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Turrones artesanos y almendras garrapiñadas

El turronero Antolín León es un fijo en el mercado navideño de San Francisco: “Disfruto viendo a la gente contenta con lo que hacemos”

Sus productos artesanos son originales de Castuera y su puesto en la céntrica plaza de Badajoz es un habitual durante esta época

Antolín León en su puesto de garrapiñadas del mercado navideño de San Francisco

Antolín León en su puesto de garrapiñadas del mercado navideño de San Francisco / Ismael Chávez

Ismael Chávez

Badajoz

Antolín León, procedente de Castuera, heredó hace años el negocio familiar que perteneció a su padre y a su abuelo. Los turrones y el mítico olor a almendras garrapiñadas es un sello inconfundible cada invierno en el mercado navideño de la Plaza de San Francisco. Es el tradicional puesto de Antolín, instalado desde la primera edición del mercado en la céntrica plaza, que fue en el año 2012.

Su vida está completamente ligada al oficio. “Llevo en esto toda la vida, en mi primera feria tendría unos seis meses”, cuenta a modo de anécdota. Es el trabajo que ha heredado de su familia y ha pasado de generación en generación hasta llegar a un Antolín que mantiene viva la tradición cada Navidad en Badajoz.

Para él, estas fechas no son una más en el calendario. “La campaña de Navidad es la más importante del año en nuestro oficio. Hacemos dulces navideños y en esta época es cuando se concentra todo el trabajo”, explica. Desde finales de noviembre hasta principios de enero, su puesto se convierte en un punto de encuentro común para los vecinos y turistas.

Las jornadas son largas. Su horario diario comprende desde las once de la mañana hasta las dos del mediodía y de cinco de la tarde a nueve y media de la noche. “Preparo los peroles temprano y me pongo a hacer garrapiñadas. Prácticamente estoy con eso todo el día.” asegura. Su rutina gira en torno a la venta y elaboración de productos artesanos en ese característico rincón de la plaza pacense.

Entre los productos más demandados destaca las almendras o las pipas y nueces garrapiñadas, además de los turrones artesanos. “Se vende mucho el turrón de almendras, el de yema, el de nata con nueces o el de fruta”, sostiene. “Somos turroneros de Castuera y el turrón siempre lo hacemos allí”, cuenta con orgullo.

Antolín León durante el proceso de garrapiñar

Antolín León durante el proceso de garrapiñar / Ismael Chávez

Según explica, a la hora de garrapiñar no hay trucos. “Se hace el caramelo y se tuesta el fruto seco a la vez. Hay que estar pendiente en todo momento del punto del caramelo. Cada tanda dura unos veinte minutos en hacerse”. Es un trabajo lento y manual, que requiere experiencia y paciencia. “Como es artesanal, no es una cosa rápida”, subraya.

A pesar de llevar tantos años, Antolín cree que el éxito del oficio reside en que no ha cambiado nunca. “Es un puesto tradicional y lleva años con la misma dinámica, sin cambios.” Actualmente trabajan unas tres personas en el negocio para poder atender a todas las demandas.

En cambio, los precios se han visto alterados con el paso de los años. “Los hemos subido porque ha subido todo: la almendra, el azúcar, la miel, el huevo… Los productos básicos están más caros. También los que empleamos nosotros”, comenta. Aún así mantiene principios como la calidad, la cercanía y la satisfacción del trabajo bien hecho.

Si hay algo que compensa las largas horas de exposición, es la respuesta del público. “Lo que más disfruto es que la gente salga contenta con lo que hacemos. Que se vaya contenta y vuelva. Tenemos una clientela fija y el boca a boca funciona. Al final el esfuerzo da su fruto”, concluye.

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