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Turismo minero

Las minas de Santa Marta (Badajoz) impulsan el turismo subterráneo en Extremadura

El poblado minero, los minerales fluorescentes y el museo geológico son algunos de los atractivos de un espacio histórico que ha sido rehabilitado recientemente

Minerales fluorescentes en las minas de Santa Marta

Minerales fluorescentes en las minas de Santa Marta / Archivo del autor

Ismael Chávez

Badajoz

En Santa Marta, un pequeño municipio de la provincia de Badajoz, se encuentra uno de los enclaves geológicos más singulares de España. Cuenta con una mina que se ha convertido en la primera de vanadio musealizada a nivel mundial. Allí se pueden observar minerales fluorescentes que brillan bajo luz ultravioleta como si de luces led se tratase.

Las antiguas minas, que se clausuraron en 1927 y durante décadas han sido un espacio degradado, se han transformado en la actualidad en un foco de interés científico, turístico y social. El proyecto, liderado por Francisco Javier Fernández Amo, natural del pueblo extremeño, ha devuelto la vida a un patrimonio minero único en Europa. “Las minas de Santa Marta tienen un altísimo valor patrimonial”, cuenta. Además, contextualiza los hechos y explica cómo en el lugar “se explotó vanadio por primera vez en Europa” y se encontró una nueva especie mineral, “la calderonita”, clasificada en el año 2003. Un hito histórico en la región.

Fotografía del antiguo poblado minero durante los años 20

Fotografía del antiguo poblado minero durante los años 20 / Archivo del autor

Según cuenta Fernández, geólogo y CEO de las Minas de Santa Marta, el yacimiento fue explotado entre finales del siglo XIX y principios del XX, y llegó a convertir a la localidad en un eje de riqueza y movimiento. Santa Marta pasó de ser un pequeño pueblo a alcanzar los diez mil habitantes en su día gracias al dinamismo social y económico que generó la mina, cuyos metales: vanadio, plomo, zinc y plata, impulsaron distintas industrias en España y en el extranjero. Hoy el pueblo cuenta con unos 4.200 habitantes.

Oculto durante un siglo

Tras su cierre en 1927, las instalaciones quedaron en abandono. “Sufrió un proceso de abandono importante, sobre todo en los últimos años. Se convirtió en un vertedero de basura incontrolado” confiesa Fernández. La rehabilitación ha supuesto un cambio en el valor patrimonial y ambiental de la zona. El entorno ha sido recuperado y convertido en un espacio seguro y visitable.

El geólogo, tras muchos esfuerzos por dar una segunda vida al espacio minero, presentó al ayuntamiento un proyecto sostenible de recuperación integral de todas las minas de Santa Marta, con un enfoque geoturístico. De esta forma consiguió impulsar un filón que se ha transformado en un atractivo turístico que hoy atrae a visitantes de toda España.

¿Qué ver en las minas de Santa Marta?

Para los turistas hay muchas alternativas para visitar el lugar. Tantas que se puede pasar el día completo en Santa Marta. “Por ejemplo por la mañana puede llegar y ver la mina Garandina, después ir al poblado y a las excavaciones mineras, y por la tarde al museo geológico”, detalla Fernández.

Turistas visitando el poblado minero de Santa Marta

Turistas visitando el poblado minero de Santa Marta / Archivo del autor

El antiguo poblado minero reúne un conjunto de edificaciones que conservan hornos de tostación, molinos, piscinas de concentración de mineral y un castillete minero de extracción. Es un espacio que se encuentra a dos kilómetros del pueblo. Por otro lado, en las instalaciones pueden ser visitadas distintas minas junto a una galería minera que “cerró en el año 1905 y ahora mismo es un tipo de paleotopografía de hace 120 años tal y como dejaron los mineros”, aclara Fernández. Tras musealizarla, la visita contempla “unos 110 metros de recorrido”, cuenta.

Minerales fluorescentes presentes en la sala negra del museo geológico

Minerales fluorescentes presentes en la sala negra del museo geológico / Archivo del autor

Los minerales fluorescentes son el principal reclamo del lugar. “Parece que las piedras tienen bombillas dentro”, resalta Fernández. Según el CEO, el próximo paso en este sentido pasa por la creación de un ‘Museo Negro’ especializado en luminiscencia mineral que aspira a convertirse en uno de los más grandes del mundo. Este contará con más de seis mil muestras y un jardín bioluminiscente.

A todo lo mencionado anteriormente se suman actividades como las rutas nocturnas, la sala negra o el museo geológico y minero que han convertido a Santa Marta en un imán para el turismo subterráneo.

La localidad, según el geólogo Fernández, ha observado un “gran crecimiento económico, sobre todo ha sido a raíz de la apertura de la Mina Garandina” que se inauguró el pasado mes de mayo. El objetivo es “que la gente vaya a Santa Marta y consuma. Que vengan entre quince y veinte mil personas como mínimo al año”, confiesa. Así, los bares, restaurantes o los comercios locales ven incrementadas sus ventas y los productos típicos de la zona pueden darse a conocer.

El proyecto todavía tiene recorrido. Fernández adelanta que trabajan en la rehabilitación integral del antiguo poblado minero y sus estructuras históricas. “Estamos recuperando calles, restaurando edificios y poniendo en valor zonas como un aljibe subterráneo de más de 70 metros”, explica Fernández. En los próximos años tratarán de continuar experimentando con la luminiscencia, incorporar nuevos talleres y proponer nuevos espacios que amplíen la oferta turística y educativa. “Se está recuperando memoria histórica en Santa Marta y se está consiguiendo un crecimiento socioeconómico importante, generando desarrollo sostenible”, comenta. Un futuro que, como los minerales fluorescentes que descansan allí desde hace décadas, promete seguir brillando. 

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