a 5 la adolescente como cómplice
- Se descuelga una guirnalda de la iluminación navideña en la plaza de España de Badajoz
- La Falcap propone dividir el Gran Desfile del Carnaval de Badajoz debido a la masiva participación
- La magia navideña de Óbidos dispara la demanda entre las familias de Badajoz
- Alfonso IX vuelve a Badajoz ocho siglos después con un monumento en su honor
- Un coche invade la acera y se empotra contra un árbol frente a la rotonda de los Corazones de Badajoz