Carnaval de Badajoz 2026
Yo no salgo, 20 años haciendo el mamarracho en el Carnaval de Badajoz
Dos décadas después de su nacimiento, este grupo se ha convertido en el último resquicio reconocible del Carnaval pacense de siempre

EN IMÁGENES | Así es un ensayo de Yo no salgo / Jotagranado

En el Carnaval de Badajoz hay murgas que pasan y murgas que se quedan. Y luego está Yo no salgo, que lleva veinte años haciendo ambas cosas a la vez: diciendo que no, mientras sí que sale, canta y deja huella. Dos décadas después de su nacimiento, este grupo se ha convertido en el último resquicio reconocible del Carnaval pacense de siempre, ese que olía a calle, a ironía sin filtros y a risas compartidas sin necesidad de grandes artificios. En un concurso que ha cambiado de formas, ritmos y ambiciones, Yo no salgo permanece como una fotografía viva de lo que fue, de lo que sigue siendo la esencia del Carnaval de Badajoz.
Sus letras, afiladas y certeras, vuelan como dardos lanzados desde el ingenio. Disparan contra la actualidad, contra lo cotidiano y contra uno mismo, porque saben que el mejor humor es el que se reconoce en el espejo. No buscan el aplauso fácil ni la pirueta efectista, sino la sonrisa cómplice, la carcajada sincera y ese murmullo de “qué razón llevan” que recorre al público cuando una copla acierta. Y ahí reside su grandeza, en la fidelidad que profesan a una manera de entender la murga que no se aprende, se vive. "Tenemos, sin duda, un estilo propio. Eso es una gran responsabilidad para los creadores del repertorio, pero es que es una identidad muy reconocible en la que nos encontramos muy cómodos", afirma Roberto Macho, 'El Abuelo', miembro de la directiva y responsable de vestuario de la murga.
Pero si algo define a Yo no salgo es su capacidad para contagiar buen humor más allá del escenario del teatro. En las calles, durante los días grandes de Carnaval, su presencia es sinónimo de cercanía y de esa alegría tranquila que no necesita focos. Son parte del paisaje humano de febrero, una murga que se cruza contigo y te recuerda que esta fiesta nació en la calle y para la gente. Hoy, convertidos en una de las murgas veteranas del concurso actual, celebran 20 años sin renunciar a su identidad. Porque hay aniversarios que no se cuentan en velas, sino en coplas, memoria y cariño popular. Y de eso, Yo no salgo sabe mucho.
"Nosotros estamos contentos porque la murga cala en la fiesta. Estamos haciendo un trabajo por y para el Carnaval que creo que va a perdurar más allá de nuestro palmarés. Yo me siento muy orgulloso de que muchos compañeros y aficionados nos respeten tanto y nos tengan tanto cariño... a pesar de lo cabrones que somos", asegura Antonio Cava, uno de los fundadores y tesorero del grupo. Coincide con él Jesús Jiménez. "Sin pretensión de buscar a grandes cantantes, cómicos o artistas, hemos conseguido llegarle a mucha gente y tener un estilo que mola. Me siento orgulloso de eso".
Una actuación para la posteridad
Desde que decidieran juntarse para hacer Carnaval, allá por la primavera-verano de 2006, hasta hoy, muchos son los tipos que han creado y defendido. Aparecieron en el teatro un febrero de 2007 con unas limpiadoras deslenguadas, un sencillo fondo y todas las ganas del mundo. Después llegaría el surrealismo en forma de gusano, el explorar nuevos estilos musicales como el rockabilly o su punto de inflexión, el año 2015 con unos vigilantes de la playa que supusieron los cimientos de lo que hoy son.
Sin embargo, fue en 2016 cuando todo cambió para ellos. Los mamarrachos de Yo no salgo pusieron en escena a un personaje que todos conocemos, ese que sale con cuatro trapos a disfrutar de su fiesta favorita del año. Con un escenario que representaba una plaza imaginaria donde estaban La Buhardilla, La Ría o el bar La Esquina, una chaqueta amarilla y poca vergüenza se presentaron en una noche de preliminares donde el teatro López de Ayala respondió como nunca antes lo había hecho con ellos.
