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Aniversario

El Puente Real de Badajoz cumple 31 años: curiosidades de uno de los símbolos de la ciudad

Bautizado por los reyes Juan Carlos I y Sofía, este paso se distingue por su diseño atirantado y ha sido testigo del crecimiento urbano de la capital pacense durante más de tres décadas

Imagen actual del Puente Real y otra del año de inauguración en 1994.

Imagen actual del Puente Real y otra del año de inauguración en 1994. / Santi García

Claudia Goyeneche

Claudia Goyeneche

Badajoz

Puede que lo cruces casi sin darte cuenta, camino del trabajo, del hospital, del Faro o de vuelta a casa. Está ahí cada día, formando parte del recorrido habitual de miles de personas. El Puente Real parece uno de esos lugares que siempre han estado en la ciudad, uniendo Valdepasillas con la avenida de Elvas y sirviendo de paso para los pacenses.

Hoy transitamos por él con total normalidad, pero hubo un tiempo en el que no existía. Su llegada supuso una mejora clara en las conexiones y en el tráfico diario. Ahora cuesta imaginar Badajoz sin este paso. Sin este cruce sobre el río que conecta barrios, servicios y zonas clave. Una infraestructura que este martes, 23 de diciembre, cumplió 31 años como nexo en la ciudad.

Para conocer su historia hay que remontar al origen. Los hermanos Sánchez de León, integrantes de Estudios AIA, lideraron esta ambiciosa iniciativa que se alzó con la victoria en 1990. El proyecto se impuso en un concurso internacional organizado por el Ayuntamiento de Badajoz que estuvo abierto a especialistas de toda la Unión Europea.

Inauguración del Puente Real en 1994.

Inauguración del Puente Real en 1994. / LCB

La denominación de Puente Real no es casualidad. Su nombre tiene un origen muy concreto: fueron los Reyes de España, Juan Carlos I y la reina Sofía, quienes colocaron la primera piedra de la obra en 1992, dos años antes de su inauguración. Aquel acto oficial marcó el inicio de un proyecto que tardaría dos años en materializarse, que tuvo un coste de 2.353 millones de pesetas y que acabaría dando nombre al puente tal y como hoy lo conocemos.

Cuando se inauguró, en 1994, fue durante mucho tiempo conocido como el "puente nuevo". Representaba una ciudad que empezaba a crecer y a mirar más allá de su núcleo tradicional. Fue una obra importante para la época y una pieza clave en el desarrollo urbano de los años noventa.

Diseño vanguardista

Desde el primer momento llamó la atención por su diseño. No era un puente al uso. Se trataba de un puente atirantado, sostenido por un gran pilar central del que parten los cables tensores que sujetan la estructura. Esa imagen, tan reconocible hoy, fue una novedad en la ciudad y lo convirtió rápidamente en uno de los puentes más identificables de Badajoz.

Pero esos elementos que lo hacen especial, también han jugado en su contra. Uno de los episodios más recordados ocurrió en 2012, cuando uno de los tirantes presentó un problema y fue necesario cerrar el puente al tráfico de forma temporal durante horas. Episodios similares se sucedían con las fuertes rachas de viento. El corte obligó a reorganizar la circulación y alteró durante horas la movilidad habitual de la ciudad.

La oscilación de un tirante obliga a cortar al tráfico el Puente Real de Badajoz en el año 2012.

La oscilación de un tirante obliga a cortar al tráfico el Puente Real de Badajoz en el año 2012. / LCB

Pero aquel cierre no pasó desapercibido. Los desvíos, los atascos y los cortes dejaron claro algo que hasta entonces muchos no se habían planteado: cuánto dependía Badajoz de ese paso sobre el Guadiana. Tras las revisiones y los trabajos técnicos necesarios, el puente volvió a abrirse con normalidad. Todo quedó en un susto.

Desde entonces, el puente ha visto pasar generaciones enteras. Miles de coches cada día, autobuses, peatones y ciclistas. Personas que van al trabajo, a estudiar o simplemente cruzan al otro lado del río. Para muchos, también es un punto desde el que mirar el Guadiana, sobre todo al caer la tarde, cuando este paso se convierte en uno de los mejores escenarios de la ciudad para disfrutar del atardecer.

Y es que, aunque en sus inicios hubo quien lo veía “demasiado grande”, el Puente Real se construyó con la mirada puesta en el futuro. En una ciudad que empezaba a expandirse y a crecer. Se diseñó pensando en absorber tráfico, facilitar accesos y acompañar a Badajoz y a los pacenses convirtiéndose con el tiempo en un nexo imprescindible entre las dos orillas del Guadiana.

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