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Historia de la ciudad

Del héroe Menacho a un embajador renacentista: las tumbas ilustres de la Catedral de Badajoz

Además de obispos, este templo pacense albergó durante siglos a nobles y ciudadanos con recursos, en la actualidad también existe la opción de sepultarse en el columbario

Tumbas de José María Alcaraz y Alenda, el General Menacho y la lauda de Lorenzo Suárez de Figueroa, todas en la Catedral de Badajoz.

Tumbas de José María Alcaraz y Alenda, el General Menacho y la lauda de Lorenzo Suárez de Figueroa, todas en la Catedral de Badajoz. / J. H.

Jonás Herrera

Jonás Herrera

Badajoz

Las catas arqueológicas iniciadas en la Catedral de San Juan Bautista de Badajoz para la construcción de cuatro nuevas tumbas de obispos, tal y como adelantó el diario La Crónica de Badajoz, no son un hecho aislado ni excepcional. Forman parte de una tradición que se remonta a la propia fundación del templo.

Así lo explica con claridad pedagógica Rocío Rollano, gerente e historiadora del Museo de la Catedral: "La catedral de Badajoz no es diferente a cualquier otra catedral. Sus habitantes se entierran en su lugar. En todas las catedrales, sus obispos pueden enterrarse en la última diócesis en la que han estado. Y nuestra catedral no es diferente".

Las nuevas tumbas proyectadas enlazan directamente con esa costumbre histórica. "Los obispos se entierran en su catedral desde tiempos inmemoriales", insiste. Y en el caso pacense, el listado es amplio y relevante.

Obispos que marcaron la ciudad

Entre los nombres propios que reposan en el templo figuran Marín de Rodezno, Minayo o Alcaraz y Alenda. "Hay enterrados obispos de gran relevancia que forman parte de la historia local y alguno de la historia universal", subraya Rollano.

En el caso de Minayo, su legado trasciende lo religioso. "Fue una persona que se desvivió por la caridad y por los más necesitados, por los niños expósitos". La historiadora explica que fue el responsable de la construcción del Hospital Provincial y trabajó mucho en la educación de los más necesitados: "Esos niños necesitados gracias a Minayo tuvieron una vida que a lo mejor no hubiesen tenid. Él descansa aquí porque fue su última diócesis y decidió enterrarse aquí".

También destaca la memoria viva en torno a Alcaraz y Alenda: "Sigue habiendo familiares suyos que vienen a Badajoz y piden entrar para rezarle. Esto también es un lujo". Aunque reconoce que no solo se queda en su familia, ya que hay muchos pacenses que recuerdan con mucho cariño el legado de este obispo.

Sepultura del obispo José María Alcaraz y Alenda en la capilla de la Magdalena de la Catedral de Badajoz.

Sepultura del obispo José María Alcaraz y Alenda en la capilla de la Magdalena de la Catedral de Badajoz. / J. H.

Cuando el suelo estaba lleno de laudas

Pero no siempre fueron solo los obispos quienes descansaron en el suelo de la Catedral de Badajoz. Durante siglos, el templo fue también lugar de enterramiento para nobles y ciudadanos con recursos. "Hubo un tiempo en el que había posibilidad de enterrarse aquí los nobles, la gente que tuviese posibilidades económicas para poder hacerlo en el suelo de la catedral", explica Rollano.

El cambio llegó por razones sanitarias y de accesibilidad. "En un momento de la historia se considera que a nivel higiénico no es bueno que haya enterramientos. Se retiran y se meten los huesos en criptas". Fue el obispo Marín de Rodezno quien ordenó levantar las laudas del pavimento y reubicarlas en espacios como el claustro o la capilla del Sagrario aludiendo también a los tropiezos que provocaban al estar a lo largo de la nave central del templo.

Lápidas ubicadas en el claustro de la Catedral de Badajoz que originalmente se encontraban en la nave central del templo.

Lápidas ubicadas en el claustro de la Catedral de Badajoz que originalmente se encontraban en la nave central del templo. / J. H.

Hoy, la tradición continúa adaptada al presente. "No solamente son los obispos o los canónigos quienes pueden enterrarse aquí. Antes lo podía hacer cualquier persona y hoy en día se dispone de los columbarios en donde también pueden enterrarse".

Menacho, el héroe entre los muros del templo

La Catedral pacense también alberga a una figura clave en la historia de la ciudad: el general Rafael Menacho. Su monumento funerario en mármol blanco, con busto, cruz y leones, preside uno de las crujías del claustro. "Es un orgullo para nuestra catedral tener aquí un personaje tan importante para la historia de Badajoz".

Durante años, incluso se celebraron homenajes militares ante su tumba. "Aquí ha habido homenajes a Menacho", apunta.

Tumba en la que descansan los restos del general Rafael Menacho en el claustro de la Catedral de Badajoz.

Tumba en la que descansan los restos del general Rafael Menacho en el claustro de la Catedral de Badajoz. / J. H.

La joya renacentista que habría colas para verla

Si hay una pieza que concentra la admiración de historiadores y visitantes es la lauda de Lorenzo Suárez de Figueroa, atribuida a Alessandro Leopardi y datada en torno a 1480.

Lauda a Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador de los Reyes Católicos en Venecia y Roma.

Lauda a Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador de los Reyes Católicos en Venecia y Roma. / J. H.

"Si esta lauda estuviera en cualquier otro museo, habría colas para verla", afirma tajante la gerente del museo. La pieza representa al embajador de los Reyes Católicos de pie, espada en mano, vestido a la moda renacentista. "Mirándola te habla y te dice. Incluso en el tobillo está representada la gota, la enfermedad de la que murió".

La obra llegó desde Italia para presidir su capilla funeraria, pero su cuerpo nunca fue depositado en ella. "Cuando se abrió la tumba, ni estaba él ni estaba su mujer", explica Rollano. Aun así, la pieza convierte a la Catedral de Badajoz en un enclave excepcional del primer Renacimiento en España. "Cuando el Renacimiento estaba naciendo en Italia, Badajoz ya contaba con esta pieza. Eso no lo puede decir cualquiera".

Un paso más en una historia que continúa

Las actuales catas arqueológicas para habilitar nuevas tumbas episcopales se insertan, por tanto, en una secuencia histórica coherente. "Es un paso más en la historia funeraria de la catedral como de todas las catedrales del mundo", resume Rocío Rollano.

La Catedral de Badajoz no es solo un templo. Es archivo, museo y panteón histórico. "Aquí puedes venir a hacer un repaso de la historia desde el siglo XIII hasta el siglo XXI", concluye la historiadora.

Bajo sus losas, Badajoz guarda buena parte de su memoria. Y esa historia, lejos de cerrarse, sigue escribiéndose.

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