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Un día de diálogo y té árabe

«La mezquita de Badajoz es también del pueblo pacense»

La comunidad musulmana celebra una jornada de puertas abiertas para reforzar la convivencia y acercar el templo del Gurugú a los vecinos

Claudia Goyeneche

Claudia Goyeneche

Badajoz

Lo primero que hay que hacer al llegar es saludar y descalzarse. Sin zapatos porque aquí el suelo es un espacio sagrado, un lugar limpio que se pisa con calma. María García Bermejo y Francisco José Jaramillo no lo sabían, pero lo han aprendido este sábado en las jornadas de puertas abiertas de la mezquita del Gurugú.

Lleva 30 años en la avenida principal del barrio, pero para muchos sigue pasando desapercibido. Es el único templo musulmán de la ciudad y, aun así, sus responsables aseguran que nunca se han sentido solos. Cada año, en estas jornadas, lo comprueban. «Este templo es también del pueblo pacense», señala el imán Adel Najjar, orgulloso de la acogida que, dice, siempre han recibido en Badajoz.

Dentro, el ritmo es otro. Huele a té con hierbabuena y los dulces son de otro mundo. En esta edición han llegado vecinos del barrio, amigos y grupos de asociaciones que trabajan con la interculturalidad. Muchos pisan la mezquita por primera vez, otros repiten cada año.

«Siempre hemos apostado por la convivencia, la integración y la comunicación», explica Najjar. Habla con serenidad y con la intención clara de que la actividad cumpla, un año más, su propósito: mantener abiertos los puentes que la comunidad lleva décadas construyendo. «Lo mejor es conocernos. Hemos derribado muchos muros y construido muchos puentes, y ahora nos toca proteger lo que hemos conseguido». En tiempos de ruido y desconfianza, insiste, estas jornadas recuerdan para qué sirve abrir la puerta: para mirarse de cerca.

María y Francisco forman parte de ese grupo que pisa la mezquita por primera vez. Llegaron con amigos y con más curiosidad que certezas. «No sabíamos ni que había que descalzarse», reconoce ella. Les sorprende el ambiente: la calma y la cercanía de la gente. «Es acogedor, incluso raro al principio, pero muy acogedor», añade Francisco. Lo que más les ha gustado —coinciden— es la sensación de estar dentro de un espacio vivo, lleno de historias que no siempre se cuentan fuera.

María y Francisco.

María y Francisco. / Jota Granado

Lo que más les ha impresionado hoy no ha sido el edificio, sino los relatos que han escuchado dentro. Personas que tuvieron que dejar su país para buscar un lugar mejor y que, en ese viaje, encontraron Badajoz como destino inesperado. Algunos llegaron por estudios, otros por trabajo, otros huyendo de situaciones difíciles. Todos, cuentan María y Francisco, tienen algo en común: hablan de la ciudad con un cariño que sorprende.

La actividad finalizó a mediodía. Los asistentes destacaron que la jornada les permitió conocer un espacio que, pese a su antigüedad, sigue siendo poco visible para buena parte de la ciudadanía.

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