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Nochevieja

Entre anillos, lencería roja y uvas peladas: los rituales con los que Badajoz recibe el 2026

Tradiciones heredadas, supersticiones reinventadas y algún que otro truco improvisado se dan cita cada 31 de diciembre en los hogares pacenses para atraer la suerte al ritmo de las campanadas

Entre anillos, lencería roja y uvas peladas: los rituales con los que Badajoz recibe el 2026

Diego Rubio

Rebeca Porras

Rebeca Porras

Badajoz

En Badajoz, la llegada del año nuevo no se limita a seguir las campanadas por televisión ni a contar uvas con nervios de última hora. Aquí, el cambio de año es un pequeño ceremonial doméstico donde conviven supersticiones centenarias, creencias importadas y gestos improvisados que, pese a su carácter informal, se repiten casi como un ritual.

En muchas casas pacenses, la escena se repite cada 31 de diciembre pocos minutos antes de la medianoche: uvas cuidadosamente contadas -doce, ni una más ni una menos-, copas preparadas y algún objeto “de la suerte” estratégicamente colocado. “Yo siempre me pongo un anillo de oro en la copa de cava”, asegura Marisa, vecina del barrio de Valdepasillas: “Dicen que trae prosperidad”.

La uva, mejor pelada

Uno de los rituales más extendidos es el de comer las uvas peladas y sin pepitas, una práctica que en algunos hogares se prepara con la misma meticulosidad que una comida de domingo. “Las pelo por la mañana, con tiempo y paciencia”, explica Eva, que reside en Barcelona pero pasa unos días de vacaciones en Badajoz: “Mi madre decía que así no te atragantas y empiezas el año sin sobresaltos”.

Otros prefieren innovar. Hay quien cambia las uvas por gominolas -especialmente si hay niños- y quien las sustituye por aceitunas o lacasitos, como Cristina, vecina del Casco Antiguo.

Ropa interior y otros secretos

Si hay un ritual que genera consenso, ese es el de la ropa interior roja. En Badajoz, como en buena parte del país, la tradición manda estrenarla en Nochevieja para atraer el amor y la buena suerte. “Roja y regalada, si puede ser”, matiza entre risas Vlada, una joven ucraniana que vive en Badajoz desde hace siete años. “Este año ya la tengo comprada”, asegura.

Más curioso es el ritual de subirse a una silla o a una escalera durante las campanadas. “Es para empezar el año por todo lo alto”, explica José Luis, vecino de la zona centro.

Otras costumbres

En algunos hogares pacenses, justo después de la última campanada, se abren puertas y ventanas durante unos segundos. La creencia popular dice que así se deja salir lo malo del año viejo y se da paso a lo bueno. También hay quien guarda un billete en el bolsillo, quien brinda con el pie derecho adelantado, quien evita mirar el reloj por miedo a “arruinar” el momento con prisas o quienes lanzan lentejas hacia arriba para atraer la abundancia de alimentos en el nuevo año.

Lejos de desaparecer, estos rituales se reinventan cada año y se adaptan a nuevas generaciones. Algunos los siguen por convicción, otros por tradición familiar y muchos simplemente por diversión. “Al final, es una excusa para reírnos y empezar el año con buen ánimo”, resumen Verónica y Daniel, vecinos de Huerta Rosales.

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Verónica y Daniel, vecinos de Huerta Rosales, posan con un racimo de uvas delante del ayuntamiento. / Diego Rubio

La última noche del año se mide en campanadas y... supersticiones. Las uvas se acompañan de deseos silenciosos con la esperanza de que alguno termine cumpliéndose.

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