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Fragmentos de Badajoz

El patronato de Godoy en los conventos de San Gabriel y San Onofre

Nunca pudo volver a Badajoz y sus restos mortales se encuentran en el cementerio de Père Lachaise de París. De nada han servido, hasta ahora, las gestiones de las autoridades locales para traer sus restos a Badajoz

Antiguo convento de San Gabriel, del que fue patrono Manuel Godoy.

Antiguo convento de San Gabriel, del que fue patrono Manuel Godoy. / P. C.

Pedro Castellanos

Pedro Castellanos

Badajoz

Manuel Godoy Álvarez de Faria Ríos Sánchez Zarzosa, Príncipe de la Paz, nació en Badajoz el 12 mayo de 1767. Sus padres fueron José de Godoy Obando, regidor perpetuo de Badajoz, y María Antonia Justa Álvarez Serrano Zarzosa. Manuel era nieto por la parte paterna de Luis Vicente Godoy, natural de Castuera, y de Antonia de los Ríos Landero, de Alburquerque. Por la parte materna eran nietos del mercader badajocense Diego Álvarez Serrano y de la alburquerqueña Juana Guardabrazo Zarzosa. Ya existían antes lazos de unión entre la familia y el convento de San Gabriel, pues en 1726 el abuelo materno de Manuel Godoy era síndico y administrador de los bienes de su enfermería.

Manuel Godoy tomó posesión del patronato del convento, su iglesia (hoy de la Concepción) y la enfermería de San Gabriel el 29 de enero de 1797. Lo hizo en su nombre su tío, como apoderado, Gabriel Álvarez de Faria, deán y canónigo de la catedral, futuro obispo de Badajoz. Estaba presente José Manuel de Villena, conde de Vía Manuel, recorrieron el claustro, la sacristía y la iglesia, llegaron hasta el pie del altar mayor, donde se pusieron de rodillas a hacer oración. El padre guardián del convento y el conde de Vía Manuel «procedieron a dar y dieron al excelentísimo señor Príncipe de la Paz y, en su nombre, al señor don Gabriel Álvarez de Faria, su dignísimo tío, la posesión real, actual, corporal del nominado patronato, bajo la obligación de cumplir cada parte con lo pactado». En señal de posesión, le tomaron cada uno de su mano, le subieron al altar mayor y le sentaron en una silla forrada en terciopelo carmesí. El padre guardián le hizo entrega de todas las llaves en una bandeja de plata. Después entraron en la capilla de los hermanos delaOrden Tercera, al panteón de la iglesia, la sacristía, claustro y enfermería «y abrió y cerró las puertas de todas las mismas piezas, e hizo otros actos posesorios sin contradicción de persona alguna. Y de haber tomado la misma posesión, quieta y pacíficamente, lo pidió por testimonio para resguardo de su representado y dignísimo sobrino el excelentísimo señor Príncipe de la Paz».

Concluido el acto posesorio, se puso de manifiesto a Su Divina Majestad, se cantó en acción de gracias el ‘Te Deum’, se celebró una solemne misa cantada, con asistencia de la capilla de música de la catedral. Todos los actos finalizaron a las doce y media, habiendo comenzado a las nueve y media de la mañana. Estuvieron presentes Benito Pardo de Figueroa, comandante general y mariscal de campo; Juan Cambiaso Rin, mariscal de campo y gobernador militar de la plaza; Vicente Sánchez Muñoz, alcalde mayor; José Perlasca, mariscal de campo, caballero de Santiago y general de la caballería; Francisco de Eguía, general mayor de infantería; Francisco Vallejo, comandante general de artillería; Fernando Cagigal de la Vega, marqués de Casa Cagigal; Alonso Bonilla, coronel de infantería, teniente coronel de artillería y comandante de la plaza y provincia; Manuel de Laguna Moscoso, regidor perpetuo, teniente coronel de caballería y comandante del Escuadrón de Carabineros Reales de la Reina María Luisa; Manuel de Losada, regidor, coronel de infantería y gobernador del fuerte de San Cristóbal; Ignacio Payno, apoderado de Manuel Godoy y segundo comandante de las Milicias Urbanas Provinciales. También muchos brigadieres, coroneles, oficiales y personas de la mayor distinción y de otros vecinos de la ciudad.

