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Tusitala, el narrador de historias

Fernando de las Heras: "La poesía nos libera de la autoexplotación"

"Para atraer a más gente debemos seguir explicando que levantar la mirada y contemplar hace tanto bien como ir al gimnasio"

Fernando de Las Heras.

Fernando de Las Heras. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

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Agustín Lozano de la Cruz

Agustín Lozano de la Cruz

Badajoz

Hoy en el rincón de Tusitala, el narrador de historias, entrevistamos a uno de los coordinadores del Aula Literaria Díez-Canedo, Fernando de las Heras, poeta y vicepresidente de la AEEX (Asociación de Escritores y Escritoras de Extremadura). Desde principios de los noventa se celebran en Badajoz estos encuentros con la poesía, manteniendo el impulso inicial del profesor y poeta Ángel Campos Pámpano. Para mí, que fui su alumno en bachillerato y tuve ocasión de asistir a alguna de las primeras convocatorias del Aula con el asombro propio de la juventud, es un regalo que esta iniciativa cultural siga viva y continúe llevando la palabra poética a nuestra ciudad.

-El Aula Literaria Díez-Canedo desarrolla sus encuentros con poetas desde 1992, una trayectoria tan larga que probablemente sea la cita cultural que lleva más tiempo celebrándose en Badajoz. ¿Qué destacarías de esta trayectoria y cómo ves su futuro?

-Desde la apuesta inicial de Ángel Campos por traer a las y los mejores poetas españoles y portugueses, la nómina de autores del Aula (180) es un tesoro difícilmente igualable en el resto del país. Gracias al esfuerzo de todos los coordinadores y de la AEEX ha sido posible mantener esta cita cultural tantos años. Ese es su logro. Mientras haya apoyo institucional, la Díez-Canedo seguirá ofreciendo la mejor literatura a Badajoz.

-El Aula se caracteriza por realizar con cada poeta un encuentro con el público en general y otro con estudiantes de secundaria. ¿Cómo recibe el alumnado la poesía y a sus autores?

-Captar la atención de doscientos estudiantes es todo un desafío. La poesía no está en sus días. Pero nuestra intención siempre fue descolocarlos con el cómo y con el por qué. Que miren durante una hora desde la curiosidad, la pausa, el tiempo para ellos. Cuando lo hacen, hay preguntas y ganas de tirar de aquel hilo.

-Supongo que, como joven estudiante de la ciudad, tuviste ocasión de asistir al Aula en tus años de instituto, sin imaginar siquiera que, andando el tiempo, acabarías siendo uno de sus responsables. ¿Qué recuerdos guardas de aquella etapa del Aula Literaria?

-En aquellos años yo comenzaba a escribir poesía. A la fragilidad propia de la juventud se sumaba la incertidumbre de aquellos primeros pasos. Ir al Aula y escuchar a aquellos poetas fue un refuerzo y un estímulo. La confirmación de que me iniciaba en un camino apasionante. A las lecturas vienen chicas y chicos que están justo en ese momento vital.

-Después de más de 30 años de Aula Díez-Canedo no resulta fácil innovar en el diseño de los encuentros literarios. Sin embargo, y más allá del célebre cuaderno poético que se regala a los asistentes en cada encuentro, desde tu llegada a la dirección del Aula habéis conseguido incorporar música en directo y una proyección audiovisual para introducir al autor y su obra. ¿A qué se han debido estos cambios?

-La primera motivación ha sido conseguir conectar con los jóvenes. Traducirles. Si van a escuchar poesía y de repente suena música electrónica, ópera o ven un vídeo sorprendente, sus cuerpos se ponen en alerta. Se miran entre ellos, comentan. Salen del letargo. Por otro lado, quería enriquecer la experiencia del Aula en la lectura con adultos. Ahora tenemos estudiantes del Conservatorio Superior de Música, estudiantes de Imagen y Sonido del Moñino que graban las sesiones, los vídeos que preparo, etc. Elena González y yo estamos empeñados en acentuar el Aula, en reformular y seguir creciendo.

-Tiene Badajoz una característica muy propia de las ciudades medianas, y es que a las actividades culturales, como suele decirse, «siempre vamos la misma gente». Dicho de otra manera, parece que en Badajoz la única forma de ver caras nuevas es ir al Faro. ¿Ocurre también esto con el Aula, o es capaz de atraer nuevo público? ¿Consideras que mayor difusión y apoyo institucional podrían ayudar en este aspecto?

-Para atraer a más gente debemos seguir explicando que levantar la mirada y contemplar hace tanto bien como ir al gimnasio. O que en medio de la radicalidad de los cambios y de la velocidad de los mismos, el encuentro reflexivo en torno a la poesía se ofrece como un espacio de autocuidado que nos hará crecer. La poesía guarda, como decía el escritor italiano Nuccio Ordine, la utilidad de lo inútil. Su distancia de lo práctico nos libera de la autoexplotación. Debemos proteger y protegernos en los saberes humanísticos y eso corresponde también a unas instituciones que sepan darnos más visibilidad y colocar en el centro la emoción y el pensamiento crítico.

-Además de autores en lengua castellana, por el Aula suelen pasar poetas portugueses, como la próxima invitada, Andreia C. Faria, el martes 10 de febrero a las 19.30 en el Meiac. En la etapa más reciente del Aula, recuerdo un lleno total para escuchar a la periodista Pilar del Río recitar la poesía de su difunto y querido esposo, José Saramago, quien por cierto era un destacado defensor del iberismo. Y, bajo mi punto de vista, aquí en Badajoz nos vendría bien escuchar algo de poesía en otras lenguas peninsulares, como el catalán o el euskera, para acabar con determinados prejuicios. ¿Sirve la poesía para derribar fronteras, tanto geográficas como mentales?

-Hay una poesía que se escribe con los ojos cerrados y otra con los ojos abiertos, decía el poeta Charles Simic, y ambas amplían el círculo de lo que la realidad es. El poema rompe el discurso hegemónico de la verdad única e indivisible. Las preguntas que plantea no tienen que tener respuestas. Contradice esta tendencia actual en la que todos tenemos una opinión sobre todo, rápida y pobremente elaborada. La poesía mantiene un compromiso con el mundo y con el otro. Es una escuela de ciudadanía. Las puertas de su casa se abren hacia ambos lados de su casa.

Con estas palabras certeras dejamos a Fernando, para que pueda preparar con calma la inminente cita del Aula Díez-Canedo. Resulta inevitable acordarse de nuevo de su principal impulsor, Ángel Campos, quien terminaba a veces sus clases en el instituto con una frase tan inolvidable como llena de futuro. “Sed buenos”, nos decía, “con eso basta”.

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