Comba 2026
20 años desde que las pioneras de Las Nenukas rompieran el telón del Concurso de Murgas de Badajoz
Crystina Martínez ‘Gotchy’ fue una de ellas las pioneras y recuerda cómo fueron los inicios de la primera murga femenina del concurso, Las Nenukas

Crystina Martínez 'Gotchy' en el teatro López de Ayala el viernes tras actuar con La Castafiore. / Andrés Rodríguez

Veinte años después de que Las Nenukas pisaran por primera vez las tablas del teatro López de Ayala, el Concurso Oficial de Murgas de Badajoz (Comba) puede leerse también desde una perspectiva femenina. Aquella murga ya extinta fue la primera agrupación de mujeres en participar en el certamen y abrió un camino por el que después transitaron Las Chimixurris, Murguer Queen, La Galera, Las Sospechosas, La Castafiore, Las Polichinelas, Las Cachorras o 20 D’Copas. Las Nenukas estaba compuesta por un grupo de mujeres con muchas ganas de Carnaval y de romper el telón del López para la participación femenina.
Una de ellas fue Crystina Martínez ‘Gotchy’, murguera y pionera del carnaval pacense.
En el Carnaval desde los tres años
Su historia con el Carnaval de Badajoz viene de lejos: «Desde los tres años ya estaba metida en esto. Mi padre estaba en la murga de Guatinay y mi madre hacía los trajes, le ayudaba con las letrillas y cosía», recuerda. Después pasó por comparsa y, finalmente, en 2006 llegó el gran salto: «En 2006 aparecí yo en Las Nenukas, y hasta el día de hoy».

Crystina Martínez con la murga Guatinay. / La Crónica
Las Nenukas nacieron como un grupo de chicas muy jóvenes. «Éramos todas niñas, unas quince», explica. La idea surgió casi por casualidad: «Fue una chica, Pupe, que puso un anuncio en un foro. A mí me llamó Cristina, la hija de Eugenio, y allí me fui».
«Nos insultaron un poquito por los foros»
Aquella irrupción no fue sencilla. «Era, por aquellos entonces, un concurso de hombres. Nos insultaron un poquito por los foros, que si íbamos provocando, que si patatín, porque algunas murgas antiguas no querían que estuviésemos ahí», confiesa. Aun así, no se rindieron: «Nosotras seguimos». Y también tuvieron apoyos: «Había gente que nos animaba mucho, Marwan, Eugenio, Atiliano, Juan Pablo… y mi familia, que siempre ha sido carnavelera», rememora.
Del debut guarda una imagen imborrable: «Cuando se levantó el telón nos quedamos sin voz, de los nervios. Tenía la garganta seca y no me salía ni la voz». Eran tiempos distintos: «Había muchísimas murgas, íbamos todos los días al teatro, una entrada costaba tres euros y aquello se vivía a diario».
Gotchy cree que Las Nenukas marcaron un antes y un después: «Creo que gracias a nosotras nos vieron más gente y dijeron: ‘¿por qué no?’». A partir de ahí llegaron otras agrupaciones femeninas. «Vinieron Las Chimixurris en 2007, en 2008 Murguer Queen y La Galera, luego Las Sospechosas y ya después 20 D’Copas, Las Polichinelas, Las Cachorras…», enumera Gotchy. Para ella, la etiqueta de «murga femenina» no es lo importante: «Al final una murga es que quince personas canten, independientemente de que sean chicos o chicas», precisa. Aun así, reconoce que la presencia femenina sigue siendo minoritaria: «Antes por lo menos pasaban a la final, pero últimamente yo creo que ya ni nos escuchan», lamenta.

Murguer Queen, Las Chimixurris y La Castafiore, murgas femeninas en activo en el Comba 2026. / Andrés Rodríguez
La maternidad influye
La maternidad también influye: «Cuando somos madres es complicado. El concurso requiere mucho esfuerzo y lo primero es tu bebé y tu familia». Ensayar es un sacrificio: «Es muy bonito, pero se le echa mucho tiempo». Por eso defiende la conciliación como parte del futuro del carnaval: «Muchas veces las niñas vienen a los ensayos y, aunque interrumpen, preferimos eso a que se quite más gente».
Mirando hacia adelante, Gotchy imagina un relevo natural: «Vendrán chicas más jóvenes que nos cogerán el relevo, o cuando nuestras niñas sean grandes habrá que hacerles una murguita de cantera», comenta con ilusión. Aunque advierte: «Esto se ha profesionalizado mucho, hace falta dinero para trajes, escenografías y calidad musical; no es como antes, que te ponías un trapo y ya está».
Veinte años después de aquellas mariposas de Las Nenukas, la huella femenina en el Comba es ya parte de la historia reciente del Carnaval de Badajoz. «Me gustaría que se siguiera lo que yo un día empecé», resume Gotchy. Un legado que hoy continúa en La Castafiore y en todas aquellas murgas que, con nombre de mujer o no, demostraron que el carnaval también se canta en femenino.
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