"Fue pasar de la nada al todo, de no pasar de preliminares en diez años a meterte en la final y causar sensación en tanto en el público, en la calle... No sabíamos lo que teníamos entre manos porque de hecho salió tardísimo, fue una actuación que sufrió cuatro o cinco cambios de tipo. A finales de noviembre llegamos de los mamarrachos. Lo único que queríamos era conseguir sacar la actuación adelante. Es la perla de los últimos años", dice Cava. Macho coincide. "Fue una experiencia preciosa, descubríamos nosotros mismos a través del público con lo que jugábamos ese año. Estábamos llenos de emoción". Años después, han perdido la cuenta de cuántas veces han podido cantar la presentación delante de la gente. "Nos da mucha pereza y a la vez mucha alegría cada vez que nos la piden".
Si en aquel momento ya se podía entrever lo que iba a suponer, el tiempo ha acabado dando la razón. La de los mamarrachos es ya una de las actuaciones clásicas del Carnaval de Badajoz.
Dos décadas de trayectoria
"Entramos siendo muy jóvenes", dice David Rodríguez, uno de los fundadores de la murga, y compositor junto a Jesús Jiménez. Este último entró en la murga en 2007 con 16 años y desde entonces tiene su mote, 'El Niño'. "Yo me metí en la murga pensando que era Jarana y que iba a cantar. Me dieron una guitarra y resultó que era Yo no salgo", recuerda este entre risas. "Tengo treinta y pico y entré con 20. Mi murga son los amigos de mi vida".
"Hay épocas que han sido muy buenas, otras que han costado más y que hemos tenido que poner de nuestra parte para que la cosa siga adelante. Tenemos la suerte de tener un grupo que es que somos amigos de hace mucho, y eso facilita las cosas. El secreto para sobrevivir 20 años como grupo es empujar todos en la misma dirección respetando el pensamiento de cada uno", explica Rodríguez.
Pero 20 años, con todos sus repertorios y todas sus noches de ensayo, dan para mucho. Cambiaron el salir los jueves hasta el amanecer con dar biberones al volver de los ensayos con el frío metido en el cuerpo. Han visto transformarse el concurso: desde aquellos años en los que había más de 40 murgas hasta la escasez actual que hace que cada grupo inscrito sea celebrado. Cambios a los que han sabido adaptarse, surfeando incertidumbres y sinsabores para alzarse campeones año tras año en disfrutar.
En sus distintos locales han intercambiado coplas con veteranísimos como Jarana y con recién llegados como Se m'ace tarde o Los Escusaos. Todo el mundo es bienvenido si llega con ganas de reír y compañerismo.
Sus ganas de trabajar en pro del Carnaval les llevaron a crear el Certamen Mamarracho, un encuentro entre agrupaciones que se ha convertido en punto de peregrinación para murgueros y aficionados durante el segundo fin de semana de Carnaval. Si tienen oportunidad, no se lo pierdan este año.
De los chavales que comenzaron poco queda. Los años les pesan, como a todos. "Parece que tenemos 60 años y en realidad no somos tan viejos, pero es verdad que sacar adelante una murga cuesta. Hay muchas renuncias por el camino", asegura Jiménez. Sin embargo, hay un cabo al que agarrarse en momentos de flaqueza: la amistad que les une. "Hemos aprendido a perdonar, a respetar, a saber tratarnos, a darle la importancia justa a los problemas. Yo he encontrado a mi familia en mi murga".
Y así, mientras haya febrero, calle y ganas de reírse, mientras quede una sola purpurina por el suelo, Yo no salgo seguirá saliendo. Como acto de resistencia, como copla que no envejece. Veinte años más viejos, siguen recordando al resto de carnavaleros que esta fiesta no se mide en premios, sino en las veces que una letra te hace sentir en casa.
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