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Castañas

Félix lleva veinte años vendiendo castañas en Badajoz: “La gente me aprecia mucho y ya tengo una clientela fija”

El castañero pacense dedica largas jornadas para ofrecer el mejor producto a los vecinos de Badajoz y compagina su trabajo con otras actividades durante el año

Félix Sansegundo en su puesto de venta de castañas en el centro de Badajoz

Félix Sansegundo en su puesto de venta de castañas en el centro de Badajoz / Ismael Chávez

Ismael Chávez

Badajoz

Félix Sansegundo vende castañas todos los días de la semana en la Avenida de Huelva, en Badajoz. Tras dos décadas en el oficio, no considera que este sea su cargo principal. La temporada engloba poco más de tres meses. El resto del año le toca buscar cómo mantenerse. “Yo en verano soy feriante y como en este momento no hay ferias, me dedico a las castañas”, confiesa.

A partir del 1 de noviembre, el Ayuntamiento de Badajoz le da permiso para que pueda instalar su puesto en el centro de la ciudad. Todas las tardes a partir de las cinco de la tarde comienza una jornada que se alarga hasta aproximadamente las diez de la noche. Puede estar ahí hasta febrero o marzo pero “una vez que pasan las navidades” las ventas son muy escasas. “Ahí ya no te compensa, porque tiras más de las que vendes”, afirma.

Todas las castañas que inserta en los paquetes tras asarlas para que los clientes puedan consumirlas, él las compra directamente del campo. No hace grandes compras pues es un producto “que se estropea”. “Me gusta traer buena mercancía y voy comprando para la semana, según vaya vendiendo”, asegura.

El día a día

Su dedicación es completa. Por las mañanas selecciona y raja las castañas, apartando “las malas” del montón. Su puesto no es fijo por lo que todos los días tiene que trasladar las herramientas y equipo pertinente. También invierte parte de la mañana en limpiar y preparar su pequeña tienda ambulante para tener todo en plenas condiciones. “Después de comer, sobre las cuatro de la tarde, me voy para allá. Dispongo todo y abro sobre las cinco”, cuenta.

Pese a que no cree que sea un trabajo “muy duro”, sí considera que invierte mucho tiempo y esfuerzo. “Le hecho muchas horas diariamente, es algo muy laborioso”, manifiesta.

Félix lleva tres años sin subir los precios de las castañas pero, según relata, a él le cuestan mucho más caras. “Los voy manteniendo porque sino la gente se queja mucho y yo no hago esto para ganar dinero”, afirma. “Con que vaya sacando para ir tirando para adelante me conformo. Me vale con tener para comer y cubrir gastos, nada más. Es un negocio para mantenerte”.

La figura del castañero sigue presente en la sociedad de hoy en día. “Cuando voy a cualquier sitio me fijo porque es lo mío. Hay muchos castañeros”, sostiene. La afluencia de público y la zona geográfica en la que se encuentren también influye. “Es un producto que no se vende en todos los sitios”, comenta.

El periodo está vinculado a las estaciones de otoño e invierno, por lo que el frío es un ‘hándicap’ que está presente. Son largas jornadas a la interperie. “Intento que sea lo más cómodo posible, pero no es un sitio agradable en el que estar. Tienes frío y cuando llueve te mojas”, asegura.

Arropado por los vecinos

A pesar de todo, para él lo más valioso es la cercanía de los vecinos de su ciudad. Año tras año esperan su regreso como una tradición más en estas fechas. “Me tienen mucho aprecio. Cuando aparezco en mi puesto de la Avenida de Huelva cada año me dicen: ‘¡Hombre ya está usted aquí!’. Están contentos conmigo y yo feliz de sentir ese calor de la gente”, cuenta. Una recompensa que le otorga sentido a su empeño diario en ofrecer el mejor producto.

Aunque han pasado muchos años, “el oficio sigue siendo el mismo”. Según Félix, no tiene truco. Él no las moja antes en agua ni atiende a métodos modernos. Su receta sigue siendo la clásica. “Es ponerte allí, traer las castañas rajadas y ponerte a asarlas. Darles vueltas y vueltas con mucho mimo”, detalla.

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