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Espacio de acompañamiento confidencial

Una joven de Badajoz relata cómo el Centro de Escucha San Camilo le ayudó a «salir del pozo»

En el último año ha experimentado un notable crecimiento, atendiendo a 130 usuarios, la mayoría mujeres que buscan un lugar donde ser escuchadas sin juicios

Más de la mitad de las personas atendidas llegan por problemas de pareja o de relación: rupturas, deterioro del vínculo, conflictos familiares o laborales

José María Pérez, el director del Centro de Escucha San Camilo, durante una de las sesiones.

José María Pérez, el director del Centro de Escucha San Camilo, durante una de las sesiones. / Santi García

Rebeca Porras

Rebeca Porras

Badajoz

"No sales del todo del pozo, pero empiezas a ver la luz. Fue un empujón importante". Así resume una joven de Badajoz el efecto que tuvo en su vida el Centro de Escucha San Camilo, al que llegó con 35 años y una acumulación de pérdidas, rupturas y cansancio emocional que no sabía cómo gestionar. Su testimonio, anónimo, pone voz a una realidad cada vez más frecuente: la necesidad de ser escuchado sin juicios, sin prisas y sin soluciones prefabricadas.

Escuchar parece sencillo. Pero no lo es. Hacerlo de verdad, sin juzgar, sin interrumpir, sin intentar corregir la vida del otro, se ha convertido en un gesto cada vez menos habitual en una sociedad que corre más de lo que atiende. En ese espacio poco frecuente se mueve desde hace años este centro ubicado en José María Alcaraz y Alenda, un proyecto que ha pasado de atender a apenas nueve o diez personas en sus inicios a acompañar a 130 usuarios solo en 2025. Un crecimiento silencioso que habla, sobre todo, de una necesidad social cada vez más visible.

La mayoría de quienes cruzan la puerta del centro son mujeres. En concreto, un 80 por ciento, frente a un 20 por ciento de hombres. Para su director, José María Pérez, la explicación no está tanto en el sufrimiento como en la manera de afrontarlo. “Es cultural. A la mujer le cuesta menos reconocer que no está bien, que tiene dificultades. El hombre arrastra todavía el mandato de que no debe llorar, de que tiene que poder con todo”, señala.

Rupturas o conflictos familiares

Los motivos de consulta se repiten con una constancia reveladora. Más de la mitad de las personas atendidas llegan por problemas de pareja o de relación: rupturas, deterioro del vínculo, conflictos familiares o laborales. “No es algo que busquemos, es lo que nos sale en las estadísticas año tras año”, indica Pérez.

Junto a las relaciones, aparecen las crisis personales y existenciales, el duelo por fallecimiento, la enfermedad crónica, el cuidado de mayores o situaciones de confusión vital que no siempre tienen nombre, pero sí peso. El abanico de edades también es amplio: desde adolescentes de 14 o 15 años, que acuden con autorización familiar, hasta personas mayores de 85. El tramo más frecuente se sitúa entre los 40 y los 70 años.

Motivos de consulta y perfil de edad

  • Los problemas de pareja se sitúan entre los motivos de consulta más frecuentes, seguidos de cerca por las crisis personales y existenciales. A ellos se suman experiencias especialmente delicadas como el duelo por la pérdida de un ser querido, la convivencia con una enfermedad crónica o la responsabilidad de cuidar a personas mayores
  • El perfil de quienes buscan apoyo es diverso en cuanto a edad, aunque la franja más habitual se concentra entre los 40 y los 70 años

En los jóvenes, los motivos suelen estar ligados a la soledad, la dificultad para encajar o la falta de sentido. En los adultos, las heridas se acumulan. Y algunas son profundas: un 8 por ciento de las personas atendidas había intentado suicidarse antes de llegar al centro. Un dato que llevó al equipo a reforzar su formación en prevención del suicidio, de la mano de profesionales especializados en salud mental.

Voluntarios del Centro de Escucha San Camilo posan junto al director en la puerta del local.

Voluntarios del Centro de Escucha San Camilo posan junto al director en la puerta del local. / Santi García

No es terapia, pero acompaña

El Centro de Escucha San Camilo no ofrece terapia psicológica y su director lo expresa claramente: “Aquí no hacemos psicoterapia, aunque haya voluntarios que sean psicólogos. Lo nuestro es counselling, acompañamiento”, subraya.

