Adiós a un referente
Udaco se despide de Badajoz después de 60 años de historia
El pasado 31 de diciembre, cerraba sus puertas el que, durante décadas, fue un referente para pequeños comercios y, más tarde, para la hostelería de Badajoz y del Alentejo portugués. Los cambios en el sector y la jubilación de su último gerente han propiciado el fin de un comercio «de toda la vida»

El almacén de Udaco ofrecía un amplio surtido de productos envasados y de conserva. / Cedida
El pasado 31 de diciembre cerró definitivamente sus puertas Udaco, un almacén de distribución alimentaria, situado en la calle Antonio Sánchez Misiego, que durante décadas fue un referente para pequeños comercios y, más tarde, para la hostelería de Badajoz y del Alentejo portugués. Fundada a comienzos de los años sesenta, Udaco nació como una cooperativa impulsada por más de 300 pequeños comerciantes que aportaron capital para crear un almacén común.
En una época sin grandes superficies, el modelo permitía a las tiendas de barrio acceder a productos directamente desde fábricas y grandes proveedores, beneficiándose de mejores precios y condiciones. Aquellas aportaciones, que oscilaban desde las 100.000 hasta el millón de pesetas, se transformaron en acciones que consolidaron el proyecto. «Las tienditas eran nuestras clientas y también nuestras socias», recuerda Joaquín Márquez Caballero, trabajador de Udaco durante 24 años y uno de los últimos empleados en abandonar la empresa. «El negocio fue creciendo poco a poco, abasteciendo a los barrios cuando todavía había vida comercial en cada esquina».
Años más tarde, la llegada de los grandes supermercados a la ciudad propició el cierre de numerosas tiendas locales. Sin embargo, Udaco supo reaccionar. «Dimos un vuelco y nos lanzamos a la hostelería: bares, restaurantes, bocaterías y pequeños negocios de comida rápida». El almacén ofrecía un amplio surtido de productos envasados y de conserva, especialmente pensados para el sector hostelero, además de una destacada selección de vinos. No trabajaban con producto fresco, pero cubrían prácticamente todas las necesidades del día a día de bares y restaurantes.
Relación de amistad
Así se mantuvo durante años, con Udaco como el proveedor habitual de numerosos establecimientos de Badajoz y también de Portugal, especialmente de la zona de Campo Maior y otros puntos del Alentejo. «Había clientes portugueses que venían semanalmente. Más que una relación comercial, se creó una relación de amistad», explica Joaquín. A pesar del descenso progresivo de la actividad y de la reducción de plantilla, que pasó de más de veinte trabajadores a tan solo tres, Udaco nunca entró en quiebra. La empresa se mantuvo saneada, con un fondo de inversión cercano a los 200.000 euros.
En cambio, fue la jubilación de su último gerente, Justo Monago Vaca, y la falta de rentabilidad suficiente para los socios lo que precipitaron la decisión final. Se barajó la posibilidad de realizar una reforma integral del almacén, ubicada en la avenida Antonio Sánchez Misiego, pero el coste superaba los 700.000 euros. Los socios descartaron contratar a un nuevo gerente y optaron por cerrar la actividad y poner el inmueble en venta. La nave, con cerca de 2.800 metros cuadrados construidos, se ofrece actualmente por unos 690.000 euros, aunque el trabajador señala que Urbanismo solo permite su uso para actividades relacionadas con alimentación o, en su defecto, su parcelación para chalés.
«Ningún reproche»
El cierre definitivo se produjo el 31 de diciembre. Para los trabajadores fue un golpe inesperado, especialmente para Joaquín, de 61 años, que no esperaba verse fuera de la empresa tras casi un cuarto de siglo. «De la noche a la mañana te mandan para casa y al principio te sientes mal», admite. Sin embargo, deja claro que no hay reproches. «No podría».
Asegura que la empresa liquidó e indemnizó correctamente a todos los empleados. «Nos han pagado todo, incluso más de lo que correspondía. No podemos tener ninguna queja, al contrario, solo agradecimiento», subraya. Lo que queda es la tristeza por la despedida y el recuerdo de una clientela fiel. «Ya no eran clientes, eran amigos. Nos llamaban para pedirnos un favor, para que les lleváramos algo que se les había olvidado. Y lo hacíamos encantados, porque eran los que nos daban de comer cada día». Porque si algo distinguió a Udaco era la atención al público. Así lo reflejan también las reseñas que aún pueden leerse en internet, dice Joaquín, donde los clientes destacan el trato humano y el servicio personalizado. «La gente valora la buena atención, siempre», concluye Joaquín.
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