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Media docena de siniestros en 5 meses

Vecinos de la carretera de Sevilla en Badajoz urgen que se refuerce la seguridad vial durante las obras

Alertan del riesgo de accidentes y exigen que se mejoren la señalización, la iluminación y medidas para que los vehículos reduzcan la velocidad, que está limitada a 30 kilómetros hora, pero se sobrepasa con creces

Vídeo | Vecinos de la Carretera de Sevilla alertan del riesgo de accidentes

Santi García

Belén Castaño Chaparro

Belén Castaño Chaparro

Badajoz

El desdoblamiento de la carretera de Sevilla se ha convertido en un problema para la veintena de familias que residen en el paraje de San Gabriel. Asumen sin quejarse las molestias que conllevan unas obras de esta envergadura -ruidos, polvo, barro...-, pero no el riesgo de que algún coche se los lleve por delante o se empotre contra sus viviendas o coches, como ya ha ocurrido. Por eso, los afectados reclaman que se refuercen las medidas de seguridad en este tramo - entre el kilómetro 1,5 y el 2- para evitar tener que lamentar alguna desgracia.

Ya han trasladado su demanda a la empresa que está ejecutando las obras, pero los encargados les aseguran que cumplen con la normativa que marca la ley. Para ellos no es suficiente, porque «que sea legal no quiere decir que sea seguro». Cuentan que a diario presencian cómo los coches circulan a una velocidad excesiva -pese a que está limitada a 30 kilómetros por hora- y cómo las líneas blancas antiguas y las amarillas por las obras sobre la calzada generan confusión entre los conductores, que se llevan los conos y balizas por delante con frecuencia. «Pasan a 70, 80 y 100 kilómetros por hora», denuncian.

Y por si fuera poco, el peligro aumenta al caer el sol, pues la zona se queda a oscuras casi por completo. «Han puesto focos solares, que no alumbran nada y que en días de lluvia como ahora apenas se recargan. Es ridículo y de chiste», explica José Luis Sanjuán.

Las obras obligan a que los vecinos tengan que caminar por la calzada para evitar el barro.

Las obras obligan a que los vecinos tengan que caminar por la calzada para evitar el barro. / S. GARCÍA

Desde que se iniciaron los trabajos hace unos 5 meses, los vecinos han contabilizado más de media docena de accidentes, dos de ellos graves. En el último, un turismo se empotró contra el coche de José Manuel Macías tras «volar» más de 30 metros. «Porque mi mujer estaba detrás, sino la mata», relata este vecino.

Los accesos a sus casas se reducen a una pequeña rampa y para entrar tienen que reducir la velocidad, con el temor de ser embestidos por otros conductores, pues la estrechez de la vía deja poco margen de maniobra. Los vecinos del tramo de viviendas de la derecha en dirección a Sevilla son los más afectados, pues en la parte izquierda hay más terreno entre la carretera y las casas. Algunos dejan sus vehículos aparcados en esta zona, pero también cruzar la carretera supone un peligro.

A oscuras

Y no tienen más remedio que hacerlo para depositar la basura, porque los contenedores se han colocado a casi un kilómetro de sus casas, en la parte izquierda en dirección a Sevilla, un recorrido que tienen que realizar pisando barro y a oscuras. «Hay que sortear todo tipo de obstáculos y encima de noche».

Los afectados exigen que se mejoren la señalización, la iluminación y que se instalen medidas para reducir la velocidad, como resaltos, y más controles de la Guardia Civil. Además, piden que se habilite un paso de peatones provisional para poder cruzar la carretera con garantías y, si como les han dicho no se puede porque se trata de una vía nacional, al menos, se coloquen señales luminosas para que las obras no pillen desprevenidos a muchos conductores. «El que pasa a menudo por aquí saben cómo está, pero el que viene por primera vez, se las encuentra encima».

«Racaneo»

«Con el dinero que vale esta obra están racaneando bastante con la seguridad», se quejan los vecinos. «Ya les he dicho que si hasta que no haya una muerte no van a hacer nada», dice José Manuel Macías. «De hecho, creemos que ya la ha habido, porque nos han dicho que el hombre mayor que tuvo el primer accidente, falleció después».

«Somos cuatro enanos contra un gigante. Ellos (por los responsables de la obra) dicen que cumplen las medidas y no se quieren gastar un duro más», dice Macías con resignación.

«Somos cuatro enanos contra un gigante. Ellos (por los responsables de la obra) dicen que cumplen las medidas y no se quieren gastar un duro más»

José Manuel Macías

— Vecino

Los vecinos del paraje de San Gabriel recuerdan que no se trata de una obra de unos pocos días, sino que «va para largo», por lo que insisten en la necesidad de que se atiendan sus demandas, «porque las molestias por las obras no se pueden evitar, pero los accidentes sí son evitables», defienden.

El plazo que le han dado es que este tramo estará terminado el próximo mes de abril, pero no creen que sea posible que haya terminado en esta fecha. «Si hay dos máquinas y cuatro tíos trabajando... y desde que empezó a llover no han vuelto los operarios», asegura José Manuel. Este lunes no había nadie trabajando en esta parte de la N-432.

Poste de la luz caído

Los vecinos también advierten de otros riesgos colaterales de las obras. Hace dos semanas, se derribó un poste de la luz sobre la calzada y se produjo una explosión. Afortunadamente, no hubo que lamentar daños personales, pero los cuadros eléctricos y cables llevan tirados junto a una de las viviendas desde entonces.

José Luis Sanjuán muestra los cuadros eléctricos y cables, junto a su casa.

José Luis Sanjuán muestra los cuadros eléctricos y cables, junto a su casa. / S. GARCÍA

Sus propietarios, Verónica Domínguez y José Luis Sanjuán, han alertado a Endesa por el riesgo en varias ocasiones, pero, según lamentan, lo único que han conseguido es que pongan una malla de plástico alrededor con una señal de peligro, «que han atado a mi buzón», se queja la vecina. «Es una chapuza».

Además de los vecinos, hay negocios de la carretera de Sevilla que están preocupados por los efectos de las obras. Es el caso de Clara María Díaz, del vivero Botani, que teme que muchos clientes puedan pensar que no están abiertos. «Tanto nosotros, como Saneba, desguaces Brú...todos seguimos funcionando», insiste.

Clara María Díaz, propietaria de Botani, en la puerta de su negocio en la carretera de Sevilla.

Clara María Díaz, propietaria de Botani, en la puerta de su negocio en la carretera de Sevilla. / S. GARCÍA

De momento, su actividad no se ha visto mermada, pero de cara a la primavera, «que es temporada alta», le inquieta que pueda verse afectada. Además de la velocidad y la mala señalaización, Díaz considera que el mayor problema de seguridad por obras está por las noches: «De repente, te metes en una carretera muy pequeña y sin iluminación; tenían que poner unos focos potentes para que sea vea que esos carriles se van estrechando», reclama.

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