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Historia de supervivencia

Badajoz escucha el testimonio de Khadija Amin: «En Afganistán ser mujer se ha convertido en un crimen»

La periodista afgana que tuvo que huir de su país tras la entrada de los talibanes relata el calvario que sufrió hasta llegar a España

Flor Fondón, presidenta de Adhex,  Khadija Amin y María José Macarro, técnica de Adhex.

Flor Fondón, presidenta de Adhex, Khadija Amin y María José Macarro, técnica de Adhex. / LCB

Claudia Goyeneche

Claudia Goyeneche

Badajoz

El 15 de agosto de 2021, Khadija Amin presentó las noticias de las 9.30 de la mañana como cualquier otro día. Revisó los titulares, entró en plató y abrió el informativo sin imaginar que serían sus últimas palabras en televisión. Tres horas después, Kabul había caído, los talibanes controlaban la ciudad y ella ya no podía volver a la redacción. Esa misma tarde, un hombre con turbante ocupó su silla y leyó las noticias en su lugar. La transición fue muy rápida. Por la mañana Khadija era presentadora; por la tarde, una mujer silenciada.

Ese día marcó un antes y un después. Marcó también el camino que la ha traído hasta Badajoz, donde ayer relató en El Hospital Centro Vivo cómo pasó de ser un rostro visible en la televisión afgana a convertirse en una exiliada que lucha por los derechos de millones de mujeres que han desaparecido del espacio público. Su testimonio lo ha compartido con motivo de la conmemoración del aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en una actividad organizada por la asociación Adhex y en el marco del proyecto ‘Tiba’ de la Diputación de Badajoz.

Mucho antes de la caída de Kabul, Khadija ya sabía lo que era enfrentarse a un destino impuesto. Tenía 19 años cuando su familia decidió por ella con quién debía casarse. No lo había visto nunca. Pasó seis años sometida a violencia física y psicológica. «No podía salir de casa. No existía», ha contado.

Decidir divorciarse fue su primer acto de resistencia. Pero en Afganistán esa decisión implica perderlo todo. A ella le costó su reputación, el apoyo de su familia y la custodia de sus hijos. Los mellizos tenían 18 meses. «Llevo siete años separada y todavía hoy mi exmarido me maltrata a través de ellos», ha relatado. Aún hoy no aparece como madre legal en los documentos de sus hijos. Esa tarea pertenece al padre.

Pero su historia personal no es una excepción. Es la voz de millones de mujeres en el mundo y en países como Afganistán, donde , como ha expresado Khadija: "ser mujer es un crimen".

El matrimonio forzado sigue creciendo en este país, especialmente ahora que las niñas no pueden estudiar a partir de los doce años. Sin educación y sin derechos, muchas familias las casan para obtener un ingreso básico. «Hace una semana mi prima me pidió ayuda. Su marido la golpea, pero no puede denunciar. Si una mujer acude a la policía, le dicen que es culpa suya», ha explicado.

El periodismo como forma de recuperar la voz

Tras el divorcio, Khadija estudió periodismo. Era su forma de volver a tener voz y de darla a otras mujeres. Estudiaba por las mañanas y trabajaba como reportera por las tardes. Cubrió atentados, debates y manifestaciones. En Kabul, ese trabajo siempre llevaba implícito el riesgo. «Muchos compañeros murieron cubriendo explosiones. Nunca sabíamos si volveríamos a casa», ha dicho.

Aun así, continuó. Usaba la televisión pública para hablar de derechos, educación y desigualdad. Hasta que recibió las primeras amenazas. Hasta que empezaron las llamadas que le ordenaban callar. Y hasta que, finalmente, los talibanes entraron en Kabul y ya no necesitaban advertir nada más.

A la izquierda, Khadija presentando el informativo; a la derecha, horas después un talibán la reemplaza.

A la izquierda, Khadija presentando el informativo; a la derecha, horas después un talibán la reemplaza. / LCB

El 22 de agosto recibió una llamada desde España. Le ofrecían una salida. Cogió una bandera de Afganistán, salió de casa sin avisar a nadie y se dirigió al aeropuerto. No pudo despedirse ni llevarse nada. «Era eso o morir», ha dicho. Desde entonces no ha vuelto a ver a sus hijos.

Llegó a Madrid en un avión militar, sin conocer el idioma y sin entender cómo iba a recomenzar su vida. Ese choque, ha explicado, marcó todo: «Hui de un país donde las mujeres no tenían derechos y me recibió la ministra de Defensa». Aquello, ha dicho, definió su idea de España como un lugar donde una mujer tiene poder, habla, decide y ocupa espacio.

El retroceso absoluto de las mujeres en Afganistán

Durante su intervención Khadija ha repasado el panorama de su tierra natal. Hoy Afganistán es el único país del mundo donde las jóvenes no pueden estudiar. Tampoco pueden ir al parque, practicar deporte, trabajar, escuchar música, leer, viajar solas o elegir con quién casarse. Los talibanes han emitido más de 90 decretos que regulan cada aspecto de la vida femenina.

Entre los ejemplos que ha nombrado Khadija Amin, resalta la prohibición de llevar tacones porque "provoca a los hombres", la de maquillarse o incluso leer libros escritos por mujeres. Este tipo de actos llevan a los talibanes a torturar, encarcelar e incluso matar a las mujeres. Suele hacerse en público como acto de "aprendizaje" para las demás.

«Es un apartheid de género». Así lo ha descrito la periodista afgana. Las protestas han pasado a la clandestinidad. Las mujeres graban vídeos con el rostro cubierto y los envían al exterior para que alguien los difunda. Dentro del país, los medios están controlados y no pueden publicar nada sin autorización.

Ayudar desde fuera

Desde España, Khadija trabaja para apoyar a quienes siguen en el país. Ha colaborado en la evacuación de 34 mujeres y mantiene proyectos para que otras puedan obtener ingresos mediante artesanías o clases clandestinas. Su objetivo es que ninguna mujer quede completamente sola.

La charla ha terminado con una petición directa: que el mundo no normalice lo que ocurre en Afganistán. «Cada vez que alguien se acerca a escucharnos, nos da fuerza para seguir», ha dicho. «Nos han borrado de la vida pública, pero no de la lucha», ha concluido la periodista.

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