Las sesiones son semanales, de 50 minutos, y se desarrollan en un espacio confidencial y seguro. Primero, la persona se desahoga. Después, si está preparada, se inicia un proceso más profundo: explorar la causa del sufrimiento, asumir la responsabilidad sobre lo que se puede cambiar y definir pequeños objetivos realistas para avanzar. “Hay problemas que no tienen solución -una muerte, una pérdida-, pero siempre queda la libertad de decidir cómo te enfrentas a lo que te pasa”, apunta Pérez. La meta no es “superar” lo vivido, sino integrarlo en la propia historia.

Las frases que escuchan de los usuarios al final del proceso, reconoce que son su mejor recompensa: “Me voy con una paz que no he encontrado ni en el psiquiatra ni en el psicólogo”, “salgo como si hubiera ido al gimnasio, más ligera”.

Un proyecto de voluntariado

El centro está formado íntegramente por voluntarios procedentes de distintos ámbitos profesionales, unidos por la convicción de que escuchar dignifica. Todos están vinculados a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y mantienen un convenio de colaboración con el Centro de Humanización de la Salud de los religiosos Camilos.

Para sumarse, existen varias vías. Como voluntario acompañante, tras una entrevista personal y un proceso de formación teórico-práctica en counselling y duelo o colaborando en tareas de organización y difusión. También es posible apoyar el proyecto mediante donaciones económicas.

El servicio ofrece algo cada vez más escaso: un lugar donde desahogarse sin ser juzgado, una escucha empática que ayuda a poner perspectiva y a normalizar lo que duele.

"Me ayudó a ver las cosas desde otra persectiva"

El testimonio de una joven de la capital pacense, usuaria del Centro Escucha, pone voz a la labor que realiza esta entidad. Cuando acudió por primera vez tenía 35 años y atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. Fue una de sus mejores amigas quien, al verla mal, le recomendó acudir al centro. "Me dijo que los voluntarios no eran psicólogos, pero que me iban a escuchar y que, además, era gratuito", recuerda.

Sus problemas comenzaron tiempo atrás, cuando se trasladó a las Islas Canarias por motivos laborales. Allí trabajaba como cantante en hoteles y resorts y retomó una relación con su expareja. Sin embargo, la situación laboral se fue complicando y fue él quien le aconsejó regresar a Badajoz. "Me dejé guiar pensando que era lo mejor", explica.

Poco después de volver a su ciudad, falleció de forma repentina su abuela, con la que mantenía un fuerte vínculo emocional. "Eso me hizo entrar en una especie de medio depresión", relata. En ese contexto, irrumpió la pandemia de la covid-19 y, a los pocos meses, su pareja puso fin a la relación y la situación se agravó. "Ahí se me vino el mundo encima", no olvida.

Uno de los voluntarios escucha a una usuaria del centro.

Luis, uno de los voluntarios escucha a una usuaria del centro. / Santi García

El médico le recetó antidepresivos que lograron aliviar la ansiedad, aunque el malestar persistía. Fue entonces cuando decidió acudir al Centro Escucha, donde permaneció alrededor de ocho meses. Su escuchador fue Manuel, con quien se reunía una vez por semana. "Me recibía siempre, intentaba acompañarme y asesorarme para que me sintiera mejor", afirma. Durante ese proceso, solo su hermana pequeña conocía que acudía al centro. "Es con quien tengo más confianza".

"Te hacen ver las cosas desde otra perspectiva. Recomiendo que la gente que lo necesite, pruebe"

Usuaria del centro

Con el paso del tiempo empezó a notar mejoría. "No sales del todo, pero ves la luz", señala. Por ello, recomienda el servicio: "Te hacen ver las cosas desde otra perspectiva, te hacen sentir cómodo. Aconsejo que la gente que lo necesite, pruebe".

Más adelante, decidió reforzar el trabajo realizado con Manuel acudiendo a un psicólogo. Actualmente ya no asiste a consulta. "Me ha dicho que puedo caminar sola. Me siento con fuerza y ya no tengo dependencia a ir", concluye.

En una sociedad acelerada, el Centro de Escucha San Camilo demuestra que, a veces, lo verdaderamente importante es estar y acompañar.

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