Historias del Carnaval
Marta conoce el Carnaval de su madre: "Se me han saltado las lágrimas al ver a mi hija disfrutar del Carnaval de Badajoz"
Tras once años viviendo en Nueva York, Marhya Hurtado transmite "su fiesta" a su hija

Marta en brazos de su madre Marhya Hurtado en el teatro López de Ayala en la Gran Final del Comba 2026. / La Crónica

El Carnaval de Badajoz tiene algo que no entiende de kilómetros. Ni de océanos. Ni de husos horarios. Lo sabe bien Marhya Hurtado, pacense de nacimiento y neoyorquina de adopción desde hace más de una década. Durante once años no había podido vivir en directo su fiesta favorita. Este 2026 lo ha hecho de la mano de su hija Marta, de tres años, que hasta ahora solo conocía el Carnaval por vídeos y retransmisiones en streaming.
"Llevo más de diez años viviendo en Nueva York y desde hace once no venía al Carnaval", cuenta emocionada. "Lo he seguido siempre por streaming, ponía las murgas en casa, el desfile, todo… pero no es lo mismo".
Marta, nacida en Estados Unidos, había crecido escuchando hablar del Carnaval de Badajoz como si fuese casi un cuento. "Yo le hablaba muchísimo de mi Carnaval, le enseñaba fotos, vídeos, le explicaba lo que era una murga, lo que era un artefacto… pero claro, hasta que no lo vives en la calle no sabes lo que es", cuenta Hurtado.
De Nueva York a San Francisco de Badajoz
La escena se repite estos días en el centro de Badajoz: confeti, disfraces, música y familias enteras disfrutando de una fiesta declarada de Interés Turístico Internacional. Para Marhya, regresar ha sido cerrar un círculo: "Cuando he visto a Marta en el desfile, con los ojos abiertos como platos, señalando las carrozas, se me han saltado las lágrimas".
La pequeña ya había visto el gran desfile desde la pantalla. "En Nueva York lo veíamos a horas rarísimas por el cambio horario, pero lo veíamos. Ella reconocía canciones, decía ‘mamá, esa es la murga’". Sin embargo, nada se compara con sentir el ambiente en primera persona. "Aquí es ruido, es gente, es alegría, es estar apretados en la calle. Eso no te lo da una pantalla".
"Quería que supiera de dónde viene su madre"
Para Marhya, el viaje no era solo una visita familiar. Era una declaración de identidad. "Quería que mi hija supiera de dónde viene su madre. Que entendiera lo que significa el Carnaval de Badajoz para nosotros".
Y lo ha entendido rápido. "El primer día ya no se quería quitar el disfraz. Me decía ‘mamá, más carnaval’. Eso para mí es todo".
Después de once años sin pisar estas fechas en su ciudad, reconoce que ha notado cambios, pero mantiene intacta la esencia. "Ha crecido muchísimo, lo veo más grande, más organizado, con más repercusión fuera. Pero sigue teniendo lo mismo: esa cercanía, esa calle, esa murga cantando sin micro al final del escenario".

Marta y Marhya, en el centro, junto a familiares y amigos en el Carnaval de Badajoz. / La Crónica
Las murgas, el corazón que nunca falla
Desde Nueva York, Marhya no se perdía el Concurso Oficial de Murgas. "Yo me quedaba hasta las tantas viéndolo en directo. Allí eran horas imposibles, pero lo hacía". Marta, aún bebé, escuchaba coplas como si fueran nanas. "Se dormía con las murgas", recuerda entre risas.
Este año, verlas en el López de Ayala y después en la calle ha sido especial. "Escuchar las voces en directo, sentir el público, ver cómo la gente se sabe las letras… eso es algo que fuera no se puede explicar".

Marta y Marhya, en el centro, con sus familiares en el Carnaval de Badajoz. / La Crónica
Un Carnaval que traspasa fronteras
Marhya asegura que en Nueva York siempre habla del Carnaval de Badajoz. "Cuando digo que soy de Badajoz, siempre acabo hablando del Carnaval. Enseño vídeos, fotos, cuento lo del desfile, las comparsas, las murgas… y la gente alucina".
Ahora, con Marta, siente que la tradición continúa. "No sé dónde vivirá mi hija cuando sea mayor, pero quiero que recuerde esto. Que recuerde que vino a Badajoz y que su madre lloraba de emoción en el desfile", dice con la voz entrecortada
"El Carnaval no se pierde, se lleva dentro"
El regreso ha sido intenso, pero breve: "Me ha dado mucha pena irme otra vez, pero me he vuelto con el corazón lleno", reconoce.
La experiencia, dice, ha reforzado algo que siempre tuvo claro. "El Carnaval no se pierde por estar lejos. Se lleva dentro. Pero vivirlo en la calle, con tu hija, eso no tiene precio". Este es uno de sus sueños cumplidos, aunque reconoce que tiene uno que no ha logrado aún: "Tener un gorro de comparsa". Por ello, hace un llamamiento para que cualquier comparsero que vaya a deshacerse del suyo se lo ofrezca.
Once años después, el Carnaval le ha devuelto algo más que una fiesta: le ha regalado un recuerdo imborrable a Marhya junto a su hija. Y eso, como dice ella, "no hay streaming que lo iguale".
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