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La pacense Tamara Linde, judoka y profesora: "Cómo no me va a gustar el judo si he nacido en un tatami"
Tamara Linde Leal (Badajoz, 1999) es la menor de las hijas del reconocido judoka y maestro nacional 7º DAN Javier Linde. Desde muy pequeña ha estado relacionada con el judo, tanto que asegura llevarlo en la sangre. En su haber tiene varios títulos y medallas a nivel regional y nacional y ha llegado a posicionarse la 24ª del mundo en su categoría. Tras años de preparación deportiva y profesional, en la actualidad ejerce como profesora en la escuela judoka de su padre, uniendo así sus dos pasiones: la educación y el judo

Tamara Linde Leal / La Crónica

Imagino que la pasión por el judo le viene de familia. ¿Pero siempre le gustó?
Desde siempre. Llevo haciendo judo desde muy pequeñita. Es más, creo que mi hermana y yo nacimos ya gustándonos el judo. Es lo que hemos visto desde pequeñitas, entonces es algo que llevamos en la sangre y que cada día que pasa me gusta más. He mamado el judo, cómo no me va a gustar si he nacido en un tatami.
¿Cómo fueron sus inicios?
Me formé en la escuela de mi padre, la escuela de judo Javier Linde. Solamente en la escuela, en casa no se hablaba de judo. En casa era papá y en la escuela profesor. Fui una alumna más, sin ventajas ni facilidades. Incluso diría que por ser su hija me exigía el doble. Pero todo era por mi bien. Gracias a ello me formé en todos los sentidos. No solo aprendí técnicas, también me formé a nivel mental y psicológico, que es una faceta importantísima en este deporte.
¿A que edad empezó a competir?
Más tarde de la cuenta. Empecé en el último año de infantil, cuando tenía 12 o 13 años. Creo que fue un poco tarde para lo que se empieza hoy día, pero cada niño empieza cuando el profesor lo ve preparado. No solo a nivel técnico y físico. Te tiene que ver preparado mentalmente, saber cuáles son tus objetivos y enseñarte a ganar y a perder.
¿Cuándo llegó su primer título?
La primera medalla que conseguí fue en el Campeonato de España de 2015. Conseguí el bronce. Era la primera vez que llegaba a una semifinal y la verdad que recuerdo la tensión de esa competición y la frustración que sentí al perderla. Tanto que no quería salir a disputar el bronce. Hasta que me cogió Sugoi Uriate, campeón de Europa de este deporte, y me dio la charla de mi vida. Ahí descubrí lo realmente importante del judo y salí a por esa medalla que ahora guardo con tanto cariño. Al año siguiente repetí medalla. También he sido convocada en varias ocasiones por la selección española de judo, donde he conseguido un 2º puesto europeo. En la categoría de cadete incluso llegué a posicionarme la 24ª del mundo.

Tamara Linde y Javier Linde tras conseguir el bronce en el Campeonato de España de de judo en 2016 / La Crónica
¿Siempre va acompañada de su padre?
No siempre. Pero saber que está ahí detrás me reconforta y me da presión a partes iguales. Siempre piensas en no defraudarlo. Lo considero como mi talismán. Yo siempre digo que todas las competiciones que he ido sin mi padre he perdido. Eso e ir con kimono azul. El 90% de las veces que lo llevo puesto pierdo. Y la gente dice que es una tontería. Pero es que yo creo que cuando se te mete en la cabeza no se convierte en una tontería, lo hace en una realidad.
¿Continúa compitiendo en la actualidad?
Ahora estoy en la categoría senior de -48kg, en la que todavía no he conseguido ningún título nacional, a pesar de dominar el ranking extremeño. Este año he dejado de competir, pero volveré muy pronto. De lo que nunca he dejado es de entrenar, siempre saco un ratito de mi día para ello. Actualmente, soy profesora de judo. Doy clases en la escuela de mi padre y en algunos coles de Badajoz. También me he sacado unas oposiciones para mi otra pasión: la educación. He estado trabajando, opositando, siendo profesora y entrenando a la vez. Lo único en lo que he parado ha sido en la competición porque era necesario para poder amueblar mi vida.

Tamara Linde, de blanco, en pleno combate / La Crónica
¿Cómo compagina todo para no faltar ningún día a su entrenamiento?
Porque si te organizas todo es posible. Yo soy cinturón negro 2º DAN y me estoy formando a nivel deportivo para sacarme el tercer DAN para poder ser maestra nacional. A la vez estoy estudiando para dos oposiciones después de graduarme en Educación Infantil. Y mi entrenamiento y las clases de judo son sagradas. Si te organizas, hay muchas horas en el día. Lo importante es saber de qué puedes prescindir. Por lo que cuando algunos padres me dicen que sus niños no pueden venir al entrenamiento porque tiene que estudiar me tiro de los pelos.
¿Le ha costado pasar de ser alumna a ser la profesora?
No, y por dos razones. Como he estado desde pequeñita con mi padre aquí, viendo cómo daba las clases y participando en ellas, pues lo tengo interiorizado. Y al fin y al cabo, también soy profesora de infantil. A mí los niños me encantan. Entonces dar clases a niños sobre judo, une mis dos pasiones. No podría explicar lo que me genera enseñar y aún menos, enseñar judo.
¿Cómo son sus clases de judo?
En esta escuela no solo se enseña judo, se enseñan los valores que te transmite este deporte. Respeto, compañerismo, autocontrol, tener seguridad en ti mismo... Desde fuera se piensa que el judo es agresivo, pero es todo lo contrario. Yo doy clases a los más pequeños y mis niños se pasan el día jugando. Mis clases se dividen en tres partes: calentamiento, parte principal y parte final. Y en todas ellas, sin darse cuenta, aprenden sobre judo. Ellos no lo saben, pero los juegos le transmiten esos valores mencionados antes y los premios y castigos son aprendizajes de técnicas de judo. Es un deporte muy completo por todo lo que aporta. Ojalá y fuera una asignatura más en los colegios.

Tamara Linde enseña a los más pequeños en la escuela de judo Javier Linde / La Crónica
¿Qué significa para usted el judo?
Pasión. Estilo de vida. Droga. Necesidad. Podría llamarlo de muchas formas. Lo que sí tengo claro es que no podría imaginarme mi vida sin este deporte.
¿Y a futuro que le depara?
Por las mañanas me gustaría trabajar en algún colegio como profesora y por las tardes en mi casa. Porque la escuela de judo es mi casa. Me encantaría continuar con el legado de mi padre. Mi futuro está ligado al judo y a esta escuela. No lo concibo de otra manera y haré lo posible para que así sea.
El test pacense
- Palabra que mejor describe a Badajoz: Hogar.
- Un consejo para los visitantes: Que expriman cada rincón de Badajoz.
- Momento más memorable vivido en Badajoz: Cuando me gradué de la carrera.
- Lugar favorito de la ciudad: La Alcazaba y la escuela de judo Javier Linde.
- La comida que siempre te recuerda a Badajoz: El jamón.
- Tu actividad preferida en la ciudad: Dar clases en la escuela de judo de mi padre.
- Un aspecto de Badajoz que te haga sentir orgullosa: Su gente.
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