Debido al deterioro de estos documentos, no se han podido transcribir en su totalidad todas las condiciones que se le impusieron a Manuel Godoy como patrono y protector del convento. Una de ellas, era que debía donar anualmente 300 ducados. 200 ducados serían para el convento y los otros 100 para la enfermería, con la obligación de pagarlos también por sus descendientes. Además de esta limosna anual, debería hacerse cargo de cualquier daño que le ocurriera a la fábrica de la iglesia y del resto del convento. Igualmente, se menciona en 1796 que se colocaría su escudo de armas sobre la fachada de la puerta principal, como hoy está colocado. Otro importante dato que se cita en estos documentos era que, si «falleciese en esta ciudad, o cualquier otro patrono, los han de llevar a hombros los religiosos desde la casa mortuoria hasta la iglesia del convento, sin túmulo, haciendo lo propio con los hijos primogénitos. Y lo mismo con las señoras patronas».

Desterrado

Manuel Godoy fue desterrado, permaneció cuarenta y tres años en el exilio, hasta su muerte en París en 1851. Nunca pudo volver a Badajoz y sus restos mortales se encuentran en el cementerio de Père Lachaise de París. De nada han servido, hasta ahora, las gestiones de las autoridades locales para traer sus restos a Badajoz.

En la escritura también consta que Manuel Godoy había donado varias limosnas al convento, «movido de la devoción que tiene a nuestro seráfico padre san Francisco y especialmente a nuestro convento de San Gabriel». También se colocarían una lápida en el suelo de su capilla. Su escudo de armas está picado y se intentó borrar por las revueltas populares tras el Motín de Aranjuez (Madrid) del 18 de marzo de 1808. Se cree que se desencadenó debido a varias causas. Entre ellas, las consecuencias de la derrota en la Batalla de Trafalgar, el descontento de la envidiosa nobleza por su rápida ascensión, la impaciencia de Fernando VII por reinar, el temor de la Iglesia a nuevas medidas desamortizadoras. También por los rumores de sus supuestas relaciones amorosas con la reina María Luisa de Parma. Se corrió la voz de que los reyes iban a dirigirse a Sevilla para partir al exilio a México. El pueblo lo atribuyó a los influjos de Manuel Godoy y pidió su cabeza. El rey Carlos IV, temeroso de su propia vida si la plebe se descontrolaba, despojó a Manuel Godoy de todos sus poderes, entre ellos el de generalísimo y almirante. Cuando Manuel Godoy fue encontrado en su casa, la noticia corrió como la pólvora entre la plebe, que se armó de nuevo y, descontrolada, marchó sobre su casa para lincharle, hiriéndole y quedando preso en el cuartel de las Guardias de Corps.

Manuel Godoy también fue patrono del desaparecido convento de San Onofre ya en 1807. Este convento de monjas jerónimas dio nombre en los siglos XVI y XVII a la actual calle Menacho, antes llamada del Pozo, del Santo Nuflo o San Onofre. Estaba separado por el convento de las Descalzas por una estrecha calleja. Desapareció en el siglo XIX tras ser desamortizado y dividido en varias partes para familias adineradas de la ciudad, siendo sede del Gobierno Civil en 1856. El convento figuraba en una reclamación de tierras de la desaparecida Cofradía de Nuestra Señora de Belén «del que es patrono el excelentísimo señor Príncipe de la Paz». El hecho de que también fuese nombrado patrono, a partir de 1796, puede ser debido a que era sobrino de sor Francisca de Godoy, que era su abadesa.

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