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Un método diferente de contrarrestar el frío

Para desayunar, unas migas y para entrar en calor... el brasero de picón

Este establecimiento en Badajoz aún los mantiene para que sus clientes estén a gusto en la terraza

Dos clientes esperan el almuerzo en el restaurante Quotidiano.

Dos clientes esperan el almuerzo en el restaurante Quotidiano. / Santi Garcí­a

Jairo Solano Cortés

Badajoz

Cada vez es más difícil encontrar lugares donde se respete lo clásico, lo 'de toda la vida', es complicado hasta en lugares en los que antes sí frecuentaba el uso de lo tradicional. Nos estamos acostumbrando a la tecnología, que actualmente marca la rutina. Pero hay ubicaciones que te retrotraen a lo de siempre. A ese espacio que no cambia, a esas compañías que no se pierden con el paso de los años, a los momentos que nos hacen sentir como en casa.

La cerveza del fin de semana, una ruta en bicicleta, las tardes en el campo o el brasero de picón para calentarse en invierno. Costumbres que van desapareciendo o quizás que simplemente siguen ahí pero las vemos con menos frecuencia.

En el restaurante Quotidiano, en la calle Gaspar Méndez en Badajoz, los clientes entran en calor de una forma diferente al resto de establecimientos de la ciudad. No es con aire acondicionado, tampoco con estufas. En esta ubicación, si sales a la terraza en estos meses de temperaturas mínimas te vas a calentar con un brasero de picón bajo la mesa.

Hace un año desde que José Manuel del Rosal se hizo cargo de este restaurante. Una de las señas de los anteriores encargados eran estos braseros y el nuevo jefe no ha dudado en mantenerlos, “es original, más económico, más sucio y costoso en cuanto a tiempo, pero también es algo que ya no se ve”, comenta.

Es un aliciente para los amantes de lo tradicional, ya no solo gastronómicamente, que también. “Se sorprenden a menudo los clientes nuevos, no se lo creen hasta que lo ven, dicen que es una tradición que ya se ha perdido”, expresa del Rosal.

El coste de lo tradicional

Los precios suben en todos los productos, en el picón también. Este restaurante lo obtiene de contactos de pueblos de alrededor de Badajoz. “Me cuesta unos 6 euros el saco aproximadamente, que son unos 20 braseros. Dependen de cómo los eches y otros factores, el picón dura menos si está más seco y según cómo esté hecho, luego si es de pino u otro material, eso también influye”, manifiesta el dueño de Quotidiano.

“Llamo con antelación para pedir los sacos, cargo muchos y como abajo en el restaurante tenemos un almacén, los voy guardando y vamos siendo precavidos con ello”.

En estos momentos, en la terraza del local hay 8 mesas, cada una de ellas con su brasero y su falda de camilla.

El método sigue gustando a los clientes y es más económico que los que se utilizan ahora. "Siempre es mucho más costoso el sistema eléctrico", deduce el dueño del local.

José Manuel del Rosal y su esposa, dueños del restaurante Quotidiano.

José Manuel del Rosal y su esposa, dueños del restaurante Quotidiano. / Santi García

"Muy de pueblo"

Detrás de cada consumición, comida y brasero se guardan anécdotas. “Como se suele decir, esto es muy de pueblo, de campo, a todos nos recuerda a nuestra infancia, sobre todo a los más mayores. Muchos jóvenes ni lo conocen. Hay padres que se sientan, levantan la falda y dicen, 'mira, esto es un brasero de picón', y les cuentan cómo es el proceso del picón, lo costoso que es y demás” explica José Manuel del Rosal.

Cada brasero cuenta con su protección para evitar posibles percances. “Nosotros lógicamente ponemos la rejilla, solamente pongo un brasero por centro de mesa y, bueno, estamos al cuidado de que la gente no les dé patadas. Eso sí que ha sucedido alguna vez, que alguien le ha dado una patada sin querer y vienen corriendo para que lo retiremos y no haya ningún incidente, que no vaya a más, que no va a pasar, pero si hay alguna vez algún suceso, que a mí me ha pasado solamente una vez y ya hace tiempo, lo que hice es esparcir la brasa y ya está, la recogimos y fuera”.

Este empresario prepara estos braseros cada mañana, una tradición difícil de ver y que le da un toque único respecto al resto de establecimientos de este calibre.

Lo clásico aún sigue funcionando en Badajoz.

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